Reunión 
de 
Pastores
Publicado el 4 de marzo de 2000 en Informaciones Ronda

 
 
Sueño electoral
Ahora que estamos en plena campaña electoral, me gustaría reivindicar los méritos de una generación de la que es heredera la actual situación de paz democrática que afortunadamente disfrutamos. Podríamos llamarla la generación de la Transición, así, con mayúsculas, porque aunque ha sido muy estudiada y elogiada, incluso copiada en otros países, parece que se olvidan un poco a veces los merecimientos de una época y una etapa generacional de la que somos en gran parte herederos. Lo que ocurrió entre 1975 y 1982 marcó en gran parte nuestras vidas y la de nuestros hijos, que hoy día se aprestan a coger el relevo en tareas de responsabilidad y gobierno.
Pero lo que ocurrió entonces no fue el fruto de la improvisación, ni surgió espontáneamente de las inteligencias de unos pocos ni de los sentires colectivos de la sociedad civil, sino que había estado gestándose, larvándose durante mucho tiempo, en que bajo la bota ominosa para unos, suave para otros, del nacionalcatolicismo, las juventudes de aquellos años, sobre todo y en progresión geométrica desde finales de los sesenta, fueron sentando las bases de un renacer democrático, que si bien pareció coger de improviso a los dirigentes de la época, fue perfectamente encauzado y entendido por las gentes, tanto de la derecha moderada heredera del franquismo, como por el centro y las izquierdas democráticos. Hasta el punto que sirvió de proceso modélico para otros países que habían vivido bajo dictaduras de uno u otro signo, pero desgraciadamente con desigual resultado y posiblemente en forma no tan exitosa como en el nuestro.
En este sentido, podemos sentirnos legítimamente orgullosos de haber inventado el espíritu de la Transición, invento nuestro, de una sociedad por la que históricamente nadie daba un duro, habida cuenta nuestra singular trayectoria de guerras civiles, rebeliones, asonadas, golpes de estado y demás desórdenes como poblaron los últimos siglos de nuestra existencia colectiva.
Así pues, podemos congratularnos de que nuestra realidad actual sea la de una sociedad madura, tolerante, en la que el hermano saluda al hermano, sea cual sea su ideología o su pensamiento político. Al final, afortunadamente, todos los partidos y formaciones se asemejan más a equipos de una peculiar liga, en lo que lo importante es meter goles, cada uno con sus tácticas, sus entrenadores y sus respectivos fichajes estrella o sus peones de briega de labor callada y efectiva. Los goles a marcar son para todos, la libertad, el bienestar y la justicia social. Cada uno a su manera, sin excluir al otro, porque, como ya está más que demostrado, nadie se encuentra en posesión de la verdad absoluta, y todos pueden aportar algo, una idea, una iniciativa, un empuje nuevo para conseguir una sociedad mejor y más justa. En este sentido, es hasta gracioso ver como todos se pelean por apropiarse de los términos “progreso” y “centro”. Todos buscan, en definitiva, huir de los extremos, de los dogmas, y basar sus políticas en la crítica racional de los problemas y la búsqueda de soluciones sensatas y posibles.
Claro que en este idílico panorama también progresan los inútiles, los cínicos, los oportunistas, y los corruptos sin escrúpulos que luego tanto nos cuestan a los demás con su incompetencia y su falta de vergüenza. Pero, como dijo el que lo dijo, la democracia es el menos malo de los sistemas posibles, y además, para eso estamos los votantes, para ejercer de forma efectiva la soberanía y el poder populares y para permanecer luego vigilantes y denunciar cuantas desviaciones de poder se puedan producir. 
Perdonen, pero todo ha sido un sueño.
 

© Alfonso López Domínguez