Reunión 
de 
Pastores
Publicado el 19 de febrero de 2000 en Informaciones Ronda

 
 
Juegos de palabras
En primer lugar, pedir disculpas por la foto, problema de difícil arreglo que se intentará solucionar próximamente. Luego, y para el caso de durar  más de un número, otra breve explicación sobre el título genérico de esta colaboración. No se trata de un chascarrillo o del recurso fácil a una frase manida, sino de la convicción cada vez más honda y profunda de que algo ocurre en esta sociedad que poco a poco nos estamos cepillando, para que se convoquen cada vez más reuniones de pastores y cada vez haya más ovejas muertas (en sentido figurado, claro), de asco, aburrimiento y desánimo ante tanta frustración como producen la incompetencia y abulia de quienes tienen en su mano el arreglo de las cosas. En este bucólico y pastoril sentido es en el que debe entenderse el referido título.
Así ocurre en esta etapa precarnavalesca y preelectoral  (no es lo mismo, el carnaval es una cosa muy seria), que actualmente nos encontramos disfrutando, en la que ciertas mentes preclaras han decidido que pactar es lo mejor para poder celebrar  el nuevo milenio del mono frito con patatas, y pues nada, que dale que te pego al voto útil, al mitin  sucesivo y redundante, y cómo no, gran novedad, al tan esperado y ansiado debate a tres. 
Si fuéramos conscientes de la inmensa riqueza de nuestro vocabulario (vaya, hombre, somos ricos en algo), podríamos haber llegado a la conclusión de que Almunia es un vocablo aljamiado, reciamente castizo, cuya raíz etimológica en arábigo significa, pues eso, huerto, granja. Y entonces podríamos añadir con toda propiedad que de este Almunia, es decir, de este huerto sin flores,  han provenido estos Frutos, tardíos, pero maduros y amargos para unos y exquisitos para otros, quizá para frugal deleite de mentes ilusionadas que aún aspiran a disfrutar de su propia visión del paraíso.
Véase qué juego de palabras, que rizar el rizo del dominio idiomático. Pero es más. Yendo a  nuestras cercanías y vecindades, podríamos aducir, ya en romance actual, que por ejemplo don Centeno se ha Cebado con el tema de la presa del Genal. Obsérvese qué imagen más cerealista, más de tierra de pan llevar,  más del Chantre y los Villalones, y a que antinómica y autonómica lejanía se encuentra de los umbríos bosques de riparia vegetación que adornan  los frondosos valles de Genalguacil.
Empero, todavía hay que recorrer con humildad tanto camino como nos falta para llegar a la espontaneidad en el empleo de vocablos  tales como “mamporrero”, con esa contundencia, ese  sutil y delicado sentido enunciativo con que se utiliza por boca de un ecuánime y letrado munícipe local. Qué bonito, qué bochornoso, qué agradable en definitiva. Y por último, expresión recogida de una intervención docta y mesurada, como todas las suyas, tomada de un medio informativo local: la de “jeta política”.  Qué belleza, qué dominio conceptual. En tal sentido, válgame puntualizar dos cuestiones. Primera, ya en otra ocasión hablaremos de eso de ponerle el adjetivo “político” a cualquier cosa. Segunda, y para terminar esta reunión, según el diccionario, “jeta” puede significar lo mismo cara humana, que hocico de cerdo, que grifo de una cañería. Hombre, Antonio, por favor... ¡ea, se levanta la reunión, que hoy juega mi Atleti!. 
 
 

© Alfonso López Domínguez