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Reunión
de Pastores |
| Publicado el 25 de marzo de 2000 en Informaciones Ronda |
| Educación
irresponsable
En esta misma semana, una profesora de Secundaria del Instituto Pérez de Guzmán de Ronda tuvo que denunciar a la policía haber sido agredida por uno de sus alumnos de primer curso, de 12 años de edad. A qué extremos hemos llegado para que ocurran estas cosas. Aparte de las acciones que han emprendido los profesores de distintos Centros para resolver esta situación, hay que hacer salvedad de que en ningún caso procede el linchamiento moral de nadie, y menos de un menor, ni tampoco establecer paralelismos de ninguna clase. Pero quizá sea el momento de reflexionar acerca de la forma de educar que se emplea actualmente. Porque la evidencia demuestra algunas cosas, y no sólo en los Colegios o Institutos. También en la calle, en la vecindad, el bloque o la urbanización. Se generaliza peligrosamente la condescendencia y permisividad ante los continuos y variados actos de gamberrismo que llevan a cabo algunos zagales/zagalas en la más absoluta impunidad. Ya sabemos que no son todos, y que por lo general tenemos unos niños y adolescentes estupendos, magníficos y muy bien criados y educados en todos los aspectos. Ni hablo de gente marginal o con dificultades, sino de muchachitos/as de estas “buenas familias” nacidas y desarrolladas en el seno de la anterior cultura del pelotazo y la ética del todo vale. Pues serán unos pocos los mal educados, pero les cunde bastante. La actitud más odiosa de estos mequetrefes es la constante falta de respeto hacia los adultos. No hay nada más feo que la mirada insolente y provocadora de un mocoso/mocosa de éstos cuando es sorprendido in fraganti cometiendo alguna tropelía. Luego está el absoluto desprecio por la propiedad ajena, pero no porque conozcan algún grado de necesidad material en el seno de sus familias, sino precisamente porque al tenerlo todo y de todo, no dan importancia al valor de las cosas. El perfil de estos pequeños delincuentes se ve completado con la figura necesaria e indispensable de un padre ausente o peor que eso, despreocupado en absoluto de los hijos. Lo cual, unido a la descarada complicidad de algunas madres, dan como resultado la falta o ausencia de razón con que actúan estas conciencias en formación que son en el fondo las primeras víctimas de la educación que reciben. En ningún caso se puede dar la razón a un niño que sistemáticamente falta el respeto a los mayores, que causa destrozos en lo ajeno, que no cumple las más elementales normas de higiene pública. Cuando no se reprenden estas actitudes antisociales por parte de esos padres negligentes, se está abriendo el camino para que se produzcan hechos lamentables y de difícil reparación. Hay que enseñar a los nenes que hay un límite. Esto ocurre cuando no sólo se consiente, sino que se defiende y justifica, por acción u omisión, que los nenes y las nenas escalen tapias y allanen propiedades ajenas, que lleven el perrito a cagar en la puerta del vecino (cuando no son ellos mismos los que desahogan sus pequeños esfínteres), que salten cancelas y machaquen a balonazos los coches en la vía pública (cuando no rompen espejos y antenas), que pasen a la piscina colectiva sin siquiera ducharse, que circulen a gran velocidad con los vespinos y bicicletas por donde pasan otros chiquillos. Ojo que no hablo de jóvenes más mayorcitos, de los que conforman la movida nocturna y demás temas de litronas y drogas de diseño (eso viene más tarde), sino de niños o adolescentes de tan sólo unos 12 o 14 años o menos. Cuando se ha visto a una niñita de 4 años, de supuesta “buena familia”, abriendo un boquete en una tapia de ladrillo con un cincel más grande que ella, ante la mirada cómplice o complacida de su mamaíta, se puede pensar con estupor qué puede hacer esta tierna infanta con unos añitos más. Por tanto, me temo que la culpa nunca es de los niños, sino de estos padres negligentes y estas madres autocomplacientes, cuando no descaradas, con síndrome de gallina clueca, que mucho han de responder ante la sociedad de la educación que están dando a estos hijos. Por supuesto que son incapaces de darse cuenta, pero están causando un grave perjuicio a todos. |