Reunión 
de 
Pastores
Publicado el 26 de febrero de 2000 en Informaciones Ronda



 
DIA DE ANDALUCÍA
Un año más celebramos el Día de Andalucía, conmemorando que tal día como un 28 de febrero de 1980 se celebró un rocambolesco referéndum por el que nuestra tierra NO pasó el listón absurdo y demencial impuesto por Madrid para acceder a la autonomía a través del  Art. 151 de la  Constitución. Dicha consulta costó al erario público 459.048.550 Ptas de las de entonces. Tras no menos rocambolesco  proceso parlamentario, se volvió a convocar  otro Referéndum (que costó otros 485.817.300  de Ptas), con fecha 20-10-81, y que dio lugar a la Ley Orgánica 6/1981 por la que el Parlamento de Madrid nos dictaba el Estatuto de Autonomía que hoy día “disfrutamos”.
Este año podemos celebrar, además, que desde 1988 se nos regatee el censo y que hayan vuelto a solapar nuestras elecciones con las generales, no vaya a ser que nos creamos con algún derecho a tener proceso electoral propio. En  vista de todo ello, y no teniendo nada más que celebrar, algunos nos aferramos a la idea de una Andalucía moderna y vertebrada dentro de la ya vieja idea de estado federal que preconizaron nuestros antiguos, dejando a un lado, si es posible, el andalucismo reactivo, irredento y  de marcado tinte folclorista, cuando no oportunista, de los últimos tiempos.
Porque los nacionalistas andaluces son más bien poquitos, y además más buenos que un cachito de pan besado, y como almas en pena, caben en cualquier sitio. Hay que tener un poco de perspectiva histórica a la hora de analizar el tema de las ocasiones perdidas. Sin remontarse a las rebeliones del siglo XVI, ni llegar hasta Tartessos, a la Bética o a los reinos de Taifas, lo cierto es que el siglo XIX fue de un continuo y constante rebullir de la idea federalista en Andalucía. Curiosamente, es en este segundo tercio del XIX, cuando ciertos sectores de la incipiente pequeña burguesía urbana andaluza (liberales progresistas, lo que hoy se llamaría centro-derecha), son los que  abanderan  la reivindicación nacionalista, aunque por supuesto hay una componente social más amplia, federalista radical de izquierdas, que siempre se lleva la peor parte al organizar sucesivas rebeliones aplastadas también de forma sucesiva por el poder central por mano del ejército y la guardia civil. Así que nuestro proceso de toma de conciencia nacional ni fue pacífico ni incruento, sino que costó mucha sangre y sufrimiento a lo largo de ese convulso siglo.
 No se puede escribir un libro en una página, así que vamos a lo que vamos. Blas Infante, año 1913 en Ronda, Congreso Georgista. Nuestro padre de la patria andaluza, por entonces discípulo de Henry George, era un notario pequeño burgués de esmerada formación, de cuyo discurso en el Teatro Espinel extraigo estos párrafos: “Cuando la tierra sea libre, cuando los hombres sean libres, cuando no haya tiranos que estorben el esfuerzo y el reposo... entonces la Humanidad caminará sonriente por la senda de sus destinos gloriosos... A la obra de la redención de la hermosa cautiva, el espíritu hidalgo de la raza del Cid responderá con todos sus bríos, como respondió siempre á toda empresa caballerosa. Y esa raza, que representa en el equilibrio mundial el término necesario de un idealismo inquebrantable, no sé quién dijo: Son necesarios los Quijotes para que existan los Sanchos... Yo tengo fé absoluta en el rápido triunfo de nuestra doctrina en España... España renace ya. Por todas partes surgen en-tusiasmos ardientes, cálidas esperanzas y sanas energías. En España existe una juventud fervorosa que en su conciencia ha levantado un altar al espíritu de la raza y que aspira á reedificar, en el viejo solar ibérico, un pa-lacio digno de su colosal grandeza...”
 Como podemos ver, a Blas Infante, sin trampa ni cartón, se le llenaba la boca de los conceptos que aún hoy entonamos en nuestro himno. El ideólogo fisiócrata, como no puede ser menos, nos hace pedir tierra (valor supremo en aquella época) y libertad.” Cuando la tierra sea libre, cuando los hombres sean libres”. Pero a este gran hombre, honrado y bueno, asesinado  por unos cafres de los que hay en todas partes, también se le llenaba la boca de España, hablando en esta ocasión incluso sorpresivamente del “espíritu hidalgo de la raza del Cid” y del espíritu quijotesco de dicha raza. Luego siguieron los Centros Andaluces, la Asamblea de Ronda de 1918 y la Junta Liberalista de 1933. Pero siempre fue por Andalucía libre, España y la Humanidad. No se nos olvide.

© Alfonso López Domínguez
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