MOSQUITOS Y ZAPATEROS
© Alfonso López Domínguez
Hay muchas y muy jugosas noticias provenientes del continente, en estos días de ocre e insoportable calor peninsular, confirmándose el escaño número 24 para el PP, por lo que la célebre y autonombrada "victoria" psoera se convierte en empate técnico. Por otra parte, para acabar con la foto de las Azores, se confirma que uno de ellos, el señor Durao Barroso, va de presidente de Europa. Lo único que hace falta ya es que Portugal "nos" gane la Eurocopa. En el plano nacional, entretanto, la señora Narbona, antigua consejera andaluza, nos llenará de salmuera hasta las orejas, contaminándolo todo, cruel y ferozmente, con sus desangeladas y desabridas desaladoras.
Y por aquí, en nuestro tercer mundo particular, cuando llega la feroz canícula, y el termómetro roza o supera los 40 grados (qué más da, gradillo más o gradillo menos), entonces nos volvemos locos y buscamos ansiosamente el consuelo de un refrigerio que nos alivie de tanto sudor y tanto insomnio. La solución consumista consiste en instalar los cacharros de aire acondicionado, que provocan afecciones en vías respiratorias por mal uso, consumen energía contaminante, y largan a la recalentada calle toneladas de calorías generadas precisamente en ese consumo energético desaforado. Luego, interviene la mal nombrada Sevillana, y ya estamos jodidos del todo.
Hay que llamar a los arquitectos a que construyan casas habitables y adaptadas al clima, como hacían los antiguos sin tantísimos medios como tenemos hoy día. Llamar a los fabricantes a que diseñen y construyan sistemas de climatización menos contaminantes, y a los científicos para que estudien la manera de volver a la tecnología del botijo, pimporro o búcaro, y a la del gazpacho y la sopa fresca, sin perder por ello el tren del progreso.
Hablando de científicos, un grupo de ocho aguerridos y sedientos investigadores rondeños de las distintas ramas del árbol de las ciencias, más un cámara de televisión, más -cómo no- el amigo Manolo, en funciones multipropósito, tanto de cronista oficial como de conductor de la Transit, todos marcharon raudos y veloces (nunca mejor dicho), en busca de las fuentes del agua fétida y herrumbrosa que nace de las entrañas de una tierra mancillada y expoliada por las actividades mineras a lo largo de los siglos, tan sólo habitadas por zapateros, única alimañilla capaz de sobrevivir en un medio con PH (PP) tan elevado. No en vano hablamos de la Tharsis bíblica, en los sagrados lares del Tartessos originario, y de la industria del hierro que dio nombre a toda una Era.
Sedientos de saber y de óxido de hidrógeno, mayoría de abstemios adictos al ácido hidroxílico, consumidores de DHMO al borde del golpe de calor y la liofilización violenta, apenas aliviados luego en el solar de Ocaña, nuestros esforzados científicos descubrieron cómo el agua roja se transforma en inmáculo azul a instancias del tornasol, ley natural que también se aplica a la propia vida humana, viéndose a menudo cómo las personas, cuanto más maduras, tanto más experimentan en su espectrograma vital un serio, a veces grave, corrimiento hacia la derecha.
Bromas aparte, que se dan y se reciben porque somos un hatillo (que no hatajo) de fieles admiradores del famoso profesor Castro Salanova, es de esperar, en todo caso, el aluvión de publicaciones, estudios, informes, seminarios, tesis, ponencias, conclusiones y descubrimientos con los que este grupo de esforzados adalides de la ciencia empírica nos obsequiarán a los no menos esforzados contribuyentes que hemos financiado su viaje a costa del erario público. Porque, evidentemente, no ha sido un viaje turístico, paseo en tren incluido, o de fin de curso, ni un safari fotográfico (aunque los ingleses también estuvieron en Kenia), ni nos vamos a conformar con cuatro charlitas en la tele o la exposición de turno.
Tan sólo así se podrá justificar el encomiable empeño puesto por el delegado municipal de nuevas tecnologías en patrocinar y sufragar estas excursiones, y no sería bueno defraudar el interés político y ciudadano que han despertado. Es muy de agradecer tal ayuda por parte del señor Marín Lara, pero la única forma de que esto no se convierta en truco publicitario es correspondiendo con verdadero trabajo y auténtica enjundia científica a tan buen interés y tan buena disposición. He dicho.