SILENCIO... ADMINISTRATIVO, CLARO © Alfonso López Domínguez
No está resultando muy malote el mes de agosto, y lo que en otros lares se transmuta en ventiscas y tormentas (vaya verano inglés), por aquí se traduce en frescas mañanas y hermosas tardes de poniente fresquito a frescachón, gran recurso para los que hábilmente nos quitamos de la quema en este mes que fue dedicado antaño, con mucho gusto, a Octavio Augusto. Un pasito más, y ya estaremos de nuevo a las puertas del otoño, con todo el mundo en casita, para disfrutar de nuevos atascos en el cruce de la Merced o en el célebre semáforo, lugares en los que se dice que hubo una vez que se vio a un agente regulando el tráfico. A ver si alguien se hace cargo de la avenida de Málaga y acaba de una vez con esa pesadilla ondulante, no obstante rematada por la recién terminada y hermosísima Fontana Antonina Mariana.
Guardemos silencio, mientras comprobamos las propiedades estéticas y "auditivas" (sic) del Auditorio Blas Infante, o mientras nos matamos o evitamos que nos maten por estas calles sin pintar, ante el caótico y nefasto aspecto que sigue presentando el tráfico ciudadano, y parece ser que llegaremos a la Feria de Pedro Romero luciendo el habitual aspecto cutre y de abandono de unas calles bastante descuidadas. Si a esto añadimos la subida de precios en el sector turístico, ampliamente denunciadas por la Delegación de Turismo y por el presidente de APYMER, vaya panorama que nos estamos creando. Precisamente el PP quitó el IAE, y ya nos lo hemos comido. Esto no puede seguir así, tan imparable... por cierto: con tantas FIESTAS ¿quién lleva URBANISMO en este noble pueblo?
Vamos a tener que aplicar el silencio administrativo a la vida misma, a ver si así pasamos inadvertidos a la hora de pagar la hipoteca, o el seguro del coche, o la vuelta al colegio de los niños, o las contribuciones, o las entradas para la goyesca, o el camión todo terreno para incendios agrícolas. ¿Pero quién va a pagar todo eso, Dios mío de mi alma? Hombre, mal momento para hablar de estas cosas, a veinte de agosto, a la sombra del chiringuito, instalados en la vana esperanza de que las vacaciones no terminen nunca y el despertar no sea tan brusco, áspero y cruel. ¡Ah! todo el mundo no está por ahí, todo el mundo no veranea en MENORCA, y alguien tendrá que dar la voz de alarma.
En fin, que este sopor veraniego no da para más. Tal vez para repasar algunas lecturas antiguas, como esta inenarrable carta que me dirigió mi amigo Toti a través de un querido periódico local, allá un día 27 de abril de 2002, en la que textualmente me decía, entre otras cosas ininteligibles: "Después de esto, Caro Alfonso, quiero decirte una cosa con el corazón: te aprecio, me gusta tu forma de escribir... eres una persona muy interesante para Ronda y espero que el tiempo te haga concebir la idea de que existen políticos que piensan: antes morir que hincar la rodilla." La verdad es que, más de dos años después, sigo sin enterarme de casi nada. Guardaré silencio, me quedaré con los encendidos elogios, incluso me los seguiré creyendo; a fin de cuentas, tan sólo los niños y ¿quienes otros? dicen siempre la verdad.
Por cierto, también, hablando de esto y de aquello: por ahí, en algún lugar del vasto lago socialista, aplican el silencio administrativo (léase negligencia) y resuelven de golpe cinco mil expedientes de ciudadanos extranjeros con causas judiciales pendientes, algunas muy graves, autorizándolos a permanecer en territorio español, incluso indefinidamente. Papeles para todos... los delincuentes. Los responsables políticos de inmigración, ridículos inútiles que encima les echan las culpas a los otros, deberían darnos el parte diario de seres humanos muertos en pateras, para que sintieran al menos vergüenza y escarnio.
No hay que ir muy lejos para escuchar los gritos del silencio, de tantas víctimas, frente a la estúpida ignorancia o la repugnante indolencia de los que mandan hoy en nuestro país, y que algún día pagaremos todos con creces, inocentes y culpables.