DANDO EL CANTE © Alfonso López Domínguez
¿Por qué una niña rondeña tiene que ir los jueves a Jerez a practicar la doma clásica, cuando en Ronda parece ser que existe desde hace años un proyecto de escuela de equitación, al margen de la Maestranza, que yace empantanado en diretes burocráticos, a pesar de contar con el beneplácito del CEDER? Estas son las cosas que se le escapan a mi buen amigo Toti, que no se entera de que la escuela jerezana ha ganado una medalla de plata en las Olimpiadas de Atenas. Tres jinetes andaluces, saga de mayorales, con sus corceles de raza andaluza y lusitana, y la hija de un burgués catalán. Enhorabuena Beatriz, enhorabuena Rafael, Ignacio y Juan Antonio, y el oro para una holandesa montando a "Salinero".
Cuando baja el personal a la costa los fines de semana con la familia, las sombrillas, toallas, las mochilas llenas de refrescos (no como los asesinos, que las llenan de muerte para los inocentes), y pasan a través de las urbanizaciones privadas, con sus guardias de seguridad españoles, servidumbre asiática y labores de mantenimiento magrebíes, todo eso, ni molesta, ni produce envidia. Más duele que, mientras tanto, unos kilómetros al interior, aviones militares afectos a lo civil, pagados con lo público y consumiendo ríos de preciado combustible pagado con lo público, tengan que volver a extinguir maltrechos y descuidados montes, no se sabe de quien, pero que mantienen a mucho paseante (alguno de ellos, incluso veranea ya con los políticos), también con dinero público. Todo eso, lo pagamos nosotros, puede alguno pensar con orgullo, mientras mira las tumbonas vacías e inalcanzables, porque pertenecen al hotel, y son para sus huéspedes.
Ahora vienen todas esas señoras ministras, dando el cante la semana anterior, posando en portada y haciendo lo contrario de lo que supuestamente pregonan. Lo peor ha sido hacerlo de forma tan ostensible, con tan poco pudor, a la vista de todos. A menos que su pregón consista en quitar de la foto a las de siempre, para ponerse ellas en su lugar. Con todo, lo que están haciendo es crear una nueva clase social, de nuevas/os ricas/os enloquecidas/os de vanidad y de poder que ofenden a la razón y a la democracia (diferenciando el as y el os, como nos indica doña Aurora Melgar). Si dicen ser socialistas (y tan listas), que actúen como si lo fueran, no como lo que son. Nuevas ricas o pobres viejas, si el numerito lo hubieran montado damas del PP, cuántos ríos de tinta, hubieran corrido.
Siempre nos han presentado a los del PP como señoritos abotargados que tampoco se molestan mucho en lo que no sea el cuido de sus fortunas o negocios personales, familiares o de los entramados que de ellos surgen. Así va la cosa, que cuatro propagandistas mediocres nos los tienen acorralados, casi sin respuesta y sin resuello. Por otra parte, el bueno de Ilya Ehremburg sentiría vergüenza ajena de ver a estos malos discípulos de la intoxicación mediática echando la culpa de todo al PP. Como padres o profesores, alumnos o hermanos, siempre hemos despreciado al acusica mentiroso cuando saltaba con aquello de "¡ha sido ese, ha sido ese!". Bueno, pues la misma fiabilidad merecen estos del gobierno que tenemos ahora.
Hay que disfrutar la herencia dejada por los chicos de la gomina. Ríos de viscoso dinero negro han ido saliendo de todas las alcantarillas posibles para ponerles el techo a los jóvenes en el límite de lo imposible, porque ni con tres mil ni con treinta mil euros pueden acercarse las criaturas a una vivienda digna, pues lo que antes se solventaba con 70 ahora no se arregla con 140, así que habrán de esperar dos generaciones en casa de sus padres, que es lo que tardarán los sueldos en ponerse al nivel de los precios de la actual burbuja inmobiliaria que no cesa.
En fin, queridos nuevos ricos: lamento este discurso tan manido, pero más celebro no haber sido ungido del halo socialista allá cuando expropiabais el pan de mis paisanos, ni cuando vuestras guerras sucias, entre otros denunciadas por vuestro compañero de trepa, el ínclito Mario Conde, quien ahora purga por 20 años, con venganza y ensañamiento, el haberos afrentado.