Artículo aparecido el día 30 de abril de 2004

© Alfonso López 

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¿Qué plato es éste, señor? © Alfonso López Domínguez
Con esta expresión de asombro y terror, tan sólo comparable a la experimentada por los espectadores rondeños ante un pleno municipal televisado (con el alcalde auxiliar en su papel de "co-starring"), Catalinón, criado de don Juan, espeta al Comendador en la obra del sin par Tirso, conocida como el Burlador de Sevilla. Pues bien, esto no es nada para lo que habrá de preguntar Manolo cuando al final lo convide yo, si es que el Gobierno cumple su palabra, y el día 27 de mayo están aquí TODAS las tropas.
Porque triste es y amargo habrá de ser el premio por ganar una apuesta gracias a una decisión aciaga, contraria a la razón y a todo lo visto anteriormente, tan sólo explicable por sentimientos de anti americanismo exacerbado y por la extraordinaria precariedad de quienes actúan presionados por extremistas, irresponsables e infames. Así pues: "Este plato es de alacranes y víboras.¿Es bueno el vino, señor? Pruébalo.¡Hiel y vinagre es este vino!" Llévate bicarbonato, por si acaso, Manolito.
Delenda est Carthago, efectivamente, y esta nueva amenaza llamada terrorismo seguirá teniendo sus bazas gracias a decisiones que muchos consideran como temerarias y demagógicas. Una encuesta de ABC en internet, a la hora de escribir estas líneas, establecía como mayoritario el porcentaje de quienes creen oportunista la decisión del regreso de las tropas coincidiendo con la campaña de las elecciones europeas, es decir, que somos bastante conscientes de que nos manipulan y nos engañan. 
Manipulación por un tubo, y se supone que el Ejército tendrá algún derecho a que le respeten su propia imagen. Por lo menos, eso, que no los utilicen como propaganda electoral. ¡Claro que a todos nos gusta ver a los soldados sanos en casa!... Y a los albañiles de la costa, y a los obreros de la química de Huelva, y a todos los que profesan en alguna actividad de riesgo, máxime si hacen algo tan importante como defender la libertad y la democracia.
Volviendo a nuestros lares rondeños, un poco de obituario es preciso para dedicar desde aquí un sentido y emotivo recuerdo a Vicente Ordóñez Castillero, cuya misa mensual fue este miércoles día 28 en el Socorro, siendo esta expresión de condolencias fruto de una amistad con su familia que data de incluso antes de llegar a Ronda. Por otra parte, de nuevo tenemos que alegrarnos por el pronto restablecimiento del alcalde Juan Benítez, que ha estado pachuchillo desde el lunes por culpa de otro arrechucho coronario ¡hay que cuidarse! Y no puedo dejar este espacio sin acordarme de la Paquera de Jerez, gitana y paya, diosa estentórea, reina indiscutible de la bulería, que nos acaba de dejar para quedarse, ya para siempre, entre los recuerdos y las nostalgias de su arte.
Me decía mi compadre Juani que un periódico no es tal si no tiene su espacio dedicado al flamenco y a los toros, y lleva toda la razón, pero aquí hay poca gente dispuesta a arrimar el hombro, y menos sin cuartos. Mucho erudito de cafetín y monólogo compulsivo, pero poco dado a poner por escrito lo que pregona, y no por falta de preparación, o de medios, sino por algo mucho más sencillo: por flojera.
Por eso tenemos que felicitar a la gente que habla menos y hace más, de los que aquí en Ronda son legión, pero que suelen pasar inadvertidos, porque se dedican a eso, a trabajar, mientras que algún que otro charlatán se entretiene auto-complaciéndose a costa de la paciencia ajena. No quiero poner ejemplos, lo cual estaría muy feo, pero los hay, y muy sonados, y habrá que verlos en su salsa cuando el Ayuntamiento tenga su propia emisora de televisión. Cuando un ciudadano presenta una legítima queja, hay que atender, lo primero, la queja, qualcumque modo, y luego dedicarse a tomarle el pelo dándole lecciones que no ha pedido y que seguramente ni falta que le hacen.
Pero, en fin, habrá que seguir aguantando a estos trileros de la política que anteponen su ambición personal a tantas otras cosas tan valoradas por el resto de la gente normal, tales como la amistad, la familia, el respeto y consideración al prójimo, y sobre todo, la ausencia de muecas forzadas al hablar.

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