Artículo aparecido el día 07 de febrero de 2003 © Alfonso López 
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SI HAY QUE VER LA LUZ, SE VE. ©Alfonso López Domínguez

Iniciamos esta nueva etapa un grupo de incansables plumillas, de vocación u oficio, que seguimos creyendo o esperando en algunos tópicos utópicos, tales como la independencia informativa o la libertad de expresión y opinión en el seno de una sociedad  culta y emprendedora, ansiosa por conocer y compartir ideas y descubrimientos, intuiciones o certezas, hijos todos de la razón y la armonía.

Esta gozosa singladura comenzó hace ya más de siete años, y a no dudar que la gente nueva que ahora nos acompaña, persistirá  en esta sana intención, incluso cuando los querellados huesos de alguno de los más veteranos blanqueen los muros de algún olvidado presidio, adonde habrán de ir a parar, caso de mantenerse en su actitud díscola e irrespetuosa para con el poder establecido. Es lo más que podemos esperar quienes perseveramos en este oficio sin beneficio, sin quitarle el pan a nadie, rellenando huecos y ayudando a mantener proyectos que no son nuestros, y sin embargo, nos duelen.

De mi pecunia particular, he podido aportar la publicación de 240 artículos o colaboraciones (que se dice pronto), más varios años de participación en tertulias de radio o televisión locales, todo lo cual está debidamente grabado y guardado, o puesto en internet, porque “lo olvidao, ni agradecío ni pagao”.

Estamos en plena campaña electoral, otra vez. Ya conocemos algunas listas. Comentarios y apuestas hay para todos los gustos. Respecto a las que se saben, nada hemos de decir, pues las componen personas conocidas y capaces. Otra cosa serán los programas electorales, materia de controversia y motivo de arrearse caña dialéctica. Porque son las ideas las que pugnan y se pelean, no las personas, y ése es concepto poco tenido en cuenta en el debate político. No valen nunca las descalificaciones personales, los odios sin perdón y sin olvido, el ansia de hundir al contrario, el desprecio por los gentiles. Tampoco sirven las falsas promesas, que por supuesto, se verán incumplidas. Obras son amores, además de buenas razones.

En este contexto, incluso la enfermedad que te impide desenvolverte, no ha de poder con la voluntad de seguir haciendo algo útil y provechoso. Como dijo el clásico: “... te podrán dejar mudo, pero la mala leche sigue intacta”. También te queda el consuelo de alguno de los pocos amigos que todos tenemos, cuya caridad o solidaridad les impele a preguntar por tu salud, o a traerte algún libro o noticia que hayan encontrado comprando el periódico, por ejemplo.

Tal es el caso de un exquisito aunque exiguo volumen, magníficamente prologado, costeado íntegramente por su autor y dedicado in memoriam al ilustre médico rondeño don Bienvenido Marín, cuyo reciente fallecimiento sin duda hemos sentido de corazón todo el pueblo de Ronda y hacia quien esperamos por parte de las instituciones, los actos de reconocimiento y homenaje que deseamos se lleven a cabo.

Trata dicho libro sobre un individuo que residió en Ronda desde 1485, participando en la conquista y depredación de la ciudad, y marchando en 1492 a embarcarse en otros negocios bajo el amparo de la Corona. Responde al título “Quien no vio la luz”, en referencia a los incidentes con motivo de la recompensa a quien primero viese tierra en el viaje inaugural de Colón, con resultado de que nadie vio un maravedí, excepto el propio Almirante. En el mismo libro aparece una lista de 43 nombres, más los falsos, dudosos y equivocados, y  extraída de los trabajos de la investigadora americana Alice Bache Gould, publicados en "Nueva lista documentada de los tripulantes de Colón en 1492", que fueron precedidos a su vez de la obra de J. B. Thatcher “Christopher Columbus: His Life, His Work, His Remains” y proseguidos por Robert H. Fuson “ The Log of Christopher Columbus”, aparte las referencias que el propio libro hace a Vignaud, Tenorio y  Consuelo Varela.

Interesantísimo libro, pródigo en fotografías e ilustraciones, con el que habría que disentir respecto a lo afirmado en las páginas 34 y 35, en orden a la descalificación que hace de Meyer Kayserling, y de su obra “Christopher Columbus and the Participation of the Jews in the Spanish and Portuguese Discoveries”, recogida nada menos que en la Jewish Encyclopedia. La afirmación de que “el autor no se dio cuenta de que la mujer de un tal Torres también se llamaba Sánchez, de la que no se sabe si fue judía o no” es merecedora de ampliación en una próxima edición de este libro.

Sería muy agradable que nuestro admirado autor, y flamante investigador, prosiguiese su estudio llegados a este punto, y averiguase la supuesta implicación que tuvieron con Colón, y sus viajes, y los distintos “negocios” que tantos quebraderos de cabeza dieron a los Reyes Católicos, personajes como Luis de Santángel, Luis de Torres, Alonzo de la Calle, Gabriel Sánchez y su enchufado pariente Sánchez de Segovia, además de otros judíos conversos, según reconocen autores, tanto judíos, como otros americanos coetáneos de Ms.Gould.

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