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| Artículo aparecido el día 14 de marzo de 2003 | © Alfonso López |
| Definición 800 x 600 |
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SIN PADRINO NO HAY BAUTIZO Y SIN DINERO AQUÍ TE ESPERO ©Alfonso
López Domínguez Hay
dos bienes en la naturaleza de los hombres que gozan de parecidas características:
el agua y el dinero. Ambos brotan y fluyen de manantiales en apariencia
inagotables, ambos son indispensables para la vida humana, y ambos están muy
mal, pero que muy mal repartidos. De cara a una campaña electoral y a la
formación de listas, ¿ qué es más importante ? ¿ disponer de personas
capaces o de dinero en abundancia ? Afortunadamente,
el dinero calma necesidades, pero no compra amistades. Por estas fechas
surgen, rezuman, gotean y mojan copiosas cantidades de numerario (y no del
Opus, precisamente), que luego adornan y endulzan las mesas y despensas de
algunas de estas modernas congregaciones, que son los partidos, donde se
preparan y afanan probos y exiguos opositores a ocupar puestos en las
poltronas municipales. Puede ocurrir que las empresas y particulares, vean en
estos aspirantes a munícipes, a potenciales y si acaso provechosos amigos y
aliados que en un futuro hagan más llevadera la insoportable carga de
burocracias y malas gestiones con que el sistema o sistemilla desconcierta y
apabulla a cualquier mortal administrado.¡Qué poquito control hay sobre la
contabilidad y las finanzas de los partidos políticos y sus agrupaciones
territoriales! Pero
también ocurre, que si no es a base de dinero, propio o debido, o de padrinos
con mucho dinero, es muy difícil comerse una rosca en política. No quiere
esto decir, por supuesto, que los que están no valgan, ni mucho menos, pero
entre los que valen, posiblemente encuentren el camino más llano los que además
de valer, tienen. Es público y notorio que en Marbella hay mucho dinero, y más
que se ha generado en estos años de especulación salvaje. ¿Llegará a Ronda
su caudal, silbante y furioso géiser, como el que emerge de las narices de
algún orondo cachalote, o se quedará borboteando en las colinas que cierran
la cercana costa? ¡Ay, del capitán Ahad y demás tripulantes y grumetes,
temblad, que parece revolverse Moby Dick, a pesar de los arpones que han
hendido sus carnes! En
medio de este desierto de atronadores silencios cómplices, una voz clama
solitaria e insistente, poniendo todo, carne y peculio en el asador. La voz de
un hombre culto y trabajador, cuya valía nadie discute, pero tampoco nadie
defiende. Alguien que no es de aquí, aunque lleve toda una vida aquí, porque
no corresponde a ninguno de los cerrados círculos que como capas de cebolla
defienden la integridad de lo genuino rondeño. Alguien que ha pertenecido o
militado en otros partidos, y que ahora se lanza solitario a la aventura de
presentar lista en las próximas municipales. ¿Y por qué no? ¿Quién tiene
aquí el derecho de otorgar plácet
si no es el censo de votantes? ¿No merece acaso más confianza y
reconocimiento quien se atreve a luchar solo, quien se curra la candidatura
hasta la extenuación, y quien ha demostrado en estos años de trayectoria
irreprochable un interés inusitado por entender y defender al pueblo de
Ronda? Creo que Antonio Sánchez Martín merece más atención y más interés
de los que se le están prestando, y espero que ese pequeño rictus de
seriedad que a no pocos parece altanería no le impida conectar con el
electorado por el bien de todos. Por
último, Andrés Castro me ha dicho que le ha dicho Fermín que vendrá el
vicepresidente Rajoy. En pie, camaradas. Prietas las filas, banderas al
viento. Aquí no hay chapapote, señor ministro. Si le vale, tenemos un Tajo
hediondo con varias capas de roña y un río muerto desde hace muchos años,
siempre mais muerto y con mais mugre, hasta que tengamos depuradora gracias a
su bondadosa intervención, a la de su conspicuo gobierno, y a la intercesión
y méritos de nuestro glorioso jefe local don José Herrera. A ver si para
cuando venga el ministro han terminado de hacerme perrerías con el color de
la foto, porque tengo que escribirle muchas cosas, compañeros, y no todo el
mundo disfruta, como mi amigo Manolo, de embozar sus rojeces, desde el
placentero y monocromo sopor que le debe producir el mostrar su efigie en
piadoso y discreto blanco y negro.
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