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| Artículo aparecido el día 21 de febrero de 2003 | © Alfonso López |
| Definición 800 x 600 |
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SE ROMPIÓ EL SILENCIO, POR NO SER CÓMPLICE ©Alfonso
López Domínguez Hace
bien la Crónica de Ronda en no responsabilizarse de sus colaboradores. Nadie,
en su sano juicio, lo haría. Y menos con estos coadjutores que se ha buscado.
Porque resulta que, después de siglos de civilización intentando concordar
ciencia y fe, creencia y razón, de buscar la conciliación entre la teología
y la antropología y demás ciencias sociales, después de todo ésto, pues
llega mi amigo Manolo y nos larga el Sermón de la Montaña a palo seco. No sé
si contárselo a don Gonzalo Puente Ojea o a don Gonzalo Huesa. Vaya, lo que
hace un viaje a Roma... A ver si el caldeo Tarik Aziz obtiene también la
gracia de la conversión, abandonando a su jefe Hussein y profesando en un
convento de rito maronita. Desde la República de España, la verdad es que la
manifestación del pasado sábado nos ha exorcizado a todos de esa aberración
intelectual que hubiera supuesto el uso del silencio en apoyo de tesis
belicistas y homicidas. Volviendo
para Ronda, según se baja el Saltillo a mano izquierda destacan las vallas de
contención del nuevo circuito de pruebas de coches de carreras (Ascari Resort
Race, propiedad del multimillonario holandés Klaas
Zwart).
Sobre la monstruosidad que ha supuesto cargarse este espacio natural hay
organizaciones y particulares que están elevando su voz, y que van a seguir
haciéndolo para que no les sea tan placentero ni relajante a estos intrusos
disfrutar de unos terrenos, encinares, dehesas y prados de marcada vocación
comunal y paisajística, patrimonio natural del que no sólo han excluido a
las especies vegetales y animales, sino a los habitantes humanos del entorno.
Ya es ofensivo que pongan tantos carteles de “prohibido el paso propiedad
particular”. Aquí todavía sabemos distinguir una alambrada, de una cerca,
de una angarilla o de una malla ganadera. Tantas empalizadas y carteles me
recuerdan a la base naval de Rota. Les faltan las garitas. Aunque habitantes sí
que van a tener cerca del palenque cuando se pueblen el hotel del campo de
golf y las no sé cuántas viviendas unifamiliares que también dicen que van
alrededor, gastando sus millones de litros de agua diarios. Para lo que va a
quedar de sierra, ya de paso, que les pongan también los molinillos y algunas
antenas. Pero no, las antenas sólo van en los institutos y en las barriadas
sociales. Por
último, y arribando ya a nuestra realidad más inmediata, hay que ver la
cantidad de tiempo, recursos y esfuerzos, en definitiva dinero público, que
se malgastan en detrimento de otras necesidades. Hay que ver cómo proliferan
inútiles y vagos en algunos sitios cerrados y sin ventilación. Tampoco
importa si es amplio el espacio, entonces prosperan como hongos en un soto
entre cascajos. Mucho nos quejamos del funcionamiento de la administración en
general, de ciertos organismos en particular, de ciertos servicios en
concreto, pero hay que señalar que detrás de cada negligencia, de cada
mamarracho y de cada esperpento burópata hay un individuo o una individua con
nombre y apellidos, que deberían estar más sujetos a reprobación, porque no
todo el mundo es igual, ni mucho menos. Todos
hemos vivido situaciones más que irritantes frente a la ventanilla de turno,
y algunos incluso por ahí. No basta decir que tales o cuales organismos
funcionan muy mal, incluso de órdago de mal. Lo que tendríamos que utilizar
son los procedimientos de queja y amparo que las distintas administraciones
tienen a disposición del público, o los específicos de los sucesivos
Defensores del Pueblo, aunque exista poca información y menos eficacia en los
resultados. La queja es un instrumento jurídico que se instala en nuestro
ordenamiento, abriendo puertas y ventanas para que se oree un poco el hedor y
se amortigüen las pestilencias. De nada vale protestar en los bares o
reuniones. Hay que esforzarse un poco. Las protestas, mejor por escrito, que
es como cunden y sirven para algo. Lo que pasa es que se sale tan quemado de
estas situaciones, que la reacción natural es la de decir “anda y que les
vayan dando”. Pues así nos va.
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