Artículo aparecido el día 28 de marzo de 2003 © Alfonso López 
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HEMOS DICHO NO A LA GUERRA. DIGAMOS TAMBIÉN SÍ A LA PAZ ©Alfonso López Domínguez

Lo hemos visto en la tele. Un hombre iraquí tumbado en un camastro donando sangre para las víctimas de los bombardeos. En su humilde cabecero, un cartelito, “yes to peace”, que es toda una lección: es lo mismo que negar la guerra, pero buscando la paz; un alto el fuego, un armisticio, lo que sea, para poner fin a todo este horror. Seguimos liados con el tema de la guerra, porque lo que están haciendo algunos, volver la vista hacia otro lado, no es muy razonable. Hay que destacar el gesto de uno de los pocos que discretamente han salvado el tipo en todo este embrollo, nuestro paisano Manuel Pimentel, antiguo ministro de Trabajo, antiguo dirigente  y ya ex militante del PP, que ha preferido dimitir a quedarse y levantar su voz desde dentro.

Estos son los políticos que nos hacen falta, los que precisamente se hartan y se van. Gente que no necesita de la política para medrar ni para ganar dinero, con la suficiente valía y preparación como para pasar de ella, y no como otros, que se aferran a casi cualquier precio a sus ridículas poltronas, quizás porque no valen para otra cosa. Dicho esto, hay que lamentar y evitar por todos los medios los ataques a las sedes y candidatos del PP, así como las demostraciones de violencia de cualquier clase que hemos tenido el bochorno de presenciar desde hace días.

Otra curiosidad. Por ejemplo, llama la atención el esmero con que el ministro del ramo trata del sobrevuelo y repostaje de aviones sobre algunas ciudades del norte. Puede que sí, puede que no. Qué delicadeza, que precisión. Pues por aquí no preguntamos esas cosas. Aquí seguimos en la misma senda de planeo de la primera guerra, cuando nos sobrevolaron 6.000 toneladas de bombas a bordo de los ínclitos B-52, cuando hasta los chiquillos sabían distinguir un KC-135 Stratotanker  de un KC-10A Extender  o un viejo C-5 Galaxy de un C-141B Starlifter, a los que sólo les faltó organizar un festival aéreo sobre nuestras cabezas. Y no pasa nada. Sea con Felipe, sea con Aznar, Morón y Rota siguen en el mismo lugar.

Volviendo como siempre a nuestro pequeño y sobrevolado mundo local, hay que lamentar en primer lugar la pérdida del ilustre rondeño don José Aurelio Fernández Baca, ciudadano y empresario ejemplar, que nos deja como inmenso legado la memoria de su incansable quehacer  y de su simpatía personal. Nuestro recuerdo y nuestro afecto para siempre.

En el temario económico político, hemos vuelto a escuchar esta semana diversos comentarios, siempre relativos a la extrema necesidad de empleo que sufre nuestra comarca. Seguimos a cuestas con el señuelo de las inversiones especulativas a cambio de puestos de trabajo. Crear empleo a cambio de ganancias millonarias. Buen negocio. Pues para crear puestos de trabajo, ni hace falta tanta inversión, ni se debería dejar ganar tanto dinero. La cosa se complica cuando la especulación lo es a costa del patrimonio medioambiental. Frente a la necesidad no caben discursos ilusorios o buenas palabritas. Se lo explico a mi amigo Manolo, y se pone a leer  periódicos de hace cincuenta años, en lugar de definir el capítulo 6 de la clasificación económica de los ingresos en los presupuestos municipales.

De los programas presentados por los partidos más valientes, se destaca el del Partido Andalucista, que propugna la creación de una gerencia de urbanismo y de una comisión medioambiental municipal, idea interesante, aunque su representante sufrió un lapsus linguae en su intervención al referirse a la recuperación “de las riberas del Duero” ( exquisitos caldos, por cierto), ocasión en la que también el Sr. Sánchez Martín matizó qué profesionales deberían integrar tales servicios técnicos medioambientales. Estoy tan de acuerdo, que cuando salgo a pasear al campo, siempre me acompañan un licenciado en química y otro en farmacia, encontrándome casi siempre a un biólogo, a su señora, y a un médico de familia en bicicleta. Quizá deberíamos acompañarnos también de un geógrafo, un historiador, y un sociólogo antropólogo, todo ello a fin de poder entender en profundidad el paisaje, el medio ambiente y por qué se plantan los tilos en los bordes de los caminos que se trazan a la sombra de los aviones militares de transporte y de las avionetas de fumigar.

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