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DECIMA
Como todo el mundo sabe, Vicente Espinel fue un ilustre rondeño
nacido en esta ciudad el 28 de diciembre de 1.550.Fue bautizado en la Iglesia
de Nuestro Padre Jesús En esta iglesia tenía entonces su
sede la parroquia de Santa Cecilia, trasladada en el siglo XIX al Convento
de los Trinitarios Descalzos. Fue Don Vicente, aparte de clérigo,
maestro de música, poeta y escritor. Murió en Madrid el 4
de febrero de 1.624. Ronda recuerda su nombre en su principal arteria,
la calle de la Bola, y en su moderno y estético teatro.
Su presencia en la novela picaresca queda patentizada en la "Vida
del Escudero Marcos de Obregón (1618)", donde denuncia la pobreza
y la injusticia social de su época, impregnada tanto de amarga sátira
como de hondo pesimismo, características propias de este género.
Hay una frase o proverbio que se le atribuye y que ha quedado para la posteridad:"
El temor hace las cosas mayores de lo que son"
En cuanto a la música, es notable su aportación, con
la adición de la quinta cuerda a la guitarra. Bueno, en realidad,
del quinto curso de dos cuerdas. Aunque algún autor date en 1.555
la aparición del primer libro de Adrian Le Roy con piezas para la
guitarra de cinco cursos, sin aclararnos cómo Vicente Espinel pudo
añadir la quinta cuerda a la tierna edad de cinco años.
Lo que sí es cierto es que Alonso Mudarra edita en 1546 "Tres
Libros de Musica en Cifras para Vihuela" , primera publicación
de música para guitarra. También parece indiscutible que
las raíces de la guitarra están en el siglo XV y en lo que
hoy conocemos como provincia de Málaga. Esta guitarra primitiva
era muy pequeña, tenía cuatro cursos de dos cuerdas, y curiosamente,
de ella deriva el actual ukelele hawaiano, aunque parezca una broma. De
nuestra zona pasó a Portugal, de ahí a la isla de Madeira,
y desde allí fue llevada en 1.879 nada menos que a Hawaii por emigrantes
portugueses, entre quienes estaban Manuel Nunes, Augusto Dias y Jose do
Espiritu.
El músico Espinel tiene un insigne precedente en el también
gran músico Ziryad, quien, tras ser expulsado de la corte de Harun
al-Rachid, el califa de las Mil y Una Noches, emigró desde Bagdad
a Córdoba para ser acogido por Abd al Rahman II. Es aquí
donde también añade su quinta cuerda al Laúd y sistematiza
las 24 "nubas", que son un modo de música andalusí.Pero,
volviendo a nuestra guitarra, hasta 1.770 no se añade la sexta cuerda
y se reemplazan los otros cinco cursos por simples cuerdas, adquieriendo
ya su forma actual.
Respecto a su otra gran aportación, ya en el terreno de la poesía,
no hay más que hablar sino de la Décima o Espinela, forma
poética que consta de diez versos octosílabos, con rima consonante,
según el siguiente esquema: abbaaccddc. Su difusión ha sido,
y es, enorme, sobre todo en Hispanoamérica.Baste mencionar en Cuba
a Jesús Orta Ruiz, Premio Nacional de Literatura 1.995. En Méjico,
la poesia decimal es cantada o recitada en la música de huapango
arribeño, en la llamada zona media de San Luis Potosí y la
Sierra Gorda, en el fandango jarocho, el huapango huasteco y en algunas
otras expresiones regionales.En Chile, es la forma métrica preferida
por los cantores tradicionales, quienes llaman "verso" al poema
completo.Como botón de muestra, en Nicaragua, y de Rubén
Darío, son estos hermosos versos:
También un lauro merece
el ingenioso cantor
que con muy mucho primor
sus frutos al mundo ofrece;
su gloria jamás decrece,
la Historia le será fiel:
hoy admiramos en él
su facunda meritoria,
y siempre grande en la Historia
será Vicente Espinel.
No guardo memoria histórica de que en Ronda se haya celebrado
en tiempos recientes ningún certamen local, o mejor, nacional, de
décimas o espinelas, con la debida difusión y el necesario
empaque, en honor de tan ilustre paisano. Puede que mi memoria sea flaca,
o que ande algo despistado, pero quede explícita esta iniciativa,
por si alguno la recoge, la revive, y la lleva a cabo.
Alguien que debiendo, pueda, como digo, llevarla a cabo, en Ronda,
y en esta época tan yerma de poesía y tan sobrada de majadería.
Porque , como Guillermo Cházaro indica,
La décima se cultiva
como si fuera una flor,
que se cuida con amor
para mantenerla viva;
y si no se la cultiva
la décima languidece,
y hasta morirse parece,
sólo la voz del cantor
la revive con primor
y con su canto florece.
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