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Periódico Mensual Independiente de Alcalá del Valle |
Centro
de Estudios Alcalareños "El Castillón"
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Este
año está resultando bastante húmedo. No se puede decir
si beneficioso o perjudicial, porque desde luego en la agricultura, lo
que es muy bueno para algunos, resulta tremendamente perjudicial para otros.
Pero, en términos generales, si convenimos que el agua es un bien
escaso y de extraordinario valor, podría afirmarse que lo que abunda
no es malo, y que la abundancia de este liquido y vital elemento suele
ser bienvenida y por supuesto agradecida.
Sobre todo si tenemos en cuenta la situación
de déficit hídrico generalizado que, según parece,
se nos avecina. Los más agoreros ( y por tanto, seguramente, los
más acertados), pronostican un cambio climático para las
próximas décadas, cuyas consecuencias en nuestra zona mediterránea
serán poco menos que catastróficas. Para ello se basan en
sesudos estudios que han hecho desde la época de los dinosaurios,
o casi, y parece ser que cada vez que se calienta la atmósfera,
aquí nos toca padecer una sed inaguantable.
Ciñéndonos al ámbito
local, nos encontramos con que nuestra comarca es privilegiada en estos
asuntos del agua. Relativamente, porque en cuanto a cantidad no hay duda,
pero es que nuestro clima, tan estacionario, es que se las trae. De un
año a otro, de una vertiente a otra, las diferencias son tan abismales
que llegan a dar vértigo, y el resultado siempre da pérdidas
en cultivos, pastos, y calidad de la vegetación, sometida a situaciones
de estrés terminal, salvada a veces por la campana, como ocurrió
por ejemplo en el año agrícola 98-99.
Alcalá se ve favorecida por ese
magnífico convector de borrascas y temporales que es la Serranía
de Ronda y Grazalema, donde se dan las mayores precipitaciones de la Península.
En cantidad, claro, porque como hemos dicho, todas las aguas caen de golpe,
cuando y como quieren. En el caso de Alcalá, se forma una especie
de manga (muy ancha, por cierto) amplia y ascendente, que retiene gran
cantidad de la humedad atlántica, sin contar la caldera térmica
que se forma en verano y que favorece la aparición de tormentas,
algunas de ellas importantes. Por el contrario, en municipios cercanos,
como Olvera o Puerto Serrano, por un lado, o Arriate, Cañete o Teba,
por el otro, las precipitaciones son sensiblemente menores.
Con el ejemplo del nefasto año
1999, vemos que entre enero y agosto sólo cayeron en Alcalá
del Valle 215 litros por metro cuadrado, arrastrando además un anterior
otoño seco, con lo que la situación llegó a ser extrema.
Sin embargo, una vez más ocurrió el milagro, y en el otoño
siguiente, cayeron 489 mm, más del doble que en el resto del año,
con lo que acabó esa anualidad con 704 mm, cantidad aceptable para
un período anual medio y que salvó al final la situación.
Pero es que sólo en octubre cayeron 230 mm, más que en los
ocho meses anteriores. Los datos de Olvera, que está tan cerca,
son aún más llamativos, pues hasta septiembre sólo
cayeron 141 mm, y luego, de golpe, 380 litros, de los cuales 231 en octubre,
hasta llegar a los 521 anuales.
Si en el 95-96 ocurrió igual,
incluso más a lo bestia, y cada vez parece que ocurrirá con
más frecuencia, la pregunta es sencilla ¿estamos preparados
para estas situaciones?. Los sabios eruditos, políticos, funcionarios,
técnicos y demás responsables, tienen la respuesta. Nosotros,
mientras tanto, a pasar sed o a ahogarnos, según toque.
Llevamos
aquí en Ronda año y medio ya de legislatura municipal y la
cosa parece supuestamente estabilizada y firme en el plano político,
una vez pasados los sustos propios de las primeras etapas del famoso pacto
tripartito. Bueno, famoso puede que no, pero ruidoso sí que lo ha
sido. Resulta que este Ayuntamiento rondeño es lo más parecido
a una jaula de grillos, y la calma que actualmente padecemos seguramente
vendrá seguida de algunas tormentillas antes de que se produzca
el temido/ansiado relevo de alcaldes allá para principios de julio
de este año que comienza.
Respecto
al pacto, sigue siendo curioso y tema para estudio el hecho de que dos
formaciones más un cuarto y mitad de una tercera formación,
supuestamente antagónicas, se hayan reunido en curioso convite para
administrar la política local. El motivo archisabido no fue nunca
la intención de aunar esfuerzos para entre todos sacar adelante
ideas o proyectos comunes. Se ha puesto de manifiesto durante este año
y medio pasado, en que los boicoteos mutuos han sido de campeonato.
Más
bien al contrario, la única razón que llevó a estas
formaciones a agruparse en lo que alguno considera aún como un pacto
anti natura, fue la presencia de un terror, peligro, fantasma, enemigo,
espanto, supuesto o real y que vino a amedrentarlos de tal forma que prefirieron
soportarse mutuamente aunque mal avenidos y dando variados escandalitos
antes que dejarse llevar por la riada que supuso el triunfo electoral del
GIL aquí en Ronda.
Se podría
decir que para no hundirse ni ahogarse, los tres firmantes del pacto, PP,
PSOE e IU se agarraron al cuello unos de otros, con lo cual el sofoco ha
debido ser y debe seguir siendo bastante agudo y por ende, molesto, molestísimo,
aunque ellos no lo reconozcan y respondan muy serios o con leve sonrisita
que no, que Ronda también va bien.
Pero lo
más gracioso de todo es que aquel lobo feroz que tanto les amedrentó,
ha resultado ser un escuálido y tiñoso perrito que al poco
de iniciarse la legislatura, salió corriendo, disolviéndose
casi entre unos tránsfugas que pasaron a formar un grupo mixto con
ellos mismos y el resto del personal que continuó espantando moscas
como si tal cosa.
Con todo
lo cual, la moraleja parece clara. Por una parte, no se corresponden los
votos con la realidad de lo que ocurre después en la corporación
local. Por otra, es menester ver cómo pueden formarse después
las combinaciones habidas y por haber para perpetuarse unos en el poder
y para conseguir otros una parcelita que de otra forma, desde luego por
la voluntad popular, nunca hubieran conseguido.
Así
que ya pueden venir siglos y milenios, que la cosa parece que no cambia
y al final es la sopa boba y el aquí me las den todas los únicos
principios que adornan y animan la demacrada, acartonada y raquítica
montura sobre la que cabalgan nuestros destinos municipales.
Una
de las pocas esperanzas que nos quedan, es la de una prensa libre y espontánea.
Libre de mediatizaciones e intereses más o menos bastardos. Libre
de sumisiones con pago previo vía subvenciones y otras prebendas.
Libre de ser correa de transmisión propagandística al servicio
de los nuevos señoritos de siempre, fieles devotos del pesebre es
mío y si no, aquí te espero.
Otra
esperanza es que nos toque a alguno una primitiva, o los ciegos, o un décimo,
o lo que sea.
Me gustaría
conocer personalmente a una persona, valga la redundancia, gran periodista
y pizpireta, elegante y magistral conductora de programas en la tele, que
ha tenido últimamente la virtud de destapar la caja de los truenos
en esta profesión, oficio, vocación o jilipollez absoluta
que consiste en el arte de escribir cosas para que otros la lean (o que
no la lean, pero que compren el libro, la revista o el periódico,
que ya alguien se ganará sus buenos cuartos).
Me gustaría
preguntarle cómo se le ocurre confiar en un cuñado traidor
para que le copie, modifique o mejore sus manuscritos, cuando todo el mundo
sabe que los cuñados lo más que estamos es para corregir,
modificar o mejorar la declaración de renta de nuestros respectivos
hermanos o hermanas políticos.
A quién
se le ocurre, doña Ana Rosa, encomendarle a un cuñao, y además
blanco, tales trabajos, cuando todo el mundo sabe que los blancos somos
por naturaleza aviesos, traidores y metepatas resentidos que odiamos el
triunfo de nuestros allegados por razón de parentesco derivado nada
menos que de afinidad. Peor desde luego hubiera sido que en vez de a un
cuñao se lo hubiera encargado a un yerno, cosa por otra parte impensable
debido a la juventud de la interesada. Pero cabría preguntarse:
si esto lo hace un cuñao ¿qué no hubiera hecho un
yerno con su suegra?
Si usted
supiera la cantidad de negros apañados que se pasan la vida, o se
la han pasado en algún momento escribiendo cositas para otro u otra,
y sin razón de parentesco alguno, a menos que la odiosa relación
con el jefe o la jefa puedan considerarse de esta guisa... Si usted comprendiera
que el término no es en absoluto peyorativo, y sí antiguo,
antiguo como el mundo desde el primer día que un jeta firmó
como suyo algo que no era suyo, y cobró dinero o parabienes por
lo hecho con el esfuerzo ajeno.
Práctica
más extendida de lo que sería sano y razonable, y no sólo
en el mundo de la literatura, sino en cualquier otra faceta de las humanas
actividades, aunque por la facilidad de suplantación, donde más
proliferan es en esto de los escritos, estudios, dossieres e informes
en los que pululan estos lampreas viviendo a costa de los demás,
tanto en la empresa privada como en la pública, y estoy completamente
seguro de que bastantes personas, trabajadores de la pluma, bolígrafo
o teclado, sabrán perfectamente a qué me refiero.
No vea
usted como se adorna el personal con eufemismos tales como los de ”le pedí
consejo y asesoramiento”, o “conté con su inestimable colaboración”.
Con este cuento, e insisto que es práctica harto extendida, al personal
se le escriben los discursos, se le redactan los informes, se le completan
los estudios técnicos, a todo lo cual, el personal sólo tiene
que añadir una firmita. Valiente indignidad.
Pero bueno,
y volviendo al principio, es de lamentar que a tan gran profesional la
hayan maltratado de esta forma. Tan solo decirle que mi próxima
novela iba a titularse “Sabor a miel da”, y transcurría en el fondo
del tajo de Ronda, pero ya no me atrevo, no vayan a pensar que he plagiado
el título.
Tremenda
decepción la sufrida en estos días a causa de la pobre actuación
de nuestros deportistas en las olimpiadas de Sidney. Hemos llegado a creer
que para conseguir once medallas, cuarenta y un diplomas y tres escapularios
de la Virgen del Carmen, se han tenido que gastar la friolera de 30 mil
millones. Cuántas hectáreas se pueden poner en regadío,
cuántos invernaderos, cuántas viviendas y carreteras se pueden
construir con esa cifra mil millonaria. De manera que han salido a unos
tres mil millones la medallita. Podríamos decir, aún incurriendo
en grosería, que los del Plan ADO, la han cag…ado. Más que
deportistas tenemos diplomados, o sea, expertos en el arte de renovar la
beca y a seguir estudiando. No es de extrañar que todo en esta vida
se inicie con un estudio alternativo.
Como el
estudio -faltaría más- del colector también alternativo,
que tantas frustraciones está produciendo aquí en Ronda
en estos días. En esta maratón del despropósito
en que estamos empeñados los rondeños, plataforma al frente,
llevamos hasta ahora los peores resultados posibles.
El sr.
Alcalde superó el lunes pasado la marca de hacerse mil doscientos
kilómetros marcha para no conseguir nada. A todo ésto, el
grupo de cabeza contraatacó en la reunión del miércoles
día 4 proponiendo un pleno para aprobar que el Ayuntamiento se gaste
los dineros en el consabido estudio, puesto que no le bastan las promesas
recibidas por el primer plusmarquista local en sus gestiones madrileñas.
Por cierto, que si queríamos un compromiso por escrito del Ministerio
de Medio Ambiente, supongo que se lo habremos vuelto a pedir también
por escrito, mediante alguna propuesta de protocolo o cualquier otro medio
recogido en el procedimiento entre Administraciones.
Porque
normalmente, lo que se pide de palabra, se contesta también de palabra.
Y a las palabras se las lleva el viento. Por eso en esa reunión
del martes se acordó también escribir a la Junta por escrito
para que reconozca el mamarracho de colector o tubito que ahora tenemos.
Al final, nuestro primer atleta local, en veloz esprintar, se volvió
a desmarcar comprometiéndose a arreglar el desaguisado de la urbanización
alegal de La Planilla, previo requerimiento, por supuesto, por escrito,
a la empresa constructora.
Con toda
est historia, al final la única solución será que
nos vayamos todos los que podamos al fondo del tajo, y al igual que en
Móstoles un día 2 de mayo de 1808, armados de picos y palas,
empecemos a cavar un túnel en el que quepa la vía de un tren,
to recto, que pase por debajo de Ronda y que llegue justo hasta el pie
de la depuradora.
A ver si
en el empeño encontramos algún cántaro lleno de duros
antiguos, como aquellos que en Cai dieron tanto que hablar. No sería
mal reclamo a la hora de marchar todos, los políticos al frente,
a escarbar en la dura roca en que se asienta la ciudad, a ver si con las
uñas y el pelo logramos aquello que los burócratas de Madrid
y Sevilla con tanto empeño nos niegan.
En lugar
de esto, ya estamos construyendo el podio, fundiendo las medallas, imprimiendo
los diplomas de quienes se apuntan ahora a salvar la situación,
contra lo cual no hay nada que decir. Tan sólo preguntarse a cuánto
nos va a costar cada medalla.
Llegadas
estas fechas, volvemos a encontrarnos con el ya endémico problema
de los fuegos en las fincas, lo cual desgraciadamente constituye uno de
los signos distintivos de la tan en boga pseudocultura del desprecio a
lo ajeno y de la falta absoluta de escrúpulos, de inteligencia,
o de ambas cosas a la vez. Todos los veranos hay que volver a soportar
esta plaga que daña o destruye lo ajeno, incluyendo en este
concepto lo que es común o de todos.
Hay quien
argumenta que toda esa inmensa cantidad de recursos humanos y materiales,
que toda esa ingente pila de miles de millones que se destinan anualmente
a la prevención y defensa contra incendios, no son al final más
que una forma más de prestación de servicios públicos,
que al fin y al cabo, mantiene operativos unos recursos tecnológicos
privados o públicos y que genera a su vez muchos jornales y salarios
entre el personal que se dedica a estas labores. Falacia absurda que no
entiende cómo nuestra Comunidad, desprovista de fondos y dineros
para tantas cosas necesarias, tiene que detraer estas enormes sumas para
intentar evitar que el daño sea aún mayor.
Hay quien
habla también de nuestra cultura mediterránea, amante y adoradora
del fuego, que ha utilizado este elemento de forma tradicional para labores
tanto agrícolas como de orden meramente lúdico o festivo.
Cuánta pamplina y cuánta idiotez. El fuego es el enemigo
público número uno de nuestros campos y nuestros montes,
cuando cae en manos de negligentes, de psicópatas o de criminales,
sin que exista más explicación de lo que anualmente ocurre
que una insana, torpe y repugnante actitud de aquellos individuos
que desprecian absolutamente el valor de la vida, enemigos
de la convivencia, necios sin principios y sin vergüenza alguna.
Cuando
se pone en marcha un operativo de extinción, que piensen los causantes
del incendio (si es que piensan), que por mucho cuidado que se ponga, por
mucha preparación que tengan los que tienen que ir a apagarlo, siempre
hay un riesgo cierto y ostensible que desgraciadamente, en ocasiones, acaba
con la vida de alguna persona, de algún padre o madre de familia
cuyo único delito ha consistido en la necesidad de trabajar para
alimentarse y llevar una vida digna y honrada. En cualquier caso, estos
trabajadores siempre arriesgan su integridad física luchando contra
el fuego que otros han provocado.
Luego está
el daño económico, evidente, inmenso, irrecuperable. Quién
puede pensar a estas alturas que el monte, el medio físico (no digamos
ya los cultivos o las viviendas), no constituyen nuestra principal,
por no decir casi única y verdadera riqueza natural. Por poner un
solo ejemplo, el precio alcanzado por el corcho en la última subasta
efectuada por el Ayuntamiento de Ronda. Otro ejemplo, el turismo rural,
de ocio o de naturaleza, está adquiriendo un incremento y potenciando
unas inversiones totalmente incompatibles con cualquier situación
de inseguridad o amenaza.
Lo peor
de todo es que los negligentes y descuidados, los criminales por interés
o venganza, los psicópatas que cada verano inician el interminable
carrusel de daño y miseria que asola nuestros campos y montes, a
menudo actúan con la ventaja del ocultamiento o la nocturnidad,
lo cual hace harto difícil descubrirlos o probar sus fechorías.
Cuánta provocación, impunidad, cinismo y cuánto abuso.
Cuánto daño absurdo y culpable.
Cualquiera
puede meterse a adivino en un momento dado y deducir a partir de indicios
supuestamente evidentes lo que va a ocurrir en un plazo más o menos
perentorio. Así pues, a cualquier Rapel de la economía le
bastaría con observar ciertas señales o signos de los
que en la actualidad se están produciendo para augurar un futuro
más que negro.
El primero
de estos síntomas lo constituye la continuada, feroz y salvaje subida
de los precios de los carburantes. Empezando por los gasóleos, cuya
desenfrenada y atroz escalada de precios está dando al trate con
las previsiones de muchas pequeñas economías, sobre todo
en los sectores agrícola y de transportes, siendo la agricultura
la principal damnificada al no poder repercutir la subida de los costes
directamente en los precios de venta de sus productos. La única
receta que de momento se nos ofrece desde la Consejería de Agricultura
y Pesca es la de mezclar el gasoil con una determinada proporción
de aceite de girasol. Por esta regla de tres, esperemos no tener que echarle
gasoil a la tostá o al mollete.
Pero es
que la repercusión de estos costes, en los sectores que sí
pueden marcar los precios finales de sus entregas de bienes y servicios,
produciría una escalada de precios difícilmente compatible
con los objetivos de inflación en que se basan las actuaciones macroecónomicas
de los poderes públicos encargados de este tema. Con una inflación
al alza, fuera de madre, los planes de crecimiento y de creación
de empleo se van al traste irremisiblemente.
Otro indicio
que evidencia el cambio de tendencia, que esperemos sea coyuntural y no
estructural, es la subida de los tipos de interés en los préstamos,
especialmente con garantía hipotecaria. Cuando se revisan por los
bancos, de un mes para otro nos encontramos con una subida de, pongamos,
un punto, del 4'5 al 5'5 por ciento. Pero es que ese puntito, en un ejemplo
real, supone una subida real de un veintidós por ciento en
el tipo de interés, casi el veintitrés en términos
de coste efectivo remanente. Esto se traduce en una subida de un diez por
ciento en el recibo del banco y que ahora se paguen más intereses
y menos amortización, con lo que en vez de para adelante se va para
detrás. Consecuencias previsibles de todo esto es una paradita en
la demanda de inmuebles, y por tanto paradita en la construcción
y en el mantenimiento de puestos de trabajo. Y a la larga, de continuar
la misma tendencia, pues impagos de préstamos y ejecución
de garantías.
Por si
todo esto fuera poco, la época del desenfreno, que algunos llaman
blanqueo, previa a la entrada del euro, está ya en su recta final.
Lo que va a pasar de aquí a poco, cuando ya no exista esta necesidad
de afloramiento de capitales, es algo que queda para trabajo de adivinos
y nigromantes, porque lo que es el personal, o no se entera o no se quiere
enterar, a pesar de haber pasado ya al menos dos veces en los últimos
treinta años por lo mismo que sin duda ahora se avecina.
El trabajo
siempre ha gozado de muy mala fama en nuestra cultura. No me refiero a
nuestra cultura andaluza, a la cual se achacan muchos tópicos producidos
por gentes ignorantes y mediocres. Tópicos por otra parte abundantemente
desmentidos por quienes en los años de la emigración ayudaron
a levantar las economías centroeuropeas de la posguerra, y de alguna
que otra región (o “nacionalidad”) española de las que ahora
presumen de estar más desarrolladas económicamente que las
otras, cosa que ellas solas nunca hubieran podido conseguir. La emigración
andaluza dejó bien sentado que los mejores trabajadores, los más
honrados y fiables eran los que provenían de nuestra tierra. El
retorno de la ínfima parte que les tocó a esos trabajadores
en el reparto de la inmensa riqueza que ayudaron a crear, en forma de remesas
de emigrantes, sirvió para disminuir un poco las distancias que
habían ocasionado tantos siglos de insana discriminación.
Pero aún seguimos con una lacra de retraso secular de la que no
se ve por ninguna parte voluntad de erradicar. Con lo que algunos dieron
en llamar tímidamente “deuda histórica” (que por cierto nadie
aún ha pagado), no tendrían ni para empezar a pagar los réditos.
Pero volviendo
al tema del trabajo y su mala fama en nuestra cultura, en su más
amplio sentido occidental, o lo que sea, no hay más que ver la frase
con que la mitología judeo cristiana adorna la expulsión
de nuestros primeros padres del paraíso terrenal: “ganarás
el pan con el sudor de tu frente”. Afortunadamente, la mayoría ni
somos exégetas bíblicos ni nada parecido, así que
nos podemos ahorrar la interpretación de esa frase. Pero seguramente
tal frase se refería ya entonces más a la explotación
del hombre por el hombre, a la acumulación ciega de capital, a la
especulación salvaje, a la miserable remuneración del
trabajo, que a la propia necesidad de trabajar para lograr el sustento
diario
Algunos
sin embargo suponen que Adán y Eva también trabajaban para
comer, porque ya es esfuerzo tener que alargar la mano para coger la manzana
y luego masticarla. Son los insolidarios de siempre, los vagos y parásitos
que con cualquier excusa escurren el bulto y viven a costa de los demás.
Los que ni siquiera alargan la mano para coger la fruta, sino que mandan
a otros a que se las traigan.
Historias
aparte, lo cierto es que, de una forma u otra, el trabajo siempre tuvo
mala fama, pero fue pasando de ser una cosa despreciable, propia de torpes
y desventurados, a ser uno de los bienes más preciados y escasos,
una necesidad social ineludible, debido sobre todo a que aún hay
mucha gente que piensa que ésa es la única forma decente
y honrada de ganarse la vida. Por eso no debería dejarse este bien
tan necesario en manos exclusivas de las leyes del mercado.
Estamos
en una época de supuesta expansión económica. Siguiendo
con el símil bíblico, ya vendrán de nuevo las vacas
flacas. Pobre del que para entonces no haya conseguido una cierta estabilidad
en el empleo, con todas las movilidades funcionales que se quieran, pero
estabilidad al fin y al cabo.
Después
de todo, los pobres lo único que pedimos es poder trabajar.
Este año
la Semana Santa cae un poco tardía. El tema es inevitable en este
mes de abril, y me huelo que este periódico va a tratar abundantemente
el mismo, por ser un fenómeno religioso, cultural y
social de primera magnitud que adquiere carta de naturaleza y encuentra
su máxima expresión en los desfiles procesionales que se
llevarán a cabo en los templos y calles de nuestras ciudades y pueblos.
Tan sólo echar de menos las carencias que se observan en la actividad
cofrade, como la falta de una acción social continuada a lo largo
del año, uno de sus fines principales.
Estamos
lejos de las primeras cofradías del siglo XV, en que un mero acuerdo
entre particulares, un grupo de fieles cristianos, movidos por su devoción
y su deseo de hacer penitencia, era suficiente para constituir una Hermandad,
sin más trámites ni complicaciones. Ahora, es indispensable
la sujeción de la Hermandad a la regulación canónica,
so pena de atenerse a las consecuencias. Está claro que aquellos
primeros tiempos eran de mucha más religiosidad y muchísima
menos burocracia que los de ahora.
Sin
embargo es ahora cuando esta antigua devoción está alcanzando
su máxima expresión histórica. Esta es una época
ecléctica, en la que se combinan el fervor de las primitivas reglas
con el esplendor de la etapa barroca. Es igualmente hoy cuando esta manifestación
religiosa adquiere su máximo valor cultural, debido en gran parte
al impulso de los omnipresentes medios de comunicación. Lo
que se ve por las calles en estos días de Semana Santa son auténticas
manifestaciones de fervor religioso, unidas a un increíble despliegue
de tradición y cultura artística. Se trata de una herencia
estética y religiosa gestada y desarrollada durante más de
cinco siglos.
Creación
cultural, en el que nuestra Andalucía lleva una vez más la
voz cantante. No sólo por esas estremecedoras saetas o la música
sacra o incluso el clamor que acompaña a algunas imágenes,
sino porque parece como si lo hubieran inventado expresamente para nuestra
forma de ser, debido al contraste entre seriedad, orden, recogimiento,
y la explosión de belleza y arte en imágenes y tronos, que
hacen sentir hasta al escéptico o al agnóstico toda la emoción
y trascendencia del momento.
Una tradición
demasiado bonita como para que cuatro gamberros o desaprensivos la menoscaben
o desprecien. En otras culturas, esta conmemoración propia del mundo
judeo cristiano, se celebra de muy diferentes formas (Pascua, Easter) o
simplemente no se celebra. Ello conlleva que multitud de personas que encuentran
en estas fechas una excusa para disfrutar de unas pequeñas vacaciones,
se desplacen en estos días a los distintos centros turísticos
con la sola pretensión de descansar, de evadirse de los problemas
diarios, sin que ello disminuya su condición de creyentes o aumente
su condición de no creyentes.
Una cosa
son las vacaciones de Semana santa, y otra cosa son los desfiles procesionales
de las distintas Hermandades. Ni tienen por qué contradecirse ni
por qué entorpecerse. Al contrario. Saber combinar el legítimo
derecho a pasar unas buenas vacaciones con el respeto y la admiración
hacia estas manifestaciones, supone incluso un valor añadido de
formación y enriquecimiento moral y cultural para todos, propios
y extraños. Creo que el estupor reflejado en la cara de cualquier
turista tiene más valor humano que las pocas ganas o el cachondeo
con que algún que otro nazareno se toma la cosa. Aunque sean excepción,
debería llamárseles la atención.
Ya tenemos
otra vez a cuestas y sobre nuestras espaldas la pertinaz sequía.
Parece imposible que hayamos podido sobrevivir durante milenios en una
tierra tan castigada por los fenómenos naturales, en la que a grandes
inundaciones siguen dilatados períodos de seca que parece que van
a acabar con el mundo conocido, pero quizá sea una de las razones
que expliquen la tenacidad con que se caracterizan tantas de nuestras empresas.
Forjados en la necesidad tantas veces extrema, en los adversos avatares
de una Naturaleza hostil y despiadada con los más necesitados, nuestra
gente se caracteriza, si por algo, por un recio empeño en soportar
lo que le echen y en superar las dificultades, tenaces y pertinaces, como
lo son las dificultades que nos amenazan.
Repasando
la Historia, la de nuestros pueblos, no vemos más que la continuidad
en la desesperada lucha por la supervivencia de las personas y hasta de
los mismos pueblos, sistemáticamente explotados o expoliados en
beneficio de unos pocos, que amparados en el abuso de ciertos derechos
auto concedidos, esquilmaron también por sistema las riquezas naturales
y humanas de nuestras tierras. Cuanto antaño venía una sequía
de éstas, las hambrunas y la mortandad que provocaban eran terribles.
La gente, desposeída de lo más mínimo, caía
presa de enfermedades terribles, que hoy nos suenan a chino, a país
tercermundista sumido en la miseria. Así fue nuestra comarca durante
grandes épocas. El injusto reparto de la tierra, la usura como práctica
habitual, la feroz defensa de las no menos injustas prerrogativas de unos
pocos, sumían a la mayoría en el horrible desespero que sólo
provocan el hambre y la enfermedad.
Mucho han
cambiado las cosas. Pero no podemos olvidar, en esta época actual
de relativo progreso y prosperidad económica, que algunas estructuras
de la sociedad del privilegio y el desigual reparto de riquezas, siguen
aún vigentes, y que es largo y arduo el camino hacia la igualdad
y la justicia. Hoy día, los nuevos señoritos de la política,
disfrazados de progresismo, los nuevos salvadores del pueblo, amenazan
con instalarse en los lugares que dejaron los antiguos caciques, y como
la sequía, vuelven recurrentes y pertinaces para agostar nuestros
campos y nuestras vidas.
Desde Ronda,
tierra de antiguos y nuevos señoritos, así se ven las cosas,
esperando que las lluvias de esta ansiada primavera, borren los restos
de suciedad de la política, los afanes de medro personal y
las componendas entre amiguetes que tanto afean la vida de los pueblos.
Filosofías
aparte, lo que parece seguro es que si no tomamos conciencia de un estricto
y racional uso del agua, vamos a pasarlo realmente mal. Cualquier esfuerzo
en este sentido debe ser premiado y potenciado, de manera que aseguremos
un futuro más tranquilizador, alejando los fantasmas que despiertan
las periódicas amenazas que suponen estas sequías, unidas
a nuestro demencial despilfarro de tan preciado elemento. Tenemos que aprender
que incluso cuando a nosotros nos sobra, a otros les falta.
Es difícil
para el poeta sustraerse al uso, cuando no la manipulación de su
obra literaria por parte de quien tiene interés en todo menos en
la literatura. A menudo se politizan la obra y la vida de escritores comprometidos,
que algún día en sus fructíferas existencias tomaron
conciencia de la realidad social y postularon por un cambio de la misma
que propiciara el desarrollo de la justicia y la vuelta a un necesario
equilibrio, alejando tanta desigualdad y tanto egoísmo como caracterizan
a las distintas sociedades humanas. Porque ningún colectivo parece
estar exento de estos lugares comunes a la humana condición que
suponen la apetencia de poder personal, el acaparamiento de riquezas y
la insolidaridad.
Pues bien,
si ponemos la radio o la tele o leemos un periódico, raro será
no escuchar o leer a uno de estos señores de la cosa pública
hablando en nombre propio o en representación del grupo a que pertenecen,
y aprovechándose, es decir, usando y abusando en provecho propio
y de su respectiva ideología, de la imagen de tal o cual poeta,
escritor o dramaturgo. En nuestra reciente historia, tan caracterizada
por la influencia de la Generación del 27, la segunda época
dorada de la literatura española (léase andaluza), se han
visto numerosos ejemplos en este sentido. Tanto arrimar el ascua a la sardina
propia, deja a veces indefensos a la figura, la obra y el arte literario
del autor utilizado.
Porque
apenas se preocupan de la persona, de ahondar en el estudio biográfico
de la figura humana, de su entorno histórico y de los condicionantes
que le llevaron a tomar posición ante los acontecimientos y las
realidades que le rodeaban cuando primero gestaba y más tarde engrandecía
su obra irrepetible. Dejan a un lado la auténtica calidad artística
y humana de esa obra, tratando de salvar en cambio lo que de utilizable
tenga a favor de sus respectivos postulados políticos. Tratan de
obviar, en definitiva, el patrimonio cultural y la aportación al
acervo común que suponen la obra poética, intentando reducirlo
todo a un manifiesto más o menos panfletario
No quiero
referirme a ningún personaje en concreto, pero seguramente se adivinará
en la intención de estas palabras, una alusión directa y
no velada a nuestro gran poeta paisano, admirado Rafael, que hace poco
nos abandonó, dejándonos huérfanos de su canción
pura y de su diáfana visión de las cosas que nos son tan
familiares, aún a la gente de tierra adentro, pero que también
soñamos con el olor a salitre y con el azul intenso de la mar originaria.
Aunque
tu voz resuene en el nivel del mar gaditano, sus ecos llegan hasta las
más recónditas serranías de tu tierra, que tanto saben
de poetas y de humanas fatigas.
Aquí
en Ronda, como en tantos otros sitios, se programan actos en honor del
activista o del político comprometido, disfrazados de homenajes
al poeta. Pero no nos engañemos.
Tal vez
el hombre sí. Pero el poeta no puede ser utilizado ni por unos,
ni por otros, porque su poesía, la Poesía, por ser intrínsecamente
suya, lo es de todos.
Existe un
adjetivo muy al uso en la terminología de las personas que se dedican
y generalmente viven de lo público (y generalmente, bastante bien,
por cierto), y que es una especie de epíteto o coletilla muy frecuente
en sus discursos e intervenciones para que todo el mundo les oiga. Se trata
del vocablo “político”, que desde siempre se ha venido usando para
definir precisamente a esas personas que como digo se dedican a lo público
con mejor o peor fortuna, así como a las actividades que realizan
en el manejo de lo suyo, que, mira por dónde, es lo de todos. También
sirve para aplicarlo a los parientes por afinidad, es decir, al suegro,
la suegra, los yernos, las nueras y demás, que, aunque no lo parezca,
tienen su gran parte de política, si bien en estos casos se trata
de política familiar.
Pues bien,
si ponemos la radio o la tele o leemos un periódico, raro será
no escuchar o leer a uno de estos señores de la cosa pública
endosando el tal adjetivo a multitud de cosas, sobre todo a las cualidades
humanas. Así por ejemplo, suelen hablar de “vergüenza política”
o de “valentía política”, como si éstos y otros atributos
del alma humana entraran en una categoría especial y aparte de lo
común cuando se embarcan (a veces, embarran) en la peculiar aventura...
política de los que practican tan noble arte. Como si no supiera
todo el mundo que la vergüenza ni es política ni es torera.
Simplemente, es o no es. Se puede ser valiente o cobarde, honrado o sinvergüenza,
con o sin voluntad política de serlo.
Incluso
mencionan una verdad política, que políticamente se tergiversa.
Luego está el zagalillo político mentiroso, al que de tanto
mentar en vano al lobo, nadie le echa cuentas al final, aunque todos le
escuchan... por si acaso. Una falsa promesa política fue, por ejemplo,
la de aquellos ochocientos o mil puestos de trabajo que ofertaba una conocida
opción política hace ya algunos años. Ellos no querían
engañar, lo que pasa es que pronunciaban muy rápido, comiéndose
una letra, de forma tal que sonaba como ochocientos mil.
En estas
estamos, cuando el gobierno actual nos promete que de aquí a dos
años, todos los parados cobrarán una prestación, un
subsidio, o una remuneración por asistir a cursos de formación
o trabajos en prácticas. Todos los parados, todos. ¿Será
otra triquiñuela política, vísperas como estamos de
elecciones, cuando la imaginación política se desborda?.
Aquí
en Ronda, parece que va en serio un programa de fomento del empleo para
los jóvenes, que con 200 millones de pesetas dará trabajo,
hasta el 30 de junio, a un total de 150 parados del municipio, que ha sido
seleccionado porque tiene más del 40 por ciento de tasa de paro.
De momento, el plan queda pendiente de que por los distintos grupos políticos
se decidan las diferentes acciones a realizar, que deberán ser obras
de interés general y social...
La ilusión
política es lo último que se pierde.
Me comenta un amigo, antaño visitador asiduo y supuesto conocedor,
por su menester, de la realidad económica de Alcalá, su asombro
y extrañeza ante el hecho de que una localidad con una población
más que medianita pudiera subsistir con tan deficientes y precarias,
según él, estructuras económicas.
Así
es el tópico maldito, del que no están exentos aquellos burócratas
y tecnócratas que dogmatizan y atribuyen a su antojo o convenio
las bolsas de marginalidad económica, triste privilegio compartido
por los cinturones de las grandes ciudades y las deprimidas zonas rurales
o de montaña, como es el caso que nos ocupa. En este aspecto, Alcalá
sigue siendo para ellos el típico pueblo de la Andalucía
serrana y profunda, anclado en una endémica escasez de recursos
y en una prácticamente nula capacidad de generar valor añadido.
Incluso
se atreven a formular y a establecer comparaciones, viendo en esta esquina
norte de la provincia de Cádiz, una especie de axis cuyos extremos
lo forman Puerto Serrano y el propio Alcalá, añadiendo complacidos
cómo en el primero de los dos casos, se ha fomentado enormemente
el cooperativismo de elaboración y comercialización
de productos del campo, lanzándose el personal a cultivar y a vender
fresas, en lugar de tener que irse a Huelva a la campaña de ese
mismo producto, o a Murcia al tomate, o adonde se encarte, a lo que
haga falta.
Entre medias,
sitúan estos expertos repartidores de subvenciones, por un lado
a Algodonales, al cual consideran en estado preagónico, muy del
estilo de Alcalá, y por contra, ponen de ejemplo a Setenil, con
sus fábricas de confección (bragas y demás), de quesos,
y su magnífica almazara. De lo que sea, dicen, con tal de salir
del marasmo económico y de la emigración.
Puede que
el verdadero problema resida fundamentalmente en la lejanía de los
centros de decisión política y en las difíciles comunicaciones.
También puede ser que los que pueden, no quieren, y los que quieren,
tampoco es que quieran mucho. En este sentido, cualquier iniciativa debe
ser acogida y amparada con el mejor de los entusiasmos, venga de quien
venga. Caer en el desánimo o el conformismo es la mejor forma de
darles la razón a quienes nos niegan desde sus despachos cualquier
futuro.
Desde
Ronda, que en absoluto es el paradigma de ningún desarrollo sostenible,
pero que tiene 800.000 visitantes al año adonde poder acudir, y
de los que poder vivir, se ven así las cosas. No son los políticos
al uso que no dan un palo al agua, ni los tecnócratas engreídos,
pagados de sí mismos y de los fondos públicos, ni los salvadores
del pueblo que crean falsas expectativas, ni los apáticos entendidos
en todo, que luego no quieren saber de nada, ni siquiera los poetas burgueses
con conciencia social, aunque tiene que haber gente pa tó. Somos
nosotros mismos los únicos dueños de nuestro futuro. Que
así sea.
Comienza
aquí una serie de artículos, que espero sean prolíficos
y abundantes, así como duraderos en el tiempo y en la aceptación
de los lectores, con la única pretensión de acercar un poco,
aunque sea en infinitésima parte, a dos pueblos que siguen manteniendo
lazos inmemoriales de hermanamiento y vecindad comarcal. Aunque separados
por esa línea fáctica e inevitable de la división
provincial, su íntima y afectuosa relación es evidente y
se hace patente en multitud de anécdotas y circunstancias que en
números venideros pasaremos a glosar.
De la mano
de José Manuel Dorado, gran dominador del lenguaje HTM de Internet
y joven promesa literaria, algún día sin duda adalid
de las letras andaluzas, vengo a dar con mis huesos en la encomiable aventura
cultural que supone la edición de este meritorio periódico
alcalareño. Así pues, tengan a bien consentir la intromisión
de un puretilla, amante del procesador de texto, de filiación rondeño,
en este proyecto tan eminentemente joven, y por tanto, de tan probada espontaneidad
y jovialidad.
No diría
que multitud, pero sí son bastantes los apellidos que pueblan esta
ciudad de Ronda, oriundos de Alcalá, tales como Guzmán, Rivera,
Gavilán, Morales, Montes, etc, que en distintas combinaciones han
dado lugar a una colonia más que extensa de alcalorondeños
(o arundoalcalareños, según se mire), y que ocupan hoy día
lugares destacados en la vida local de la capital de la Serranía,
plenamente dedicados con su esfuerzo personal y familiar al desarrollo
de su ciudad adoptiva, pero sin por ello olvidar los entrañables
lazos que les unen a su lar de origen, Alcalá.
De igual
forma, son innumerables las visitas de alcalareños a Ronda, debido
a su proximidad geográfica y a la mutua afinidad que provee
el hecho de pertenecer a un mismo entorno natural, histórico y cultural.
Podrían ser más, si como dije al principio no existiera esa
división administrativa que tan poco dice de quienes establecieron
la actual división provincial, sin tener en cuenta quizá
la pertenencia de poblaciones como Alcalá o Setenil a la comarca
natural de la Serranía de Ronda. Esta división nos lleva
a que por ejemplo, para determinadas gestiones, haya de irse a Ubrique,
en lugar de a Ronda, como vienen haciendo, por ejemplo, las gentes de Cañete,
que estando más lejos, ya pertenecen a Málaga.
Repasando
un viejo diccionario editado por la extinta Caja de Jerez, me encuentro
con lugares tan comunes en la Historia como la denominación que
un día tuvo Alcalá de Ronda, que viene a abundar en mi convicción
de que ambos pueblos están sólidamente hermanados desde siempre.
O la comunidad de poblaciones que formaban a principios del siglo XIX Alcalá,
Ronda, Marbella y Setenil, llamándose «de las cuatro hermanas».
Que así sea.
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