ALCALÁ Noticias
Periódico Mensual Independiente de Alcalá del Valle
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DESDE RONDA
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Desde Ronda
 © Alfonso López Domínguez, Alcalá Noticias, marzo de 2001

Este año está resultando bastante húmedo. No se puede decir si beneficioso o perjudicial, porque desde luego en la agricultura, lo que es muy bueno para algunos, resulta tremendamente perjudicial para otros. Pero, en términos generales, si convenimos que el agua es un bien escaso y de extraordinario valor, podría afirmarse que lo que abunda no es malo, y que la abundancia de este liquido y vital elemento suele ser bienvenida y por supuesto agradecida.
 Sobre todo si tenemos en cuenta la situación de déficit hídrico generalizado que, según parece, se nos avecina. Los más agoreros ( y por tanto, seguramente, los más acertados), pronostican un cambio climático para las próximas décadas, cuyas consecuencias en nuestra zona mediterránea serán poco menos que catastróficas. Para ello se basan en sesudos estudios que han hecho desde la época de los dinosaurios, o casi, y parece ser que cada vez que se calienta la atmósfera, aquí nos toca padecer una sed inaguantable.
 Ciñéndonos al ámbito local, nos encontramos con que nuestra comarca es privilegiada en estos asuntos del agua. Relativamente, porque en cuanto a cantidad no hay duda, pero es que nuestro clima, tan estacionario, es que se las trae. De un año a otro, de una vertiente a otra, las diferencias son tan abismales que llegan a dar vértigo, y el resultado siempre da pérdidas en cultivos, pastos, y calidad de la vegetación, sometida a situaciones de estrés terminal, salvada a veces por la campana, como ocurrió por ejemplo en el año agrícola 98-99.
 Alcalá se ve favorecida por ese magnífico convector de borrascas y temporales que es la Serranía de Ronda y Grazalema, donde se dan las mayores precipitaciones de la Península. En cantidad, claro, porque como hemos dicho, todas las aguas caen de golpe, cuando y como quieren. En el caso de Alcalá, se forma una especie de manga (muy ancha, por cierto) amplia y ascendente, que retiene gran cantidad de la humedad atlántica, sin contar la caldera térmica que se forma en verano y que favorece la aparición de tormentas, algunas de ellas importantes. Por el contrario, en municipios cercanos, como Olvera o Puerto Serrano, por un lado, o Arriate, Cañete o Teba, por el otro, las precipitaciones son sensiblemente menores.
 Con el ejemplo del nefasto año 1999, vemos que entre enero y agosto sólo cayeron en Alcalá del Valle 215 litros por metro cuadrado, arrastrando además un anterior otoño seco, con lo que la situación llegó a ser extrema. Sin embargo, una vez más ocurrió el milagro, y en el otoño siguiente, cayeron 489 mm, más del doble que en el resto del año, con lo que acabó esa anualidad con 704 mm, cantidad aceptable para un período anual medio y que salvó al final la situación. Pero es que sólo en octubre cayeron 230 mm, más que en los ocho meses anteriores. Los datos de Olvera, que está tan cerca, son aún más llamativos, pues hasta septiembre sólo cayeron 141 mm, y luego, de golpe, 380 litros, de los cuales 231 en octubre, hasta llegar a los 521 anuales.
 Si en el 95-96 ocurrió igual, incluso más a lo bestia, y cada vez parece que ocurrirá con más frecuencia, la pregunta es sencilla ¿estamos preparados para estas situaciones?. Los sabios eruditos, políticos, funcionarios, técnicos y demás responsables, tienen la respuesta. Nosotros, mientras tanto, a pasar sed o a ahogarnos, según toque.


Desde Ronda
 © Alfonso López Domínguez, Alcalá Noticias, enero de 2001

Llevamos aquí en Ronda año y medio ya de legislatura municipal y la cosa parece supuestamente estabilizada y firme en el plano político, una vez pasados los sustos propios de las primeras etapas del famoso pacto tripartito. Bueno, famoso puede que no, pero ruidoso sí que lo ha sido. Resulta que este Ayuntamiento rondeño es lo más parecido a una jaula de grillos, y la calma que actualmente padecemos seguramente vendrá seguida de algunas tormentillas antes de que se produzca el temido/ansiado relevo de alcaldes allá para principios de julio de este año que comienza.
Respecto al pacto, sigue siendo curioso y tema para estudio el hecho de que dos formaciones más un cuarto y mitad de una tercera formación, supuestamente antagónicas, se hayan reunido en curioso convite para administrar la política local. El motivo archisabido no fue nunca la intención de aunar esfuerzos para entre todos sacar adelante ideas o proyectos comunes. Se ha puesto de manifiesto durante este año y medio pasado, en que los boicoteos mutuos han sido de campeonato.
Más bien al contrario, la única razón que llevó a estas formaciones a agruparse en lo que alguno considera aún como un pacto anti natura, fue la presencia de un terror, peligro, fantasma, enemigo, espanto, supuesto o real y que vino a amedrentarlos de tal forma que prefirieron soportarse mutuamente aunque mal avenidos y dando variados escandalitos antes que dejarse llevar por la riada que supuso el triunfo electoral del GIL aquí en Ronda.
Se podría decir que para no hundirse ni ahogarse, los tres firmantes del pacto, PP, PSOE e IU se agarraron al cuello unos de otros, con lo cual el sofoco ha debido ser y debe seguir siendo bastante agudo y por ende, molesto, molestísimo, aunque ellos no lo reconozcan y respondan muy serios o con leve sonrisita que no, que Ronda también va bien.
Pero lo más gracioso de todo es que aquel lobo feroz que tanto les amedrentó, ha resultado ser un escuálido y tiñoso perrito que al poco de iniciarse la legislatura, salió corriendo, disolviéndose casi entre unos tránsfugas que pasaron a formar un grupo mixto con ellos mismos y el resto del personal que continuó espantando moscas como si tal cosa.
Con todo lo cual, la moraleja parece clara. Por una parte, no se corresponden los votos con la realidad de lo que ocurre después en la corporación local. Por otra, es menester ver cómo pueden formarse después las combinaciones habidas y por haber para perpetuarse unos en el poder y para conseguir otros una parcelita que de otra forma, desde luego por la voluntad popular, nunca hubieran conseguido.
 Así que ya pueden venir siglos y milenios, que la cosa parece que no cambia y al final es la sopa boba y el aquí me las den todas los únicos principios que adornan y animan la demacrada, acartonada y raquítica montura sobre la que cabalgan nuestros destinos municipales.
 Una de las pocas esperanzas que nos quedan, es la de una prensa libre y espontánea. Libre de mediatizaciones e intereses más o menos bastardos. Libre de sumisiones con pago previo vía subvenciones y otras prebendas. Libre de ser correa de transmisión propagandística al servicio de los nuevos señoritos de siempre, fieles devotos del pesebre es mío y si no, aquí te espero.
 Otra esperanza es que nos toque a alguno una primitiva, o los ciegos, o un décimo, o lo que sea.



Desde Ronda
 © Alfonso López Domínguez, Alcalá Noticias, noviembre de 2000

Me gustaría conocer personalmente a una persona, valga la redundancia, gran periodista y pizpireta, elegante y magistral conductora de programas en la tele, que ha tenido últimamente la virtud de destapar la caja de los truenos en esta profesión, oficio, vocación o jilipollez absoluta que consiste en el arte de escribir cosas para que otros la lean (o que no la lean, pero que compren el libro, la revista o el periódico, que ya alguien se ganará sus buenos cuartos).
Me gustaría preguntarle cómo se le ocurre confiar en un cuñado traidor para que le copie, modifique o mejore sus manuscritos, cuando todo el mundo sabe que los cuñados lo más que estamos es para corregir, modificar o mejorar  la declaración de renta de nuestros respectivos hermanos o hermanas políticos.
A quién se le ocurre, doña Ana Rosa, encomendarle a un cuñao, y además blanco, tales trabajos, cuando todo el mundo sabe que los blancos somos por naturaleza aviesos, traidores y metepatas resentidos que odiamos el triunfo de nuestros allegados por razón de parentesco derivado nada menos que de afinidad. Peor desde luego hubiera sido que en vez de a un cuñao se lo hubiera encargado a un yerno, cosa por otra parte impensable debido a la juventud de la interesada. Pero cabría preguntarse: si esto lo hace un cuñao ¿qué no hubiera hecho un yerno con su suegra?
Si usted supiera la cantidad de negros apañados que se pasan la vida, o se la han pasado en algún momento escribiendo cositas para otro u otra, y sin razón de parentesco alguno, a menos que la odiosa relación con el jefe o la jefa puedan considerarse de esta guisa... Si usted comprendiera que el término no es en absoluto peyorativo, y sí antiguo, antiguo como el mundo desde el primer día que un jeta firmó como suyo algo que no era suyo, y cobró dinero o parabienes por lo hecho con el esfuerzo ajeno.
Práctica más extendida de lo que sería sano y razonable, y no sólo en el mundo de la literatura, sino en cualquier otra faceta de las humanas actividades, aunque por la facilidad de suplantación, donde más proliferan es en esto de los escritos, estudios, dossieres e  informes en los que pululan estos lampreas viviendo a costa de los demás, tanto en la empresa privada como en la pública, y estoy completamente seguro de que bastantes personas, trabajadores de la pluma, bolígrafo o teclado, sabrán perfectamente a qué me refiero.
No vea usted como se adorna el personal con eufemismos tales como los de ”le pedí consejo y asesoramiento”, o “conté con su inestimable colaboración”. Con este cuento, e insisto que es práctica harto extendida, al personal se le escriben los discursos, se le redactan los informes, se le completan los estudios técnicos, a todo lo cual, el personal sólo tiene que añadir una firmita. Valiente indignidad.
Pero bueno, y volviendo al principio, es de lamentar que a tan gran profesional la hayan maltratado de esta forma. Tan solo decirle que mi próxima novela iba a titularse “Sabor a miel da”, y transcurría en el fondo del tajo de Ronda, pero ya no me atrevo, no vayan a pensar que he plagiado el título.



Desde Ronda
 © Alfonso López Domínguez, Alcalá Noticias, octubre de 2000

Tremenda decepción la sufrida en estos días a causa de la pobre actuación de nuestros deportistas en las olimpiadas de Sidney. Hemos llegado a creer que para conseguir once medallas, cuarenta y un diplomas y tres escapularios de la Virgen del Carmen, se han tenido que gastar la friolera de 30 mil millones. Cuántas hectáreas se pueden poner en regadío, cuántos invernaderos, cuántas viviendas y carreteras se pueden construir con esa cifra mil millonaria. De manera que han salido a unos tres mil millones la medallita. Podríamos decir, aún incurriendo en grosería, que los del Plan ADO, la han cag…ado. Más que deportistas tenemos diplomados, o sea, expertos en el arte de renovar la beca y a seguir estudiando. No es de extrañar que todo en esta vida se inicie con un estudio alternativo.
Como el estudio -faltaría más- del colector también alternativo, que tantas  frustraciones está produciendo aquí en Ronda en estos días.  En esta maratón del despropósito en que estamos empeñados los rondeños, plataforma al frente, llevamos hasta ahora los peores resultados posibles.
El sr. Alcalde superó el lunes pasado la marca de hacerse mil doscientos kilómetros marcha para no conseguir nada. A todo ésto, el grupo de cabeza contraatacó en la reunión del miércoles día 4 proponiendo un pleno para aprobar que el Ayuntamiento se gaste los dineros en el consabido estudio, puesto que no le bastan las promesas recibidas por el primer plusmarquista local en sus gestiones madrileñas. Por cierto, que si queríamos un compromiso por escrito del Ministerio de Medio Ambiente, supongo que se lo habremos vuelto a pedir también por escrito, mediante alguna propuesta de protocolo o cualquier otro medio recogido en el procedimiento entre Administraciones.
Porque normalmente, lo que se pide de palabra, se contesta también de palabra. Y a las palabras se las lleva el viento. Por eso en esa reunión del martes se acordó también escribir a la Junta por escrito para que reconozca el mamarracho de colector o tubito que ahora tenemos. Al final, nuestro primer atleta local, en veloz esprintar, se volvió a desmarcar comprometiéndose a arreglar el desaguisado de la urbanización alegal de La Planilla, previo requerimiento, por supuesto, por escrito, a la empresa constructora.
Con toda est historia, al final la única solución será que nos vayamos todos los que podamos al fondo del tajo, y al igual que en Móstoles un día 2 de mayo de 1808, armados de picos y palas, empecemos a cavar un túnel en el que quepa la vía de un tren, to recto, que pase por debajo de Ronda y que llegue justo hasta el pie de la depuradora.
A ver si en el empeño encontramos algún cántaro lleno de duros antiguos, como aquellos que en Cai dieron tanto que hablar. No sería mal reclamo a la hora de marchar todos, los políticos al frente, a escarbar en la dura roca en que se asienta la ciudad, a ver si con las uñas y el pelo logramos aquello que los burócratas de Madrid y Sevilla con tanto empeño nos niegan.
En lugar de esto, ya estamos construyendo el podio, fundiendo las medallas, imprimiendo los diplomas de quienes se apuntan ahora a salvar la situación, contra lo cual no hay nada que decir. Tan sólo preguntarse a cuánto nos va a costar cada medalla.



Desde Ronda
 © Alfonso López Domínguez, Alcalá Noticias, agosto de 2000

Llegadas estas fechas, volvemos a encontrarnos con el ya endémico problema de los fuegos en las fincas, lo cual desgraciadamente constituye uno de los signos distintivos de la tan en boga pseudocultura del desprecio a lo ajeno y de la falta absoluta de escrúpulos, de inteligencia, o de ambas cosas a la vez. Todos los veranos hay que volver a soportar esta plaga que daña o destruye  lo ajeno, incluyendo en este concepto lo que es común  o de todos.
Hay quien argumenta que toda esa inmensa cantidad de recursos humanos y materiales, que toda esa ingente pila de miles de millones que se destinan anualmente a la prevención y defensa contra incendios, no son al final más que una forma más de prestación de servicios públicos, que al fin y al cabo, mantiene operativos unos recursos tecnológicos privados o públicos y que genera a su vez muchos jornales y salarios entre el personal que se dedica a estas labores. Falacia absurda que no entiende cómo nuestra Comunidad, desprovista de fondos y dineros para tantas cosas necesarias, tiene que detraer estas enormes sumas para intentar evitar que el daño sea aún mayor.
Hay quien habla también de nuestra cultura mediterránea, amante y adoradora del fuego, que ha utilizado este elemento de forma tradicional para labores tanto agrícolas como de orden meramente lúdico o festivo. Cuánta pamplina y cuánta idiotez. El fuego es el enemigo público número uno de nuestros campos y nuestros montes, cuando cae en manos de negligentes, de psicópatas o de criminales, sin que exista más explicación de lo que anualmente ocurre que una insana, torpe y  repugnante actitud de aquellos individuos que desprecian absolutamente el  valor  de la vida, enemigos de la convivencia, necios sin principios y sin vergüenza alguna.
Cuando se pone en marcha un operativo de extinción, que piensen los causantes del incendio (si es que piensan), que por mucho cuidado que se ponga, por mucha preparación que tengan los que tienen que ir a apagarlo, siempre hay un riesgo cierto y ostensible que desgraciadamente, en ocasiones, acaba con la vida de alguna persona, de algún padre o madre de familia cuyo único delito ha consistido en la necesidad de trabajar para alimentarse y llevar una vida digna y honrada. En cualquier caso, estos trabajadores siempre arriesgan su integridad física luchando contra el fuego que otros han provocado.
Luego está el daño económico, evidente, inmenso, irrecuperable. Quién puede pensar a estas alturas que el monte, el medio físico (no digamos ya los cultivos o las viviendas),  no constituyen nuestra principal, por no decir casi única y verdadera riqueza natural. Por poner un solo ejemplo, el precio alcanzado por el corcho en la última subasta efectuada por el Ayuntamiento de Ronda. Otro ejemplo, el turismo rural, de ocio o de naturaleza, está adquiriendo un incremento y potenciando unas inversiones totalmente incompatibles con cualquier situación de inseguridad o amenaza.
Lo peor de todo es que los negligentes y descuidados, los criminales por interés o venganza, los psicópatas que cada verano inician el interminable carrusel de daño y miseria que asola nuestros campos y montes, a menudo actúan con la ventaja del ocultamiento o la nocturnidad, lo cual hace harto difícil descubrirlos o probar sus fechorías. Cuánta provocación, impunidad, cinismo y cuánto abuso. Cuánto daño absurdo y culpable.


Desde Ronda
 © Alfonso López Domínguez, Alcalá Noticias, junio de 2000

Cualquiera puede meterse a adivino en un momento dado y deducir a partir de indicios supuestamente evidentes lo que va a ocurrir en un plazo más o menos perentorio. Así pues, a cualquier Rapel de la economía le bastaría  con observar ciertas señales o signos de los que en la actualidad se están produciendo para augurar un futuro más que negro.
El primero de estos síntomas lo constituye la continuada, feroz y salvaje subida de los precios de los carburantes. Empezando por los gasóleos, cuya desenfrenada y atroz escalada de precios está dando al trate con las previsiones de muchas pequeñas economías, sobre todo en los sectores agrícola y de transportes, siendo la agricultura la principal damnificada al no poder repercutir la subida de los costes directamente en los precios de venta de sus productos. La única receta que de momento se nos ofrece desde la Consejería de Agricultura y Pesca es la de mezclar el gasoil con una determinada proporción de aceite de girasol. Por esta regla de tres, esperemos no tener que echarle gasoil a la tostá o al mollete.
Pero es que la repercusión de estos costes, en los sectores que sí pueden marcar los precios finales de sus entregas de bienes y servicios, produciría una escalada de precios difícilmente compatible con los objetivos de inflación en que se basan las actuaciones macroecónomicas de los poderes públicos encargados de este tema. Con una inflación al alza, fuera de madre, los planes de crecimiento y de creación de empleo se van al traste irremisiblemente.
Otro indicio que evidencia el cambio de tendencia, que esperemos sea coyuntural y no estructural, es la subida de los tipos de interés en los préstamos, especialmente con garantía hipotecaria. Cuando se revisan por los bancos, de un mes para otro nos encontramos con una subida de, pongamos, un punto, del 4'5 al 5'5 por ciento. Pero es que ese puntito, en un ejemplo real,  supone una subida real de un veintidós por ciento en el tipo de interés, casi el veintitrés en términos de coste efectivo remanente. Esto se traduce en una subida de un diez por ciento en el recibo del banco y que ahora se paguen más intereses y menos amortización, con lo que en vez de para adelante se va para detrás. Consecuencias previsibles de todo esto es una paradita en la demanda de inmuebles, y por tanto paradita en la construcción y en el mantenimiento de puestos de trabajo. Y a la larga, de continuar la misma tendencia, pues impagos de préstamos y ejecución de garantías.
Por si todo esto fuera poco, la época del desenfreno, que algunos llaman blanqueo, previa a la entrada del euro, está ya en su recta final. Lo que va a pasar de aquí a poco, cuando ya no exista esta necesidad de afloramiento de capitales, es algo que queda para trabajo de adivinos y nigromantes, porque lo que es el personal, o no se entera o no se quiere enterar, a pesar de haber pasado ya al menos dos veces en los últimos treinta años por lo mismo que sin duda ahora se avecina.



Desde Ronda
 © Alfonso López Domínguez, Alcalá Noticias, mayo de 2000

El trabajo siempre ha gozado de muy mala fama en nuestra cultura. No me refiero a nuestra cultura andaluza, a la cual se achacan muchos tópicos producidos por gentes ignorantes y mediocres. Tópicos por otra parte abundantemente desmentidos por quienes en los años de la emigración ayudaron a levantar las economías centroeuropeas de la posguerra, y de alguna que otra región (o “nacionalidad”) española de las que ahora presumen de estar más desarrolladas económicamente que las otras, cosa que ellas solas nunca hubieran podido conseguir. La emigración andaluza dejó bien sentado que los mejores trabajadores, los más honrados y fiables eran los que provenían de nuestra tierra. El retorno de la ínfima parte que les tocó a esos trabajadores en el reparto de la inmensa riqueza que ayudaron a crear, en forma de remesas de emigrantes, sirvió para disminuir un poco las distancias que habían ocasionado tantos siglos de insana discriminación. Pero aún seguimos con una lacra de retraso secular de la que no se ve por ninguna parte voluntad de erradicar. Con lo que algunos dieron en llamar tímidamente “deuda histórica” (que por cierto nadie aún ha pagado), no tendrían ni para empezar a pagar los réditos.
Pero volviendo al tema del trabajo y su mala fama en nuestra cultura, en su más amplio sentido occidental, o lo que sea, no hay más que ver la frase con que la mitología judeo cristiana adorna  la expulsión de nuestros primeros padres del paraíso terrenal: “ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Afortunadamente, la mayoría ni somos exégetas bíblicos ni nada parecido, así que nos podemos ahorrar la interpretación de esa frase. Pero seguramente tal frase se refería ya entonces más a la explotación del hombre por el hombre, a la acumulación ciega de capital, a la especulación salvaje,  a la miserable remuneración del trabajo, que a la propia necesidad de trabajar para lograr el sustento diario
Algunos sin embargo suponen que Adán y Eva también trabajaban para comer, porque ya es esfuerzo tener que alargar la mano para coger la manzana y luego masticarla. Son los insolidarios de siempre, los vagos y parásitos que con cualquier excusa escurren el bulto y viven a costa de los demás. Los que ni siquiera alargan la mano para coger la fruta, sino que mandan a otros a que se las traigan.
Historias aparte, lo cierto es que, de una forma u otra, el trabajo siempre tuvo mala fama, pero fue pasando de ser una cosa despreciable, propia de torpes y desventurados, a ser uno de los bienes más preciados y escasos, una necesidad social ineludible, debido sobre todo a que aún hay mucha gente que piensa que ésa es la única forma decente y honrada de ganarse la vida. Por eso no debería dejarse este bien tan necesario en manos exclusivas de las leyes del mercado.
Estamos en una época de supuesta expansión económica. Siguiendo con el símil bíblico, ya vendrán de nuevo las vacas flacas. Pobre del que para entonces no haya conseguido una cierta estabilidad en el empleo, con todas las movilidades funcionales que se quieran, pero estabilidad al fin y al cabo.
Después de todo, los pobres lo único que pedimos  es poder trabajar.



Desde Ronda
 © Alfonso López Domínguez, Alcalá Noticias, abril de 2000

Este año la Semana Santa cae un poco tardía. El tema es inevitable en este mes de abril, y me huelo que este periódico va a tratar abundantemente el mismo, por ser un  fenómeno religioso, cultural  y social de primera magnitud que adquiere carta de naturaleza y encuentra  su máxima expresión en los desfiles procesionales que se llevarán a cabo en los templos y calles de nuestras ciudades y pueblos. Tan sólo echar de menos las carencias que se observan en la actividad cofrade, como la falta de una acción social continuada a lo largo del año, uno de sus fines principales.
 Estamos lejos de las primeras cofradías del siglo XV, en que un mero acuerdo entre particulares, un grupo de fieles cristianos, movidos por su devoción y su deseo de hacer penitencia, era suficiente para constituir una Hermandad, sin más trámites ni complicaciones. Ahora, es indispensable la sujeción de la Hermandad a la regulación canónica, so pena de atenerse a las consecuencias. Está claro que aquellos primeros tiempos eran de mucha más religiosidad y muchísima menos burocracia que los de ahora.
 Sin embargo es ahora cuando esta antigua devoción está alcanzando su máxima expresión histórica. Esta es una época ecléctica, en la que se combinan el fervor de las primitivas reglas con el esplendor de la etapa barroca. Es igualmente hoy cuando esta manifestación religiosa adquiere su máximo valor cultural, debido en gran parte al impulso de los omnipresentes medios de comunicación.  Lo que se ve por las calles en estos días de Semana Santa son auténticas manifestaciones de fervor religioso, unidas a un increíble despliegue de tradición y cultura artística. Se trata de una  herencia estética y religiosa gestada y desarrollada durante más de cinco siglos.
Creación cultural, en el que nuestra Andalucía lleva una vez más la voz cantante. No sólo por esas estremecedoras saetas o la música sacra o incluso el clamor que acompaña a algunas imágenes, sino porque parece como si lo hubieran inventado expresamente para nuestra forma de ser, debido al contraste entre seriedad, orden, recogimiento, y la explosión de belleza y arte en imágenes y tronos, que hacen sentir hasta al escéptico o al agnóstico toda la emoción y trascendencia del momento.
Una tradición demasiado bonita como para que cuatro gamberros o desaprensivos la menoscaben o desprecien. En otras culturas, esta conmemoración propia del mundo judeo cristiano, se celebra de muy diferentes formas (Pascua, Easter) o simplemente no se celebra. Ello conlleva que multitud de personas que encuentran en estas fechas una excusa para disfrutar de unas pequeñas vacaciones, se desplacen en estos días a los distintos centros turísticos con la sola pretensión de descansar, de evadirse de los problemas diarios, sin que ello disminuya su condición de creyentes o aumente su condición de no creyentes.
Una cosa son las vacaciones de Semana santa, y otra cosa son los desfiles procesionales de las distintas Hermandades. Ni tienen por qué contradecirse ni por qué entorpecerse. Al contrario. Saber combinar el legítimo derecho a pasar unas buenas vacaciones con el respeto y la admiración hacia estas manifestaciones, supone incluso un valor añadido de formación y enriquecimiento moral y cultural para todos, propios y extraños. Creo que el estupor reflejado en la cara de cualquier turista tiene más valor humano que las pocas ganas o el cachondeo con que algún que otro nazareno se toma la cosa. Aunque sean excepción, debería llamárseles la atención.


Desde Ronda
 © Alfonso López Domínguez, Alcalá Noticias, marzo de 2000

Ya tenemos otra vez a cuestas y sobre nuestras espaldas la pertinaz sequía. Parece imposible que hayamos podido sobrevivir durante milenios en una tierra tan castigada por los fenómenos naturales, en la que a grandes inundaciones siguen dilatados períodos de seca que parece que van a acabar con el mundo conocido, pero quizá sea una de las razones que expliquen la tenacidad con que se caracterizan tantas de nuestras empresas. Forjados en la necesidad tantas veces extrema, en los adversos avatares de una Naturaleza hostil y despiadada con los más necesitados, nuestra gente se caracteriza, si por algo, por un recio empeño en soportar lo que le echen y en superar las dificultades, tenaces y pertinaces, como lo son las dificultades que nos amenazan.
Repasando la Historia, la de nuestros pueblos, no vemos más que la continuidad en la desesperada lucha por la supervivencia de las personas y hasta de los mismos pueblos, sistemáticamente explotados o expoliados en beneficio de unos pocos, que amparados en el abuso de ciertos derechos auto concedidos, esquilmaron también por sistema las riquezas naturales y humanas de nuestras tierras. Cuanto antaño venía una sequía de éstas, las hambrunas y la mortandad que provocaban eran terribles. La gente, desposeída de lo más mínimo, caía presa de enfermedades terribles, que hoy nos suenan a chino, a país tercermundista sumido en la miseria. Así fue nuestra comarca durante grandes épocas. El injusto reparto de la tierra, la usura como práctica habitual, la feroz defensa de las no menos injustas prerrogativas de unos pocos, sumían a la mayoría en el horrible desespero que sólo provocan el hambre y la enfermedad.
Mucho han cambiado las cosas. Pero no podemos olvidar, en esta época actual de relativo progreso y prosperidad económica, que algunas estructuras de la sociedad del privilegio y el desigual reparto de riquezas, siguen aún vigentes, y que es largo y arduo el camino hacia la igualdad y la justicia. Hoy día, los nuevos señoritos de la política, disfrazados de progresismo, los nuevos salvadores del pueblo, amenazan con instalarse en los lugares que dejaron los antiguos caciques, y como la sequía, vuelven recurrentes y pertinaces para agostar nuestros campos y nuestras vidas.
Desde Ronda, tierra de antiguos y nuevos señoritos, así se ven las cosas, esperando que las lluvias de esta ansiada primavera, borren los restos de suciedad de la política, los afanes de medro personal y  las componendas entre amiguetes que tanto afean la vida de los pueblos.
 Filosofías aparte, lo que parece seguro es que si no tomamos conciencia de un estricto y racional uso del agua, vamos a pasarlo realmente mal. Cualquier esfuerzo en este sentido debe ser premiado y potenciado, de manera que aseguremos un futuro más tranquilizador, alejando los fantasmas que despiertan las periódicas amenazas que suponen estas sequías, unidas a nuestro demencial despilfarro de tan preciado elemento. Tenemos que aprender que incluso cuando a nosotros nos sobra, a otros les falta.


Desde Ronda
 © Alfonso López Domínguez, Alcalá Noticias, febrero de 2000

Es difícil para el poeta sustraerse al uso, cuando no la manipulación de su obra literaria por parte de quien tiene interés en todo menos en la literatura. A menudo se politizan la obra y la vida de escritores comprometidos, que algún día en sus fructíferas existencias tomaron conciencia de la realidad social y postularon por un cambio de la misma que propiciara el desarrollo de la justicia y la vuelta a un necesario equilibrio, alejando tanta desigualdad y tanto egoísmo como caracterizan a las distintas sociedades humanas. Porque ningún colectivo parece estar exento de estos lugares comunes a la humana condición que suponen la apetencia de poder personal, el acaparamiento de riquezas y la insolidaridad.
Pues bien, si ponemos la radio o la tele o leemos un periódico, raro será no escuchar o leer a uno de estos señores de la cosa pública hablando en nombre propio o en representación del grupo a que pertenecen, y aprovechándose, es decir, usando y abusando en provecho propio y de su respectiva ideología, de la imagen de tal o cual poeta, escritor o dramaturgo. En nuestra reciente historia, tan caracterizada por la influencia de la Generación del 27, la segunda época dorada de la literatura española (léase andaluza), se han visto numerosos ejemplos en este sentido. Tanto arrimar el ascua a la sardina propia, deja a veces indefensos a la figura, la obra y el arte literario del autor utilizado.
Porque apenas se preocupan de la persona, de ahondar en el estudio biográfico de la figura humana, de su entorno histórico y de los condicionantes que le llevaron a tomar posición ante los acontecimientos y las realidades que le rodeaban cuando primero gestaba y más tarde engrandecía su obra irrepetible. Dejan a un lado la auténtica calidad artística y humana de esa obra, tratando de salvar en cambio lo que de utilizable tenga a favor de sus respectivos postulados políticos. Tratan de obviar, en definitiva, el patrimonio cultural y la aportación al acervo común que suponen la obra poética, intentando reducirlo todo a un manifiesto más o menos panfletario
No quiero referirme a ningún personaje en concreto, pero seguramente se adivinará en la intención de estas palabras, una alusión directa y no velada a nuestro gran poeta paisano, admirado Rafael, que hace poco nos abandonó, dejándonos huérfanos de su canción pura y de su diáfana visión de las cosas que nos son tan familiares, aún a la gente de tierra adentro, pero que también soñamos con el olor a salitre y con el azul intenso de la mar originaria.
Aunque tu voz resuene en el nivel del mar gaditano, sus ecos llegan hasta las más recónditas serranías de tu tierra, que tanto saben de poetas y de humanas fatigas.
Aquí en Ronda, como en tantos otros sitios, se programan actos en honor del activista o del político comprometido, disfrazados de homenajes al poeta. Pero no nos engañemos.
Tal vez el hombre sí. Pero el poeta no puede ser utilizado ni por unos, ni por otros, porque su poesía, la Poesía, por ser intrínsecamente suya, lo es de todos.


Desde Ronda
 © Alfonso López Domínguez, Alcalá Noticias, diciembre de 1999

Existe un adjetivo muy al uso en la terminología de las personas que se dedican y generalmente viven de lo público (y generalmente, bastante bien, por cierto), y que es una especie de epíteto o coletilla muy frecuente en sus discursos e intervenciones para que todo el mundo les oiga. Se trata del vocablo “político”, que desde siempre se ha venido usando para definir precisamente a esas personas que como digo se dedican a lo público con mejor o peor fortuna, así como a las actividades que realizan en el manejo de lo suyo, que, mira por dónde, es lo de todos. También sirve para aplicarlo a los parientes por afinidad, es decir, al suegro, la suegra, los yernos, las nueras y demás, que, aunque no lo parezca, tienen su gran parte de política, si bien en estos casos se trata de política familiar.
Pues bien, si ponemos la radio o la tele o leemos un periódico, raro será no escuchar o leer a uno de estos señores de la cosa pública endosando el tal adjetivo a multitud de cosas, sobre todo a las cualidades humanas. Así por ejemplo, suelen hablar de “vergüenza política” o de “valentía política”, como si éstos y otros atributos del alma humana entraran en una categoría especial y aparte de lo común cuando se embarcan (a veces, embarran) en la peculiar aventura... política de  los que practican tan noble arte. Como si no supiera todo el mundo que la vergüenza ni es política ni es torera. Simplemente, es o no es. Se puede ser valiente o cobarde, honrado o sinvergüenza, con o sin voluntad política de serlo.
Incluso mencionan una verdad política, que políticamente se tergiversa. Luego está el zagalillo político mentiroso, al que de tanto mentar en vano al lobo, nadie le echa cuentas al final, aunque todos le escuchan... por si acaso. Una falsa promesa política fue, por ejemplo, la de aquellos ochocientos o mil puestos de trabajo que ofertaba una conocida opción política hace ya algunos años. Ellos no querían engañar, lo que pasa es que pronunciaban muy rápido, comiéndose una letra, de forma tal que sonaba como ochocientos mil.
En estas estamos, cuando el gobierno actual nos promete que de aquí a dos años, todos los parados cobrarán una prestación, un subsidio, o una remuneración por asistir a cursos de formación o trabajos en prácticas. Todos los parados, todos. ¿Será otra triquiñuela política, vísperas como estamos de elecciones, cuando la imaginación política se desborda?.
Aquí en Ronda, parece que va en serio un programa de fomento del empleo para los jóvenes, que con 200 millones de pesetas dará  trabajo, hasta el 30 de junio, a un total de 150 parados del municipio, que ha sido seleccionado porque tiene más del 40 por ciento de tasa de paro. De momento, el plan queda pendiente de que por los distintos grupos políticos se decidan las diferentes acciones a realizar, que deberán ser obras de interés general y social...
La ilusión política es lo último que se pierde.
 
 


Desde Ronda
 © Alfonso López Domínguez, Alcalá Noticias, noviembre de 1999

    Me comenta un amigo, antaño visitador asiduo y supuesto conocedor, por su menester, de la realidad económica de Alcalá, su asombro y extrañeza ante el hecho de que una localidad con una población más que medianita pudiera subsistir con tan deficientes y precarias, según él, estructuras económicas.
Así es el tópico maldito, del que no están exentos aquellos burócratas y tecnócratas que dogmatizan y atribuyen a su antojo o convenio las bolsas de marginalidad económica, triste privilegio compartido por los cinturones de las grandes ciudades y las deprimidas zonas rurales o de montaña, como es el caso que nos ocupa. En este aspecto, Alcalá sigue siendo para ellos el típico pueblo de la Andalucía serrana y profunda, anclado en una endémica escasez de recursos y en una prácticamente nula capacidad de generar valor añadido.
Incluso se atreven a formular y a establecer comparaciones, viendo en esta esquina norte de la provincia de Cádiz, una especie de axis cuyos extremos lo forman Puerto Serrano y el propio Alcalá, añadiendo complacidos cómo en el primero de los dos casos, se ha fomentado enormemente el cooperativismo de  elaboración y comercialización de productos del campo, lanzándose el personal a cultivar y a vender fresas, en lugar de tener que irse a Huelva a la campaña de ese mismo producto, o a Murcia al tomate, o adonde se encarte,  a lo que haga falta.
Entre medias, sitúan estos expertos repartidores de subvenciones, por un lado a Algodonales, al cual consideran en estado preagónico, muy del estilo de Alcalá, y por contra, ponen de ejemplo a Setenil, con sus fábricas de confección (bragas y demás), de quesos, y su magnífica almazara. De lo que sea, dicen, con tal de salir del marasmo económico y de la emigración.
Puede que el verdadero problema resida fundamentalmente en la lejanía de los centros de decisión política y en las difíciles comunicaciones. También puede ser que los que pueden, no quieren, y los que quieren, tampoco es que quieran mucho. En este sentido, cualquier iniciativa debe ser acogida y amparada con el mejor de los entusiasmos, venga de quien venga. Caer en el desánimo o el conformismo es la mejor forma de darles la razón a quienes nos niegan desde sus despachos cualquier futuro.
 Desde Ronda, que en absoluto es el paradigma de ningún desarrollo sostenible, pero que tiene 800.000 visitantes al año adonde poder acudir, y de los que poder vivir, se ven así las cosas. No son los políticos al uso que no dan un palo al agua, ni los tecnócratas engreídos, pagados de sí mismos y de los fondos públicos, ni los salvadores del pueblo que crean falsas expectativas, ni los apáticos entendidos en todo, que luego no quieren saber de nada, ni siquiera los poetas burgueses con conciencia social, aunque tiene que haber gente pa tó. Somos nosotros mismos los únicos dueños de nuestro futuro. Que así sea.


Desde Ronda
 © Alfonso López Domínguez, Alcalá Noticias, octubre de 1999

 Comienza aquí una serie de artículos, que espero sean prolíficos y abundantes, así como duraderos en el tiempo y en la aceptación de los lectores, con la única pretensión de acercar un poco, aunque sea en infinitésima parte, a dos pueblos que siguen manteniendo lazos inmemoriales de hermanamiento y vecindad comarcal. Aunque separados por esa línea fáctica e inevitable de la división provincial, su íntima y afectuosa relación es evidente y se hace patente en multitud de anécdotas y circunstancias que en números venideros pasaremos a glosar.
De la mano de José Manuel Dorado, gran dominador del lenguaje HTM de Internet y joven promesa  literaria, algún día sin duda adalid de las letras andaluzas, vengo a dar con mis huesos en la encomiable aventura cultural que supone la edición de este meritorio periódico alcalareño. Así pues, tengan a bien consentir la intromisión de un puretilla, amante del procesador de texto, de filiación rondeño,  en este proyecto tan eminentemente joven, y por tanto, de tan probada espontaneidad y jovialidad.
No diría que multitud, pero sí son bastantes los apellidos que pueblan esta ciudad de Ronda, oriundos de Alcalá, tales como Guzmán, Rivera, Gavilán, Morales, Montes, etc, que en distintas combinaciones han dado lugar a una colonia más que extensa de alcalorondeños  (o arundoalcalareños, según se mire), y que ocupan hoy día lugares destacados en la vida local de la capital de la Serranía, plenamente dedicados con su esfuerzo personal y familiar al desarrollo de su ciudad adoptiva, pero sin por ello olvidar los entrañables lazos que les unen a su lar de origen, Alcalá.
De igual forma, son innumerables las visitas de alcalareños a Ronda, debido a su proximidad geográfica y a la mutua afinidad  que provee el hecho de pertenecer a un mismo entorno natural, histórico y cultural. Podrían ser más, si como dije al principio no existiera esa división administrativa que tan poco dice de quienes establecieron la actual división provincial, sin tener en cuenta quizá la pertenencia de poblaciones como Alcalá o Setenil a la comarca natural de la Serranía de Ronda. Esta división nos lleva a que por ejemplo, para determinadas gestiones, haya de irse a Ubrique, en lugar de a Ronda, como vienen haciendo, por ejemplo, las gentes de Cañete, que estando más lejos, ya pertenecen a Málaga.
Repasando un viejo diccionario editado por la extinta Caja de Jerez, me encuentro con lugares tan comunes en la Historia como la denominación que un día tuvo Alcalá de Ronda, que viene a abundar en mi convicción de que ambos pueblos están sólidamente hermanados desde siempre. O la comunidad de poblaciones que formaban a principios del siglo XIX Alcalá, Ronda, Marbella y Setenil, llamándose «de las cuatro hermanas». Que así sea.


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