Apuntes de Historia Medieval Entre el siglo VIII y el XV pasaron demasiadas cosas que se han olvidado o se han destruido, sobre todo recientemente ( antes no había retroexcavadoras ).

 
Iglesia Rupestre Mozárabe de la Virgen de la Cabeza (S IX-X)
LOCALIZACION: desde el Barrio de San Francisco de Ronda, 0'4 km por la carretera de Algeciras. Tomar carril a la derecha: 2 Km hasta el monumento.
HORARIOS: Lunes a viernes: de 10 a 18 h en otoño-invierno, y de 10 a 19h en primavera verano
Sábados, Domingos y festivos: de 10 a 15 h
Más Información: Hermandad de la Virgen de la Cabeza de Ronda.

 

EL EXTRAÑO CASO DEL TAMPÓN DISTRAÍDO

 

DIVULGACIÓN O FALTA DE RESPETO
© Alfonso López Domínguez
Artículo publicado en la revista "Puente Nuevo", del Centro Andaluz de Ronda. Junio 2004

Está bien que determinados conceptos, efemérides y realidades históricas se divulguen e incluso vulgaricen para favorecer un mejor conocimiento del propio presente, de tal forma que muchas circunstancias de la actualidad se pueden explicar mejor si conocemos los orígenes y el desarrollo de los acontecimientos que las precedieron. Tal es el caso de alguna serie de la televisión estatal, como la denominada "Memorias de España" de García de Cortázar, catedrático en Deusto, que incluso motivó una queja del B.N.G, o la bien llamada "Andalucía es de cine", con narraciones de auténtica pena, por mucho que sean de José Manuel Caballero Bonald, nativo de Jerez de la Frontera. Por último, también tenemos libros como el titulado "La aventura de los romanos en Hispania", de Juan Antonio Cebrián, natural de Albacete.
En este terreno, el de la divulgación vulgarizante, cabe deducir que efectivamente la narración histórica se acerca más a la novela de aventuras que a la descripción científica, circunstancia al parecer necesaria para no perder precisamente el componente didáctico que se pretende. Lo que ocurre en estos casos es que se hace más evidente que nunca aquello de que cada uno cuenta la feria según le va, dicho sea sin dudar en ningún momento de la experiencia, especialización y documentación de los autores.
En nuestra época, con tantos sentimientos localistas rayando en lo prosaico, con tantos pseudo nacionalismos encubriendo simples afanes mercantilistas, con tanto predicado autonomista por parte de poderes centrales que no creen en lo que dicen, resulta muy difícil contar algo que concierne a todos, sin incurrir necesariamente en tópicos o exclusiones más o menos molestas o hirientes para quienes se den por aludidos u omitidos.
Situación que se evidencia con suma nitidez cuando se unen a lo escrito, lo hablado y gesticulado en un medio de difusión tan obviamente visual como es la propia televisión. Es el caso de la entrevista emitida hace unos días, en la que el citado Cebrián promociona y hace un gracioso panegírico de su libro, siendo eficazmente auxiliado por Carlos Dávila en su empeño divulgativo. 
Sabido es que casi todo el actual territorio de la Baja Andalucía se encuadraba dentro de los límites de la provincia Bética, según fue creada por Augusto, ya que estaba constituida por el centro y oeste de la Andalucía moderna, sur de Extremadura y parte de Ciudad Real, y fue la más romanizada, o latinizada, de las distintas regiones ibéricas, hecho que posibilitó su continuidad clásica con Bizancio, sin que se interrumpiera el nexo hasta nuestros días, a través de la tradición visigoda y mozárabe (vocablo encantadoramente confundidor). Todo lo que vino después, incluso el propio idioma que hablamos, nos une directamente a todo ese mundo que no por antiguo deja de seguir mostrándose perviviente en nuestra cultura.
Circunstancia extensiva a la parte mediterránea de nuestro territorio, y a toda la zona que, por su abrupta orografía, merece el nombre de Alta Andalucía, es decir, todo el entramado que conforman las Sierras Béticas, dentro del cual, en su extremo occidental, se encuentra la actual ciudad de Ronda. Esta división orográfica, incluso administrativa en tiempos de Roma y definitivamente política en tiempos del reino de Granada, es esgrimida constantemente por los eternos disgregadores de la realidad sociopolítica andaluza según la conocemos hoy.
No vamos a repetir la glosa de personajes tan notorios como los sevillanos Trajano y Adriano, los cordobeses Séneca y Lucano, el onubense Pomponio Mela o el gaditano Columela (Lucio Junio Moderato), de los que tanto se ha escrito y por tanto, lo que se diga de ellos a partir de ahora es tarea de eruditos y expertos.
Pero sí podemos detenernos en el afán vulgarizador de todos estos autores contemporáneos nuestros que tratan un poco frívolamente a estas figuras históricas y a sus circunstancias, que diría el madrileño Ortega y Gasset, otro del que casi nadie se acuerda, y que quizá por haber estudiado el bachiller en el colegio jesuita del Palo, debía pensar que todos los andaluces eran cenacheros, o algo así. Es en este terreno del tópico donde se instala el divulgador, y en su loable intento de explicar la Historia de forma amena y didáctica, termina por convertirse en guionista del Canal Sur, mejor dicho Canal Folklórico del Sur, todo lo cual resulta muy ameno y divertido, pero muy vacío de contenido. Cutre, tal vez.
Por ejemplo, creo recordar que nuestro admirado Cebrián hizo sus alusiones a las puellae gaditanae, incluso adornando la referencia con alguna gesticulación mimética de las que acaban en caricatura y, aclarando que eran muy cotizadas en las fiestas privadas romanas, las hace antecesoras nada menos que del flamenco (no es el único que lo dice), debido a sus "raros contoneos". A este respecto, tan sólo tengo que recomendar el trabajo de la investigadora Ana Mª Jiménez "Cultos fenicio-púnicos de Gadir: prostitución sagrada y puellae gaditanae",  publicado en el num. 32 de la revista Habis.
Luego habla el sin par Cebrián del garum, una salsa asquerosilla según él, ketchup de la época, producto típicamente gaditano, también según él, cuando en realidad se elaboraba en toda la cuenca mediterránea, desde Baelo Claudia (primera colonia latina de libertos) hasta Pompeya, pasando por Cartagena, y era una especie de escabeche cotizadísimo en la época. Pero no habla del vinum gaditanum, ni del vinum ceretensis, no vaya a ser que haga alguna propaganda indebida de productos andaluces que aún siguen teniendo fama mundial: el vino de Jerez.
Por fin menciona a uno de los emperadores hispanos, me parece que dijo Trajano, pero no estoy seguro porque alguien hizo ruido con una puerta, pero es igual. Tengo entendido que el ceceo es un fenómeno relativamente reciente en nuestra lengua, en su evolución entre los siglos X y XVI, pasando de las cuatro sibilantes de entonces a los dos fonemas sordos de la actualidad. Pero, resulta evidente que el fenómeno este del ceceo ha encandilado siempre a gente tan graciosa, sutil y selecta como el clérigo Baltasar Gracián: "Zezeaba uno tanto que hazía rechinar los dientes y todos convinieron que era andaluz o gitano" ( El Criticón de 1651). Ver interesantes estudios de Luis Carlos Díaz Salgado, Universidad de Sevilla.
Resumen: ocho siglos de cultura clásica, reducidos a un emperador que cecea, unas fulanillas que bailan en las fiestas de los señoritos romanos, y un mejunje pestoso llamado garum. Así da gusto divulgar la Historia, dando cambayás, y teniendo como muletas, de una parte, la falta de respeto, y de otra, la insana delectación por el tópico chabacano, esquemas mentales más arraigados por ahí de lo que comúnmente estamos en disposición de aceptar. Pues qué bien.

BOBASTRO (S IX-X)
Bobastro

BOBASTRO ( EL OTRO LEGADO )  © Alfonso López Domínguez

Con independencia del lugar donde efectivamente se encuentre tan mítico lugar, voy a centrar este ensayo en el sitio, cercano a Ardales, donde la mayoría de autores y los recientes descubrimientos aciertan a señalar como el centro neurálgico de la rebelión generalizada en que desembocaron las convulsiones que asolaron durante los siglos IX y X al nuevo estado islámico nacido en el año 711. Puede que a este período le quepa el honor de permanecer para siempre en el mito, es decir, entre las brumas que separan por una parte el conocimiento científico de la  Historia, y por otra, la expresión de opiniones que se ofrecen con caracteres de presunción imaginativa, no como resultado de una investigación racional. Esto es, no fundamentadas por prueba razonable o por su contradicción. Circunstancia extensiva a toda la amplitud de nuestra Edad Media, cuyo análisis en épocas recientes se ha regido por la ley del péndulo, pasando de mostrárnosla o bien como un dilatado período de continuas luchas forjadoras de espíritus nacionales, o bien salpicándola de idílicos ejemplos de tolerancia y paradigmas de convivencia. Ni tanto, ni tan calvo. La relación de datos y fechas que se relacionan a continuación, está tomada de obras de “arabistas” hispanos y extranjeros, exegéticas a su vez, ora de las crónicas medievales escritas por cortesanos islamitas, ora de la escasa producción literaria que se conserva de los propios mozárabes sublevados o no. 
Tengo que encontrar las fotos que hice de estos parajes hace unos treinta años, mucho antes de las excavaciones en 1986 de Puertas Tricas, cuando el lugar sólo era conocido por algunos iniciados, aparte de los lugareños, los ingenieros y operarios de las presas hidroeléctricas, las grajillas y los pajarracos. 
Hoy día, nada parece advertir el tremendo contenido histórico y la enorme carga legendaria que encierran estos mismos parajes y que contrastan con el continuo aluvión de domingueros incontrolados y el obsceno estado de abandono en que se encuentra el yacimiento visitable. Partiendo de la feraz vega de Álora, asoma el primer contrafuerte de las interminables Serranías que componen una larguísima muralla natural desde Grazalema en Ronda hasta Gádor en Almería, y que en este lugar se quiebran para dar paso al Guadalhorce a través del Desfiladero de los Gaitanes. A mano izquierda de la carretera que sigue hacia Ardales, subiendo, aparecen unos cerros de pizarras, oscuras areniscas o margas blanquecinas pobladas por pinares viejos o por rodales de pinitos carrascos en trance de regeneración. Un lugar intrincado pero amplio, con algunas navas interiores, atalaya natural que domina todas las llanuras por donde lógicamente aparecerían las tropas de los ilustres emires.
En la falda de uno de ellos, unos vestigios rupestres excavados en la blanda roca nos hablan de unas comunidades mozárabes que poblaron el lugar hace más de mil años. En la cima, un ominoso pantanuelo que aprovecha la energía eléctrica sobrante para nutrirse de los grandes embalses, apenas nos deja espacio para contemplar los vestigios de una vieja muralla, construcción casi imperceptible, que debió ser un antiguo castillo o fortaleza totalmente derruído, con saña desmedida, hasta sus cimientos. Para llegar al yacimiento, un caminito sin señalizar parte desde la carretera hasta topar con una detestable valla metálica que rodea el recinto. Senda o vereda en ofensivo estado de abandono, con márgenes sin desbrozar, y viejos pinos caídos y secos, no menos secos que el ramaje que pende hasta la altura de los viandantes. La imagen llega al paroxismo cuando alguno de estos vagabundos de fin de semana veraniego, enciende el consabido pitillo o cigarrito en medio de toda esta inmensa hojarasca.
Sobre el continuo ulular del viento, que en esta cima transita con inusitada fuerza, frescachón, desagradable y húmedo en invierno y abrasador y sediento en el estiaje, sobre los pastos y matorrales adornados por la silueta retorcida de escasos chaparros y algarrobos, sobre la inmensa soledad de estas lomas inhóspitas y mancilladas por las recientes obras y necedades humanas, sobre todas estas cosas, nace y se yergue la leyenda de una figura y unos hechos mal contados y apenas interpretados por la Historia. 
Al contrario que en Peña Amaya, donde “la oligarquía reinante se entregó sin resistencia al incontenible alud musulmán”, en estas Mesas de Villaverde (1), durante cerca de 50 años, un puñado de bandidos para unos, héroes para otros, desafiaron y resistieron a la dinastía de origen iraquí que ya entonces regía con poder absoluto, aunque con grandes dificultades, gran parte de lo que hoy llamamos España. Su estructura de poder, tomada de los visigodos y heredada de los primeros gobernadores, convertía a estos emires en tiranos autócratas, unas veces dúctiles bonachones, otras veces crueles represores. Respecto a su concepto de tolerancia, con todo y ser desconocido por los reyes cristianos de la época, dista mucho del que manejamos hoy día. (2). Por otra parte, la contestación mozárabe fue persistente y tenaz durante el siglo IX. (3)
Las ruinas de esta fortaleza y del conjunto rupestre que las rodean, están íntimamente ligadas a la vida y aventuras de Umar Ibn Hafs Ibn Chafar (Omar Ben Hafsún) quien nació en Ronda o en Parauta (o en Riogordo, vaya usted a saber), en la aldea de la Torrichuela, y en el seno de una familia muladí, de nobles antepasados godos, quizá descendientes del rey visigodo Witiza, por ejemplo. 
La historia de Omar comienza mal, con un incidente sangriento que le obliga a huir de la justicia a unas inaccesibles montañas junto al reciente conjunto de embalses que forman el Guadalhorce y el Guadalteba, en una meseta actualmente llamada Mesas de Villaverde (1), a la cual se accede, como dije antes, desde Álora o desde Ardales. Allí se refugió en las ruinas de un viejo castillo o castrum que llegará a ser el mítico e inexpugnable Bobastro (historias parecidas se repetirán, siglos más tarde, a otro nivel, en la época del bandolerismo decimonónico). Capturado por el walí de Málaga, Umar es azotado y huye al norte de África, donde según el mito trabaja como aprendiz de sastre y un anciano le indica que está predestinado a ser el libertador de los andaluces frente a la tiranía de los emires. 
En el 880, regresa y reúne una partida de amigos y descontentos con los que repara el castillo de Bobastro y empieza a realizar incursiones por la comarca, que se van extendiendo por toda la región penibética, desde Rayya hasta Elvira. 
En el año 883, ante la amenaza que ésto supone para el Gobierno central de la época, el emir de Córdoba Muhammad I (4), envía un fuerte ejército para reducirlo, pero Omar se rinde y entra al servicio del emir con sus hombres. Dentro del ejército omeya participa en incursiones incluso por tierras de Álava. Dos años más tarde, harto de Córdoba y de su aristocracia, vuelve a su vida rebelde y regresa de nuevo a Bobastro junto con cientos de partidarios unidos contra esa misma aristocracia y sus adláteres de origen foráneo que los sometía. 
En el año 888, un nuevo emir, Al-Mundhir (5), envía a tres de sus mejores generales para someterlo y recupera Iznájar, Priego y Archidona, donde la represión es brutal, siendo ejecutados los defensores mozárabes, y su jefe Aixum crucificado entre un perro y un cerdo. En honor a la verdad, o a la leyenda, éste fue el precio que pagó por su bravata, ya que, estando tan seguro de sus defensas, "autorizó" al emir a ajusticiarlo de tal forma, cosa que sucedió al ser entregado por unos vecinos previamente sobornados. Luego Almundir asedia a Bobastro, pero Omar pacta con el emir una tregua a cambio de la amnistía, la cual rompe cuando el emir ya se retiraba. Almundir monta en cólera y vuelve a cercar Bobastro, hasta que enferma y muere el día 29 de junio (6). Su hermano Abd Allah (7), el nuevo emir, intenta ocultar su muerte, pero al anunciarlo a las tropas, no puede evitar la desbandada. El pequeño cortejo fúnebre es atacado por Omar, quien cesa en su empeño al pedirle el nuevo emir que respete al difunto. No eran tan bestias, después de todo.
Tres años más tarde, el 16 de mayo de 891 Abdalá infringiría una decisiva derrota a Omar en Poley (Aguilar), cuando éste parecía dispuesto al asalto definitivo de Córdoba. Se considera que fue un error estratégico de Omar el enfrentarse a las tropas del emir en campo abierto, pero incluso en nuestros días no existe otra forma de ganar o perder una contienda. Justo a tiempo, pues la situación en dicho año 891 no podía ser peor para Abdalá. Casi todo Al Andalus se le había emancipado, quedando el país fragmentado en manos cada señor local, con evidente mayoría de autóctonos, mozárabes o muladíes. Omar llegó a dominar sobre Elvira, Jaén, Archidona, Baeza, Úbeda, Priego, Écija, Aguilar, Baena, Lucena, Estepa y Osuna.
En el año 899 Omar se convierte al cristianismo, recibiendo el nombre de Samuel e instalando un obispo cristiano en Bobastro, construyendo allí una iglesia (o dos, Santa Eulalia y Santa María, según la Crónica “anónima” de Abderramán III), e intentando también el reconocimiento de su Estado, por el rey astur leonés Alfonso III (866 - 910),  gran repoblador, y el cual parece que no le hizo mucho caso Más bien al contrario, aprovechó la situación de guerra civil en Andalucía para ampliar sus territorios hasta el Duero, acogiendo a los numerosos mozárabes huidos para poblar sus nuevas posesiones.(8) La conversión de Omar al cristianismo es la gota que colma el vaso y en 903 Bobastro es atacada de nuevo por el emir Abdalá, sin mayores consecuencias. 
En el 912, su nieto Abd al-Rahmán III (9) , el nuevo emir, que se encuentra un estado musulmán en total descomposición, pues sus dominios apenas se extendían poco mas allá de Córdoba, organiza no obstante un gran ejército con el que conquista Ecija, Baza y Salobreña junto con numerosas plazas fuertes y castillos (Monteleón, Jubiles, San Esteban, San Justo, Ferreira, Castro, Sirra, Santillana, Bacor, Fiñana...) así como 300 fortificaciones menores, pero no se atreve a llevar a cabo un ataque directo contra Bobastro.  
En septiembre de 917 Samuel cae enfermo y muere. Según Ibn Idhari, fueron años de tremenda hambre y escasez en Andalucía. Su Estado pasa a su hijo primogénito Chafar, también cristiano, el cual es asesinado fratricidamente en octubre del 920, al querer convertirse al Islam. Le sigue su hermano Sulayman, capturado en combate en el año 927 e inmediatamente decapitado. Le sigue Hafs, quien rinde la mítica plaza de Bobastro al visir (ministro) Ahmad Ibn Muhammad Ibn Hudayr, el 21 de Enero del año 928. Tras haber capitulado, Hafs y su familia son enviados a Córdoba donde vivirán en la misma paz que siglos más tarde vivió Boabdil el Zogoibi, último emir de Granada. También es deportada a Córdoba su hermana Argentea, que alcanzó la santidad , siendo martirizada en esa ciudad el 13 de Mayo del año 931.
Abd al-Rahmán III apareció por Bobastro el 25 de febrero, y mandó destruir o “remodelar” todo. También ordenó desenterrar los cadáveres de Omar y su hijo Chafar para exponerlos al público en Córdoba. Luego desterró a muchos mozárabes partidarios de los hafsuníes, o los machacó a impuestos (10). En el 929 , esta gran victoria le animó a proclamarse Califa (Emperador) de Al Andalus, príncipe de los creyentes Amir al Mu'minin y defensor de la religión de Dios al-Nasir li dini-llah. 
Sobre la mítica figura de Omar Samuel Ben Hafsún han escrito muchos historiadores, desde Acién Almansa, Sánchez Albornoz, Dozy, Simonet, Guichard, el inefable arabista Lévy-Provençal, Vellvé y Domínguez Ortiz, pasando por Menéndez Pidal, La Cierva o el también inefable Marqués de Lozoya. Puede que fuera el adalid de la independencia, autonomía y fueros del pueblo llano y sus señores naturales frente al poder central de entonces, encarnado en una monarquía absoluta y religiosa de origen extranjero. Empezó como bandolero y terminó como aglutinador y jefe de la revuelta. En todo caso, se trata de una guerra civil entre andaluces, ya que los emires, legatarios de la dinastía iniciada por el omeya emigrante, estaban a estas alturas tan profundamente arraigados como sus opositores, constante repetida con posterioridad en otras tantas dinastías  de origen extranjero ( Austrias, Borbones, etc ),  que han regido los destinos de Hispania. 
Omar es un héroe para unos, bandido para los otros, sobre todo para los cronistas árabes, que lo llaman de todo menos bonito (perverso, malvado, etc.). Así ocurre siempre. Serán sus propias palabras, en una arenga transmitida a través de los siglos por Ibn Idhari, las que nos ayuden a resolver la incógnita:”Desde hace demasiado tiempo (11) habéis debido soportar el yugo del sultán, que os quita vuestros bienes y os cobra impuestos aplastantes, mientras que los árabes os llenan de humillaciones y os tratan como esclavos. Yo no quiero sino haceros justicia y sacaros de la esclavitud.” (12) La verdad es que los autóctonos debían andar un poco hartos, pues habían pasado de las continuas locuras y banderías de los godos a las de quienes ocuparon su lugar, fueran quaysies o kalbies, baladíes o samiyyum, contando por supuesto con los ínclitos bereberes, que cuando llegaron muchos de ellos eran aún cristianos y que comúnmente andaban repartiendo leña por doquier. (13)
Cabe la tentación de afirmar que, una vez más, los andaluces protagonizan la Historia. Lo cierto es que, una rebelión que empezó siendo de reacción frente a la presencia del nuevo Estado y a la difusión de las normas de la sociedad islámica, tan extrañas o no a la cultura secular preexistente, acabó siendo una guerra de tintes marcadamente religiosos. Mientras Omar se mantiene en la fe musulmana, las escaramuzas con los emires se dirimen en el terreno del pleito entre creyentes, con numerosos episodios de tolerancia y transigencia, acogiéndose los rebeldes al amán en numerosas ocasiones. Sin embargo, la conversión al cristianismo trinitario de Omar como vuelta al antiguo régimen, provoca la guerra de símbolos, la reacción sin cuartel de Abderramán III y la represión hacia los mozárabes, que no fue tal con los hispanos neoconversos o muladíes, obteniendo éstos en ocasiones el perdón a costa de entregar a sus cómplices cristianos. En cualquier caso, la secesión de Omar parece claro que de haber prosperado, hubiera supuesto la disgregación del Estado Omeya, pasando del Emirato a los reinos de Taifas sin mediar la próspera y floreciente época califal, otro gigante con pies de barro, que de todos modos, apenas duró otros ochenta años, y de los cuales, veintidós lo fueron de fitna (ruptura, o guerra civil). Y si utilizamos la presunción imaginativa (14), podemos aventurar que sin la rebelión hafsuniana, la caída del Islam en siglos posteriores, no hubiera sido posible, a pesar de las sucesivas intervenciones magrebitas. En cualquier caso, supone un punto de inflexión en la Historia. Omar Ben Hafsún, el héroe, fue el yunque de Abderramán, el estadista, quien a su costa edificó su estado unitario y centralista, iniciando el primer Califa el proceso de limpieza étnica y migración forzosa de turno a costa de las minorías disidentes, utilizando entre otros argumentos, el de los impuestos absurdos y abusivos. Se instaura por fin la “Pax Arábiga” de un Estado teocrático absolutista sin contestación posible en el interior y envuelto en guerras de depredación en el exterior. Al final cayó con estrépito entre la ordalía de validos, advenedizos y mercenarios a los que el mismo sistema dio lugar. Algo así ocurriría los siglos XV al XVII, pero al revés, y con otros lópeces.  
Pero ésa es ya otra historia, aunque con parecidos motivos.

(1)Según Vellvé, citado por Domínguez Ortiz, habría que situar a Bobastro en la Axarquía “en cualquier cerro del partido de Colmenar”. Opinión desvirtuada por el reciente descubrimiento, el pasado año 2001,  de una nueva iglesia mozárabe en Bobastro. aparte de la rupestre ya conocida. La fisonomía de este edificio, de fábrica de sillares, cubierta de tejas, planta basilical de tres naves, lo emparenta directamente con Santa María de Melque en Toledo y con la veintena de iglesias de este tipo que se conservan en el norte. 

(2) Véase por ejemplo lo que dice en 852 Eulogio de Córdoba, en su Memorialis Santorum respecto del emir Muhammad I, “Mientras iba en aumento la cruel persecución del emir contra los cristianos y los maltrataba sin piedad, contra lo que se esperaba, como no podía hacerlos caer a todos en la apostasía, dio orden de derruir las iglesias recién construidas y de abolir los cultos que se celebraban en las antiguas basílicas, cultos que habían ido acrecentándose cada día más desde que dominaban los árabes.” En 858 es nombrado obispo electo de Toledo, pero al disponerse a salir de Córdoba, es decapitado por orden del emir.

(3) Las revueltas de Toledo (807), de Córdoba (814), y las secesiones de Ibn Marwán "el Gallego" en Extremadura (868) y los Banu Qasi (Musa Ibn Musa "tercer rey de España") en el valle del Ebro. La cosa se puso realmente fea a partir del año 850, cuando ocurre el enfrentamiento y consiguiente martirio de San Perfecto, miembro de la cordobesa escuela basilical de San Acisclo, donde fue enterrado. El santoral andaluz del S IX es bastante extenso. Entre otros: Juan y Adolfo, Laura, martirizados en 824. Columba, decapitada en 835, por protestar. Abencio, decapitado en 851.Flora y María, torturadas y degolladas en 851. Pedro de Qurtuba. Martirizado y degollado en 851.Pablo de Córdoba, ejecutado el 20 de julio de 851. Fándila, abad de San Salvador, ejecutado por protestar. Sus discípulos Anastasio, Digna y Félix siguieron su suerte. Gumersindo, Natalia, Aurelio y Rogelio de Íllora, ejecutados por orden de Abderramán II, en 852, el mismo año de su muerte. Rodrigo y Salomón, 13 de marzo de 857.

(4) Ocupó el trono a los 29 años de edad. Muy culto, excelente poeta y gran matemático. Era bajo, con la cabeza pequeña y abundante barba

(5) Hijo de Mohamed I. Fue emir a los 42 años de edad. Era moreno, de cabello rizado, y tenía el rostro picado de viruelas

(6) Otras fuentes indican la sospecha de que su muerte, por envenenamiento, fue provocada por su hermano y sucesor el día 12 de Abril del año 888

(7) Casado con Oneca, hija de Fortún Garcés, conde de Sobrarbe y rey de Pamplona.. Era rubio, de ojos azules, tez clara y estatura regular

(8) De hecho, la gran repoblación andaluza de los territorios al norte del Duero, se produjo entre los años 860 (crisis cordobesa de los seguidores de Alvaro y Eulogio)  y 930, final de las revueltas.

(9) Nieto de Abdalá, por quien fue preparado concienzudamente para el gobierno. Tenía el pelo rubio, pero se lo pintaba de negro, y los ojos eran de un azul oscuro. Conocida es su afición por los chiquillos. En plena campaña, año 925, al joven esclavo Pelayo lo lanzó en una catapulta por no querer acceder a sus deseos.

(10) LA CASTILLA GRANADINA EN LA GENESIS DE LA CASTILLA BURGALESA Y DEL CASTELLANO, ensayo sobre la fundación de Castilla por mozárabes andaluces. Francisco García Duarte. Barcelona, 1994

(11) Cuando Al Hakam I, apodado según al Nuwayri “el borracho” por sus súbditos, muere en 822, deja tras sí una estela interminable de represiones sangrientas (Jornada del Foso en Toledo y del Arrabal en Córdoba) cuyos relatos por Ibn al-Qutiyya y Ibn Idari aún hoy ponen los pelos de punta. Por cierto que la rebelión del arrabal de Shaqunda, como tantas otras, fue por motivos fiscales.

(12) En realidad, la asimilación de los autóctonos por el nuevo régimen se hizo de la mano de la mayor o menor tolerancia coránica respecto al cobro de impuestos: el azaque para los fieles musulmanes y la chizya para los dimmíes. Con altibajos, la cosa se va poniendo progresivamente fea para estos últimos desde el período de los gobernadores hasta el emirato independiente.

(13) La situación en estos siglos fue convulsa y aterradora, al contrario de lo que se nos ha vendido en ocasiones. Para colmo, entre 844 y 861 se produjeron varios ataques vikingos (los que faltaban), que fueron ferozmente rechazados a base de arqueros y proyectiles incendiarios. Los pobres, que no sabían el avispero en el que se metían, terminaron fabricando quesos cerca de Sevilla. 

(14) Esta expresión no es mía, es de Blas Infante.



FUENTES BIBLIOGRÁFICAS:

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CASTRO, AMÉRICO. España en su historia. 

CIERVA, Ricardo DE LA. Historia de España, Vol. III

Dozy, Reinhart Pieter Anne. Histoire des Musulmans d'Espagne jusquà la Conquête de Andalousie par les Almoravides (711-1110) 

ESPINOSA MACÍAS, JUAN. Campaña de Turrus llevada a cabo por el emir Abd-al-Rahman III

DOMÍNGUEZ ORTIZ, ANTONIO. Historia de Andalucía

GARCÍA DUARTE, FRANCISCO. LA CASTILLA GRANADINA EN LA GÉNESIS DE LA CASTILLA BURGALESA Y DEL CASTELLANO

GÓMEZ MORENO, MANUEL. Arte mozárabe (Ars Hispaniae)

GUICHARD, PIERRE. Al-Andalus: Estructura antropológlca de una sociedad islámica en occidente

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Ibn Aljathib .Hª de la dinastía nazarita

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Morales, Ambrosio de. Crónica general de España

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Pérez de Urbel, Justo.  San Eulogio de Córdoba

REGLA. J. Historia de España Ilustrada. 

SANCHEZ – ALBORNOZ, C., La España Musulmana

Simonet, Francisco Javier Historia de los Mozárabes de España, deducida de los más auténticos testimonios de los escritores cristianos y árabes

TORRES BALBÁS, LEOPOLDO Arte hispano-musulmán hasta la caída del califato de Córdoba

Turquet de Mayerne, Louis. Histoire generale d'Espagne

VALLVÉ, JOAQUÍN. De nuevo sobre Bobastro

VÁZQUEZ OTERO, DIEGO. Tradiciones malagueñas.

 

AGOSTO DE 2002. No son las tropas del emir, ni las almas de los constructores de la inacabada iglesia rupestre, que 1.100 años más tarde vuelven a terminar su labor. Son las mesnadas de domingueros que, sin control alguno, invaden el yacimiento. 

Una tradición mozárabe relativa a Santa Argentea
(extraída del libro "Tradiciones Malagueñas" de Diego Vázquez Otero)
"Bobastro está nimbado por el halo de una tradición relativa a Santa Argentea.
Se cuenta que, desde muy niña, la hija de Samuel, nombre de Omar después de su bautismo, fue instruida por su madre la virtuosa Columba en los principios del Cristianismo.
Desde sus más tiernos años aspiró la inocente muchacha a la perfección y santidad evangélicas. No contaba cinco de edad, cuando, atraída por la fama de los milagros que obraba la Virgen de Villaverde por su mediación de su hijo Jesús, burlando la vigilancia de los servidores, marchó de su casa, y cruzando las ásperas laderas y las breñas donde el paso se hace casi imposible y peligroso, corrió al azar salvando precipicios de espanto y simas insondables.
Sus familiares, después de angustiosa búsqueda la encontraron arrodillada a los pies de la imagen, su salvadora, en el recinto solitario y calmo de la ermita.
Más tarde, mostró deseo de recluirse en una celda, a cuya santa ambición no se opuso su padre. Uniéronse a ella otras doncellas cristianas de Bobastro y juntas vivieron varios años en una especie de clausura monacal, en caserío que existió junto a la ermita, junto al arroyo, al pie de la Las Mesas, donde todavía la Madre de Dios continúa recibiendo culto bajo la advocación de Nuestra Señora de Villaverde, patrona de Ardales y titular de su parroquia, a quien Argentea no dejó de visitar un sólo día.
Cuando Bobastro después del desastre de Poley cayó en poder de Abderramán, los fanáticos árabes llevaron a la doncella a Córdoba, donde fue encarcelada. Allí supo que sus hermanos Chafar y Soleimán habían sido asesinados y sus cadáveres ultrajados y expuestos a las iras de la soldadesca sobre la puerta "Babassuda", principal del alcázar.
A los trece años de estos sucesos, Argentea fue martirizada en aquella ciudad, el 13 de Mayo del año 931, subiendo al cielo con la doble palma de la virginidad y el martirio.
Es grandioso el marco en que se movieron estas figuras."
 
LEGADO
(artículo publicado el 6 de noviembre de 1998)
El mito de Al Andalus. Hay un rondeño ilustre de la primera época andalusí al que nadie recuerda. Ni siquiera se sabe muy bien qué fue. Dozy,Sanchez Albornoz, Lévi-Provençal, Guichard, Acién Almansa, entre otros, convergen en su estudio, sin ponerse de acuerdo en casi nada. Domínguez Ortiz lo define como "un andaluz cien por cien". Se trata de Umar (Omar) Ibn (Ben, hijo de ) Hafsún. Cualquier jovencito actual se sabe de memoria las mil versiones que sobre Robin Hood puedan existir, incluso la de Kevin Kostner. Pero seguro que la mayoría ni idea tiene de quien fue este personaje mítico y antepasado del siglo IX al X.
El padre de Omar iba mucho por Parauta y al final se quedó allí, en la entonces provincia (cora) de Takoronna. Y en cuanto a su figura, controvertida y fascinante, se sabe que Omar era un noble autóctono cuyo abuelo abrazó el Islam, cosa frecuente en aquellos días en que cambiar de religión suponía mantener el estatus así como importantes exenciones en el orden fiscal y militar. Era, le venía de familia, un poco tránsfuga, que se diría ahora, un muladí que después de muchos avatares se convirtió en mozárabe, pero que nos dejó como legado multitud de leyendas y la huella en piedra de las ruinas del castillo e iglesia de Bobastro.
El Legado Andalusí es una fundación pública que los políticos de hoy se aprestan ávidamente a gestionar y que dice que se propone revalorizar, bla, bla, el patrimonio histórico, artístico y arquitectónico de Al-Andalus, recuperando bla, bla, su sentido de la vida, su capacidad para la tolerancia y fusión de diferentes pueblos y culturas. Pues de ellas, hay una de la que se olvida por completo: la mozárabe, es decir, la cultura cristiana andalusí. Será porque al haber quedado sus monumentos fuera de la Andalucía actual, no hay nadie de por aquí que les pueda hincar el diente. O quizás por aquello de que quien paga, manda. Por cierto, vaya legatarios más listos nos han salido a costa de la herencia de todos.
La primera frontera del estado andalusí fue más consistente y duradera de lo que al uso se recuerda. Persistió más de tres siglos en el Duero, véase Gormaz, entregada en 1059, y más de cuatro en el Ebro, véase Zaragoza, tomada el 1118. Antes habían escapado al otro lado muchos mozárabes que en aquel entonces exportaron el arte y la cultura de su tierra. Nunca coincidieron las fronteras de Al Andalus con las de Andalucía. Por eso, confundirlas, muy propio, entre otras, de la historiografía franquista, es una aberración tan grande como querer apropiarse de un legado que pertenece a todos los pueblos peninsulares, incluso a los que marcharon en la diáspora posterior a 1492.
La arquitectura mozárabe del norte de España, como preciosos restos de una épica pleamar, aún perdura muy bien conservada, y guarda nombres y lugares que son dignos de ver, tales como: en León, San Miguel de la Escalada y Santiago de Peñalba. En Rioja, San Millán de la Cogolla. En Castilla, San Baudelio de Berlanga. En Galicia, San Miguel de Celanova. En Aragón, iglesias del Serrablo y San Juan de la Peña, cuna de ese reino. En Cataluña, Sant Miquel de Cuixà. Incluso Lebeña, Arroyuelos, Helguera o San Román en Cantabria. Lejos del esplendor incomparable de Córdoba y Medina Azahara,los arcos de herradura, capiteles corintios y bóvedas gallonadas de estas construcciones del norte, desde sus recónditos y recogidos lares, nos traen a nuestros días la pervivencia de esta cultura netamente andalusí. Efectivamente, el arco de herradura es anterior a Al Andalus (San Vicente de Córdoba fue comprada a buen precio para construir la mezquita), pero no es menos cierto que sin Al Andalus, nada de ésto hubiera sido posible ni existiría.
No sólo edificios, sino los códices y miniaturas, tanto la Biblia Hispalense como la Complutense como el mismísimo Beato de Liébana, arcas y marfiles, incluso el romance arcaizante de las jarchas, son en su conjunto otro de tantos tesoros extraídos del legado de Al Andalus. En un continuo viaje de ida y vuelta norte-sur, durante siglos, los descendientes de aquellos mozárabes que siglos antes habían emigrado a tierras de Galicia y León, posiblemente engrosarían las huestes que luego más tarde repoblaron de nuevo las tierras de Andalucía. Sin ellos, las cosas habrían sido muy diferentes. Son el nexo que entronca nuestra realidad actual con nuestro pasado remoto.
Las iglesias y edificios mozárabes del sur de España fueron machacados una vez que las cosas empezaron a ponerse feas. En realidad, siempre estuvieron feas, para todos, debido a la intransigencia de los cuellos duros malikíes. Por eso cobran especial importancia los únicos vestigios que de esta parte quedan, es decir, Santa María de Melque, en Toledo, y la antes citada iglesia rupestre de Bobastro, cerca de Ardales.
De las tantas rutas del legado oficial andalusí, una llega nada menos que hasta Tombuctú (de verdad, no es broma). Sin embargo, ninguna ruta que recorra el camino de algún andaluz, scriptor peregrinus de los que iluminaron con su caligrafía toda una época, y que en ese norte incomprensible quizá se sentían tan forasteros y lejos de su tierra como en el mismísimo Tombuctú. Difícil, mientras sigan estos neo bereberes que ahora nos gobiernan.Lástima que los andaluces de hoy hayan olvidado una parte tan importante de su propio pasado. Quizás por eso estén condenados a repetirlo.
 
La Casa de Piedra de Cortes de la Frontera
Doble círculo enmarcando haces de hojas entrecruzados  Mismo símbolo esquematizado en Santa María de Lebeña (Cantabria)

 
San Miguel de la Escalada


 

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