ARUNDA © Alfonso López 

Artículo aparecido el día 05 de julio de 2002 en las páginas de opinión de la publicación
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EL DÍA DESPUÉS      ©Alfonso López Domínguez

Hay que ver el desparpajo que hay que tener para ningunear un acto de protesta masivo que ha costado su buen precio a la clase obrera, vía descuento de salarios. Qué falta de respeto. Y lo que es peor, sin que haya visos de que la situación se reponga a corto o medio plazo. Aquí se roban los derechos como en el Mundial se roban los partidos, por la cara.

Pues sí que hemos ido la mar de bien en estos últimos seis años. Han sido favorables algunas circunstancias coyunturales, pero seguimos con los mismos defectos estructurales y las mismas carencias de siempre. Los grandes problemas siguen sin resolver, más otros nuevos que terminarán amenazando la convivencia si no los arreglan pronto, como es el caso de los inmigrantes. Bien es cierto que muchos se han hecho ricos en estos años, que se ha visto dilapidar el dinero en consumibles y lujos orientales, y que se ha inflactado el precio de los inmuebles hasta límites intolerables, haciendo cada vez más difícil el acceso de las clases más desfavorecidas a una vivienda digna. La especulación y el blanqueo masivo de dinero han alejado los precios del mercado inmobiliario de los niveles de ingresos por salarios, y en cierto modo, valga la paradoja, han impedido una efectiva liberalización del suelo urbanizable. Por otra parte, está la caótica situación de los mercados financieros, que hace refugiarse a los pequeños ahorradores en “valores” más seguros, tipo ladrillos, tejas y bloques, con lo que la tendencia al alza se mantiene, incluso para las hipotecas.

La recesión vuelve, tranquila y pausada, a decirnos que, después de la riada del euro, lo que nos esperan son los lodos y los fangos de una política económica tan radiante, tan neoliberal y tan moderna como la que tenemos. La asignatura pendiente de este gobierno de tecnócratas ha sido la de asegurar un más justo reparto de la riqueza, que en pura teoría económica, egoístamente hablando, es el mejor y único camino para asegurar un crecimiento más dinámico y racional de la propia economía general.

Lo que sí tenemos aquí son algunos monstruos burocráticos, tales como la administración autonómica, devoradora de recursos. También tenemos un parlamento de cartón piedra y unos ayuntamientos asfixiados. Todos en continuo divorcio con el poder central del que, queramos o no, siguen dependiendo, porque es de donde les vienen los dineros. Poder central, por otra parte, en manos de marcianos enajenados o algo así, que no tienen puñetera idea de la realidad social de la comunidad más poblada del país. O sea, la nuestra.

Estos meses vacacionales, han sido aprovechados tradicionalmente para meter algún que otro decretazo más en el BOE, mientras “disfrutamos” de unos días de asueto envueltos en multitudes, achicharrándonos de lo lindo y pillando las consiguientes diarreas coliformes veraniegas. Nada, a pasarlo bien.

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