Viernes
negro
©Alfonso López Domínguez
La semana ha estado marcada irremisiblemente por las pérdidas humanas sufridas el pasado viernes día 30, un día terrible. En una ciudad pequeña como la nuestra, no se puede permanecer insensible ante tanto dolor, que por cercano e inmediato se hace más hondo y más intenso, y no podemos ni debemos dejar de tener presentes a las víctimas. Nuestra condolencia a las familias y un deseo de que no vuelva a haber más un viernes tan negro y desolado, que no deberíamos en ningún caso abandonar en el olvido, por respeto a la memoria de nuestros amigos y conciudadanos.
Para los que seguimos aquí, queda poco margen de esperanza y sí mucha duda frente al futuro. Ya comenté en otra ocasión que el lucro de los especuladores alimenta la pobreza y la esclavitud de los jóvenes y de los incautos. No es demagogia ni populismo, ni falta que hace. Es la constatación de un hecho evidente. A una joven pareja de hoy le costará de 3 a 5 veces más trabajo terminar de pagar una vivienda de lo que nos costó a nosotros en nuestra época, por término medio.
Ronda está predestinada a ser ciudad dormitorio sin más actividad que la hostelería y los servicios de manutención, geriátricos y hospitalarios de una población cada vez más foránea y más desarraigada. Pero no importa. Piensan seguir dándonos lecciones de urbanismo y de urbanidad, atosigándonos con su ignorancia y displicencia. No se dan cuenta de que estamos en una época en la que, sin caer en falsos credencialismos, hay que aprender a confiar en la cualificación de quien demuestra tenerla. Estamos ya muy lejos del analfabetismo estructural de hasta hace unos veinte años, cuando mandaban o campaban otros por sus respetos, cuando un tuerto era rey.
Esta tarde fui a tomar café a un bar nuevo en la aglomeración de bloques de la rotonda. Qué desagradable. Ni en las barriadas más cutres o más sórdidas se encuentra hoy día tanta espesura de edificios, tanto mazacote y tanto amontonamiento ¿es éste el modelo que nos ofrecen los que dicen que saben de esto, los que se han comido nuestros espacios y nuestros equipamientos?
Señores miradores: celebremos el próximo monumento al costalero, o al voluntario de protección civil. Vayamos a la clínica o vengamos de Arriate o de la mismísima Babia montados en el autobús urbano de Mari Paz. Ellos, mientras tanto, se van a seguir reuniendo, para hacer lo único que saben hacer las cabezas de la hidra: perpetuarse a sí mismos, acaparar, mangonear y esquilmar los recursos colectivos, hasta dejarnos bien fritos.
Además, seguiremos sufriendo con paciencia los lastimosos conciertos de malvados pianistas, cuanto más malos, más tontos. La corrupción de la lenta burocracia. Pero no se preocupen en exceso... al final, siempre nos quedará Bollullos.