ARUNDA © Alfonso López 

Artículo aparecido el día 8 de DICIEMBRE de 2001 en las páginas de opinión de la publicación
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Definición 800 x 600
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LA OLLA DE LOS CARACOLES                 ©Alfonso López 
 

Una vez más se destapa la olla de los caracoles con un tema puntual y vuelven a aparecer los simpáticos animalitos con su babeante deslizarse por los bordes del asunto hasta rebosar el recipiente y ponerlo todo perdido con las mencionadas babitas y excrecencias. Pongo adrede el símil de los entrañables moluscos porque el resultado viene a ser el mismo. Todo lo más una serie de hileras de las repetidas secreciones y poco más. Cuando un asunto de la enjundia e importancia del caso Eroski se destapa, cabría esperar que la convulsión mediática no volviera a quedar en aguas de borrajas, sino que se llegara al fondo del asunto, si es que lo hay. Porque está más que bien esta labor de zapa que tan dignamente efectúan afanosos representantes y menestrales de lo general, pero a qué viene repetir una vez más lo que casi todo el mundo sabe, con sólo ojear y hojear las actas de los plenos y comisiones de gobierno que obran o deben obrar a disposición de todos, habido su carácter de públicas. Tanto soliviantamiento debería tener mejor fin: el de depurar presuntas responsabilidades políticas, averiguar si lo que se están denunciando son presuntas irregularidades, iniciar el necesario debate público encaminado a esclarecer definitivamente tantas oscuridades como se nos insinúan con estos destapes. Si nos quedamos a mitad de camino, esto no pasa de ser otro amago, otro quiero y no puedo, fácilmente contestado por quien se avenga a darse por aludido, con apenas unas cuantas frases, tan doctas y tan sabias, que aquí los mortales nos quedamos como los simpáticos moluscos, babeando un rato.

Pero es que aún queda pendiente de aprobar por el colectivo ediliano la primera asignatura que les exigió la ciudadanía al darles el pase a sus funciones: todos diseñaron un modelo de ciudad en las pasadas elecciones, algunos con un despliegue de medios económicos y publicitarios dignos de mejor empeño. En aquella y en tantas otras ocasiones se pusieron de manifiesto las inquietudes generales de los votantes. Temas como el paro, la droga, la depuradora, el hospital, el tráfico y sus secuelas, entre tantos otros, quedaron en evidencia en aquella festiva ocasión. Cuestiones que se engloban en el relamido proyecto de ciudad que las distintas formaciones presentaron, y aún siguen presentando, para general estudio y discernimiento. Qué pasa entonces. Como siempre, a la primera reacción de indignación, sigue otra de contestación o rebelión más o menos encubierta, y por último, cuando se hace notoria la impotencia, se acaba todo en el conformismo y la resignación. No se plantean ni por asomo ninguno de los grandes temas pendientes, que no dejan cuajar este proyecto de ciudad moderna, habitable, modélica y deseable que todos nos prometen con la boca pequeña cuando se trata de disputar los codiciados votos.

Como muestra, dos botones. No sabemos si el tal Binladen echó al final los polvos en el tajo, y por eso no ha apestado tanto. Pero, por favor, señores ecologistas: ese río Guadiaro es una cloaca de muchos kilómetros, que en las tardes y noches calmas hiede con un clamor universal. Qué asco, qué interminable vergüenza. Otra cosa: esas urgencias del Hospital no pueden seguir así por más tiempo. Esa aglomeración de personas en tan exiguo recinto, esas caras demacradas y ajadas por el cansancio y el estrés de un personal totalmente desbordado, esas instalaciones que rayan la cutrez por el lado de lo sórdido...

A ver si al final vamos a tener un pueblo magnífico, con hermosas placitas, glorietas y paseos ajardinados, y en los servicios esenciales vamos a seguir estando en las últimas, como siempre. Bueno, y que queda por ver lo de los paseos, fuentes, estadios y plazas de película. Porque eso sí, la contestación y la pega por todo lo que se haga, eso siempre está a flor de boca. Aquí se critica todo, hasta lo que se dice que se va a poder hacer, con mejor o peor fortuna. Nunca se reconoce un mérito, y si se da un voto de confianza o de esperanza en algo, de momento se está haciendo la pelota o dorándole la píldora a alguien. Pero bueno, en qué quedamos. Criticar es muy fácil, poner zancadillas es lo más corriente. Pero mojarse, lo que se dice mojarse, aquí no se remojan ni los caracoles antes de hervirlos.

 

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