RAPIDEZ DE REFLEJOS
©Alfonso López
Vamos a poner varios ejemplos de esta cualidad tan necesaria para los
deportistas, conductores, personas en general, e incluso para los políticos.
El primero, sin duda, ha de referirse necesariamente al sin par e inefable
futuro alcalde don Juan Benítez Melgar, quien nos da una muestra,
en brillante alarde, de su ya reconocida y extensamente glosada capacidad
de respuesta rápida a los acontecimientos más o menos luctuosos
de la ajetreada vida local rondeña. En esta ocasión, lo hace
respecto al ampliamente consensuado como mamarracho de obra del Barrio,
interpretando de nuevo su archiconocida cantata y fuga titulada "ya lo
sabía, ya lo sabía, un telegrama me lo decía". Lo
cual provoca la primera reflexión también muy rápida:
si ya lo sabía ¿por qué no puso remedio? Parece mentira
que a estas alturas del pacto, los distintos copactantes se tiren la bola
unos a otros sin caer en la cuenta de que son corresponsables políticos
de las cosas que bien, mal o peor hechas salen a relucir a la palestra
ciudadana como resultado de su gestión –no olvidemos- tripartita.
A menos que se niegue la propia existencia del pacto, lo que equivaldría
a negar cualquier legitimidad respecto a su propia gestión como
gobierno municipal. Perdón, creo que ha aparecido la palabra "bola".
Esa sí que es buena. En su loable empeño por no dejar que
los coches aparquen encima de la acera, los no menos inefables técnicos
que padecemos, llenaron la misma de bolas, bolones o enormes bolindres
que tampoco dejan pasar a los sufridos viandantes sin grave riesgo de machacarse
las espinillas o romperse la crisma. Es decir, hemos inventado una nueva
dimensión de los ánditos o aceras como "espacios urbanos
destinados a albergar bolas". Esperemos que en el polideportivo que para
la misma zona propicia don Antonio María Marín Lara no se
albergue ninguna... bolera.
Vayamos a otro ejemplo de reflejos rápidos. O tal vez espejismos
lentos. Ahora se redimen viejos proyectos ya muy elaborados y estudiados
por unos o por otros, como es el caso del aparcamiento subterráneo
de Martínez Astein. Proyectos que emergen o se sumergen, alternativamente,
según interese al momento o a la situación de que se trate.
Los que siguen sin aparecer son los otrora prometidos o anunciados proyectos
de inversiones turísticas en nuestra comarca. En su lugar, siguen
acercándose los fabricantes de molinillos y ventiladores gigantes
que no tienen otro sitio adonde ir más que donde saben que la necesidad
les puede allanar muchos caminos. Inversiones milmillonarias y pocos puestos
de trabajo. Pan para ellos y más hambre para nosotros. Posiblemente
seamos más pobres después de la avalancha de estos artefactos.
No se puede esquilmar más un territorio. Acordémonos de aquella
célebre fábrica de hojalata que nos dejó sin las encinas
borrachas. Habrá que cambiar la toponimia. Cambiamos encinas por
molinos, posiblemente también borrachos. Por si cabe alguna duda,
esto no es ecologismo, pues se trata de mera supervivencia.
Y por último, una llamada a la rapidez de reflejos y al compromiso,
esta vez a los cientos de ganaderos censados en nuestro contorno, sobre
todo a los de vacuno, así como a sus canales de distribución,
es decir, carniceros y restauradores de la zona. El invento y la ruina
de otros, el mal creado por otros, nos está afectando de lleno sin
que, como siempre, llevemos arte o parte en el asunto. Como dice el delegado
de Agricultura, don José María Rodríguez, no hay ninguna
posibilidad de que la enfermedad (de las vacas locas) esté en la
provincia de Málaga, es más, no hay un solo atisbo de que
esté en Andalucía. Se extrañan por ahí de que
los casos hayan aparecido en el norte, donde supuestamente se alimenta
el ganado en televisivos y naturales prados. Pues que digan qué
zona está libre de los trapicheos con los piensos y de las importaciones
de Francia y Portugal, perfectamente denunciados por la ministra Villalobos.
Para cuándo entonces la creación de una denominación
de origen de ganado autóctono o criado en nuestra zona. Todas las
medidas de control sanitario e incluso la prometida intervención
del gobierno son más que indispensables, pero ya sabemos que la
Administración no se caracteriza precisamente por su rapidez ni
por sus reflejos. Ahora sería el momento de poner orden en este
sector de la economía local que tanto futuro puede tener, y de paso
romper el tópico de que los andaluces no comemos más que
garbanzos, pringá, gazpacho y pescaíto. Buenas carnes rojas,
con garantía de origen. A despabilarse tocan.
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