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ARUNDA | © Alfonso López |
Artículo aparecido
el día 19 de MAYO de 2001 en la página
de opinión TEMAS DE
DEBATE de la publicación
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VAYA
NOMBRECITO ©Alfonso López
En primer lugar, he de pedir disculpas ajenas por la incalificable agresión que supuso la edición hace quince días de un suelto o artículo publicado en esta misma página bajo mi firma, y que debido a su microscópico tamaño de letra, ha incrementado notablemente el número de lectores que engrosan las filas de solicitantes a la ONCE. Ya me ocurrió en otra ocasión, en un escrito sobre la Semana Santa de Ronda, que me costó tiempo y dedicación, y que luego se vio sometido a un exhaustivo proceso de empequeñecimiento capitular, de tal forma que creo que nadie lo pudo leer, al menos sin una lupa, pues tal fue el rigor minituarizante de los esforzados diseñadores de aquel periódico. El último motivo o explicación viene dado por la falta de control e incontinencia verborreica a la hora de escribir, que da como resultado que luego no quepan las letras en el reducto a ellas destinado, y por tanto, su reducción es inmisericorde. En otro orden de cosas, que es de este propio momento, reconozco que me cabreó bastante cuando escuché en la radio el nombrecito. Luego vi con tardía satisfacción que el maestro Antonio Burgos había sentido y padecido lo mismo, y así lo había expuesto en su recuadro. Resulta que la nueva y recién fusionada Caja de Andalucía Occidental, la que nace de la conjunción del Monte y San Fernando, va a dar en llamarse, si nada lo remedia, algo tan feo e impronunciable como Alcaja. La primera pregunta es que a quién se les ocurren unos nombres tan feísimos y malsonantes, con lo bonitos que eran los anteriores. Y no porque empiecen por al, porque la mayoría de los que empiezan con este fonema son bellísimos, como por ejemplo, sin ir más lejos, mi propio patronímico, Alfonso. Es la desagradable redundancia de tres vocales iguales y abiertas, asincopadas por una ele que primero estrella la lengua contra las paredes delanteras del velo palatar , que luego se retranquea mediante una gruesa y áspera "ka", para luego arrojarse a las guturales simas de la "ja" final. A ver quien pronuncia el nombrecito, con la sin hueso hecha un lío. Menos mal que las tendencias naturales de nuestras hablas, pronto atemperan y dulcifican estos desatinos, bien entremetiendo una piadosa erre, como en "armeja" o "artramú", o bien introduciendo otra vocal abierta, como en alacena o Alozaina. Y de la jota, ni leches. Al final, se terminaría con algo así como alacaha o arcaha. En fin, que es para mandar al carajo a los inventores del horrible nombrecito. Eso habrán debido pensar los opositores a esta fusión, que sin que nadie lo haya explicado bien, han estado poniendo chinos en el zapato de los promotores de la misma, ventajosa y conveniente en todos los sentidos, si no fuera por el mamarracho de nombre que le han dado. Así pues, se bipolariza el centro del poder financiero andaluz, de tal forma que ahora parece estar más lejos la constitución de Málaga como sede de la futura e inevitable Caja única de Andalucía. Esto no ha sentado nada bien a determinados sectores del partido socialista, empeñados como están desde siempre en controlar y acaparar el poder de los poderes, es decir, el poder de los dineros. "Alacárcel", por poner ya el último ejemplo, es otro vocablo que debe sonar horrible a los oídos de Vera y Barrionuevo, pero que nunca llegará al extremo de fealdad y horripilancia que supone esta Alcaja tan saboría y discordante. Como antiguo cliente de la Caja de Ahorros de Jerez, luego de San Fernando, que se ha dejado gran parte de su fortuna personal en forma de pago de intereses abusivos y eternos, no estoy dispuesto a poner ni un duro en esta nueva entidad que nace sin tradición y sin clase alguna. Prefiero la alcancía a la Alcaja. Y ya termino, para que quepa lo que he escrito en el exiguo espacio destinado al efecto, y no se queden los lectores con los ojos tan vueltos como los de los pobres búhos reales que caen electrocutados en los cables de Sevillana. El sol le dijo a la luna, alcairí, alcajá... |
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