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ARUNDA | © Alfonso López |
Artículo aparecido
el día 21 de abril de 2001 en la página
de opinión PUNTO
DE VISTA de la publicación
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LA
INMENSIDAD DE LO SUBLIME ©Alfonso López
Viendo la inmensidad de lo sublime con que cada año se despliegan nuestras primaveras, uno se pregunta a cuento de qué vienen algunas cosas que nos pasan, algunas rachas de ajena gilipollez o de mala leche o de ambas cosas juntas como las que de vez en cuando nos asaltan mientras pacemos en lo más íntimo y tranquilo de nuestras existencias. Con lo fácil que sería que se impusiera la paz entre ruines basada en el respeto y la armonía. Simplemente, lo que llamamos buena educación. Pues nada. Hay un defectillo propio de nuestra especie, quizás el más extendido, y que a algún que otro le coge todo el cuerpo, y que se llama arrogancia, engreimiento o autocomplacencia, esa especie de sentimiento bastardo que a algunos les hace sentirse más que los demás, por razón de su cargo, empleo u oficio, o de sus conocimientos o de su estatus social o económico, pobrecillos. Madre de todos los altaneros y fanfarrones que por el mundo pululan, hija de la egolatría y el envanecimiento, hermana del desdén y el menosprecio a los demás, esta abyecta tara afecta principalmente a aquellos espurgaperros que por creerse algo, no son nada. La paz es obra de la justicia, que dijo el que lo dijo, y la peor injusticia es aquélla que no sólo propicia que el daño quede sin reparar, sino que permite y consiente que el agresor se crea, encima, que lleva la razón. A fin de cuentas, los pobres mortales no tenemos más remedio que perdonarnos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, amén. Pero, hombre, un poquito de seriedad, al menos guardar las formas, que ya somos todos mayorcitos. Bueno, después de este inusitado alarde de filosofía barata, se impone reconducir los pensamientos a lo que verdaderamente nos distrae y nos consuela de tanta puñetería. Resulta que esta pasada Semana Santa ha sido un éxito incomparable para la economía local. Se habla incluso de que se han movido unos mil millones de Ptas. ( 6 millones de euros, con ésto de la tontería de los euros). Pues la inmensa mayoría seguimos siendo tan pobres, o para entendernos, seguimos estando tan tiesos como antes de esta avalancha económica que tanto nos deslumbra. O para mayor inri, que se lo digan a las familias de los sin techo y a aquellos que aunque parezca inverosímil, aún permanecen entre nosotros en estado de indigencia. Bien es verdad que no podemos arreglar el mundo, pero podríamos empezar por arreglar nuestra propia casa. Y entender de una vez que las ONG son coadyuvantes de los poderes públicos responsables, y no al revés. Por otra parte, esta semana nos hemos sentido huérfanos de alcalde, habida cuenta de que nuestro primer edil se nos ha marchado a los arenosos desiertos, a las plúmbeas pirámides, a los tesoros arqueológicos que rodean y conforman los espacios de la Historia y cuyo axis incomparable es ese río Nilo, que como nuestro Betis entrañable (me refiero al río), discurre vitalizador y navegable por entre templos y dinastías de una antiquísima y deslumbrante civilización. Por cierto, dónde habrá puesto las llaves, el joío, que habrá dicho alguno en su ausencia, matarile, rile, ron. No es vano el sentimiento de podrida envidieja que nos corroe cuando pensamos en qué hermosos objetos, qué maravillas tumultuarias, qué incomparables escenarios habrán disfrutado los ojitos de nuestro bienamado alcalde actual, mientras nosotros seguimos aquí pringaditos como siempre, hasta nuestros mismísimos ojitos, que también quieren ver, como todos los ojitos de mi corazón. Menos mal que nuestro dilecto y queridísimo Toti nos distrae de tantas congojas con sus amenas teorías, con su exquisito encomio a la hora de plantear temas de señalada intrascendencia, con su docto dictamen sobre lo que debe hacerse en casos extremos y de difícil o imposible solución. Qué hermosa cualidad la de nuestro prócer a la hora de plantearse de forma irresistible el arreglo o desarreglo de lo que ya no tiene arreglo posible. Perdóname, Antonio, que sea tan mariquita, pero hijo, es que cada vez te luces más. Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar. Son como el Duero, al que indiferente o cobarde nadie a acompañarle baja, que dijo otro Antonio, el grande y andaluz poeta de nuestros más escondidos sentimientos. O como el mismísimo río Nilo, al que antes aludíamos, por cuyas mansas pero engañosas aguas, llenas de aviesos cocodrilos, discurre el encriptado tránsito de nuestro ya mentado alcalde actual. O como el Pisuerga, el río de mi suegra, que pasa por la pucelana patria de quien hoy rige nuestros destinos y los de Rodrigo Rato desde su atrincherado bigote, también llamado mostacho nacional. Del Guadalevín, no hablo, porque estamos tratando de ríos, no de cloacas antiguas. Cuánta gente buena camina por el mundo, y algún día, como tantos, descansan bajo la yerba. Y nosotros aquí, con estos (ya pocos) pelos... |
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