ARUNDA © Alfonso López 

Artículo aparecido el día 22 de SEPTIEMBRE de 2001 en las páginas de opinión de la publicación
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RONDA CON ANDALUCÍA   ©Alfonso López 
 

Ante el abundante despliegue de medios publicitarios en aras de difundir un acontecimiento cultural de la importancia del X Congreso, habría que pararse a pensar si todo este esfuerzo va a tener respuesta y sobre todo, si va a crear cultura y va a generar nuevas inquietudes entre el público al que va dirigido.

Ante todo habría que matizar y declarar lo que no es un Congreso de estas características. No es, por supuesto, campaña, ni debe utilizarse a favor de ninguna de las opciones políticas establecidas, aunque están claras las obvias afinidades con un sector de la población que se expresa en este campo utilizando determinadas y concretas formas en clave andalucista, por otra parte en continua evolución y maduración. No es, tampoco, una apropiación de símbolos, esquemas o conceptos plenamente aceptados por la ciudadanía, que los considera de dominio público y que se encuentran enteramente incorporados al ordenamiento jurídico nacional y estatal, formando parte consustancial de nuestro entramado social. Ni por supuesto se trata de un intento de adoctrinamiento ideológico ni sectario de ningún tipo, pues faltaría más. Eso está en las antípodas. Mucho menos, una pamplinosa manifestación de autoestima colectiva, del estilo de qué redondos son nuestros ombligos, qué guapos somos, qué cultos, qué antiguos, qué sabios, etcétera. Ni falta que nos hace.

Dicho lo cual, nos quedaríamos con una manifestación rigurosa, seria y profunda de nuestra cultura, impregnada de conciencia nacional andaluza, que pretende llevar al conjunto de la ciudadanía una visión nueva de nuestra realidad desde puntos de partida concretos. Sin ánimo exhaustivo. Primero, un irreductible aprecio por nuestras tradiciones, por nuestra forma de ser, por nuestra conciencia y percepción de los grandes y pequeños conceptos. Segundo, una intemporal profesión de universalismo, nunca excluyente, siempre integrador, siguiendo una de nuestras más puras y naturales pautas de conducta. Tercero, la sana aspiración a que este sentimiento de amor y respeto por nuestra tierra, se siga fortaleciendo y haciendo extensivo a cualquier lícita ideología que comparta el propósito de servir y  engrandecer  a todos los andaluces, sea cual fuere su clase, filiación o condición. Cuarto. El ánimo de ayudar a solucionar los problemas y complicaciones que surgen a diario tanto de nuestras propias carencias como de  las contradicciones e incluso convulsiones, a veces terribles, que sufren otros pueblos. Siempre de forma justa y por ende, pacífica, como corresponde a seres civilizados y con un mínimo ético que llevarse a sus conciencias. Quinto, sexto y siguientes, los dejaremos para el XI Congreso...

Cómo se consigue todo ésto. Ayuda bastante el análisis, científico, racional y librepensante de la realidad que nos rodea, siguiendo una metodología rigurosa  y erudita, ahondando en los temas y enriqueciendo nuestro común acervo. Y además, como cualquier otra agrupación humana, nos constituimos en torno a una figura señera, que en nuestro caso se llama Blas Infante, andaluz de siempre, cuyo liderazgo moral e ideológico es indiscutible. Hoy como siempre sigue vigente su póstumo grito, Viva Andalucía Libre, libre de la barbarie, de la incultura, de la intransigencia, y de los colonialismos de cualquier clase.

Grito que debería arañarnos las tripas y ponernos los pelos de punta a todos los andaluces, de izquierdas o de derechas (incluso centro reformista), ácratas, monárquicos, o republicanos, béticos, palanganas, o boquerones... Tó er mundo e güeno... o casi. Desde Ronda, 83 años más tarde, suerte, y que no nos pase ná, con la que está cayendo.

 

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