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ARUNDA | © Alfonso López |
Artículo aparecido
el día 26 de ENERO de 2002 en las páginas
de opinión de la publicación
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CARTA
ABIERTA A UN PRÓCER LOCAL ©Alfonso López
Esta situación de algarada continua respecto al pacto municipal de
gobierno no puede conducir a nada bueno. Los principales perjudicados políticamente
hablando son los seguidores o simpatizantes del Partido Popular rondeño, de
antigua, señera y extensa implantación en nuestra ciudad, y que ha ido
evolucionando, al igual que otras formaciones, tanto ideológica como
socialmente, y así se fueron acogiendo en su seno a los integrantes de la
derecha clásica, más una amplia mayoría de centro llamado reformista, más
grupos de independientes cuya filiación se extiende desde el neoliberalismo
hasta un centro progresista o renovador, más algún que otro nacionalista
despistado. O al menos eso es lo que se vino predicando por los cuadros del
partido. Toda esta amalgama ha de producir necesariamente tensiones y
contradicciones internas, que con todo y verse continuamente amortiguadas por
la educación y buenas formas propias de personas democráticamente maduras,
da como resultado, natural y lógico, que algunos miembros o colectivos se
distancien o incluso separen de la formación en la que depositaron sus
esperanzas e ilusiones, legítimas todas, y por ende, defendibles en éste o
en cualquier otro grupo, de tendencias supuestamente afines o compatibles. El
problema surge cuando la migración se encamina precisamente a otro
determinado grupo, ganador de las pasadas elecciones, al que de hecho se
estigmatiza y se combate debido al anatema que pesa sobre él, merecido o no. La
innegable crisis doméstica que viene padeciendo este partido, con la
continuada puesta en cuestión de su actual liderazgo, no ayuda a encarar el
futuro mediato con optimismo o alegría, ciertamente. Pero lo que ya parece
insostenible es el triste papel que les está tocando padecer a los
integrantes de la exigua representación popular en el consistorio rondeño,
sometidos actualmente a una auténtica faena de acoso y derribo. Con
independencia de la mayor o menor fortuna de las recientes declaraciones del
señor Herrera, o de las simpatías o antipatías que su persona despierte en
los demás, está claro que la situación parece haber llegado a su colmo y se
evidencia como inviable si se continúa en estos mismos términos. No es el
momento de volver a lamentarse o no de la improcedencia de aquel dichoso
pacto, ni de las auténticas causas o motivos que dieron lugar al mismo, que
algún día se conocerán, sino de plantearse seriamente si ya ha llegado el
momento de poner las cosas claras y dejarse de medias verdades y de falsas
expectativas basadas en conformidades, unánimes, sí, pero muy cortitas. Con una insistente, aunque más o menos larvada y soterrada contestación interna, con una defección absoluta del elemento juvenil, totalmente justificada por otra parte, y con la nada envidiable situación del menguado grupo municipal, la militancia no puede sentirse en modo alguno satisfecha. Y esto tiene poco arreglo. Ni la dinámica de adhesiones inquebrantables e interesadas, alternativa a si me llevas la contraria ya no eres mi amigo, ni desde luego la de esperar a que la solución venga de arriba vía resoluciones no gratas.Haber aceptado la alcaldía con sólo tres concejales y un adlátere, aparte de un gesto de encomiable heroísmo, ha sido poco menos que nefasto para el P.P. local, y ahora se están recogiendo los lodos. No cabe pensar en una salida de tipo martirológico, pues con los innumerables de Zaragoza ya tenemos bastantes. Pero siempre queda el gesto elegante, la mirada vaga hacia el tendido, una sonrisa leve y un somero y gentil hasta luego, Lucas. Pactar estipendios, recoger pertrechos, agrupar las maltrechas fuerzas, restañar heridas, pagar soldadas, bajarse del estrado, enmendar errores, curarse de humildad, recuperar confianzas, buscar amparo y prepararse a fondo para futuras campañas que se antojan harto difíciles y complicadas. O esto, o la picota. Y ojalá me equivoque.
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