DE MAL EN PEOR
©Alfonso López Domínguez
Esta última semana ha pasado volando. Estamos tan majaretas que hasta el tiempo pasa enloquecido, sin dejar ni rastro. Echo mano a mis apuntes, a la prensa y a la radio, a la tele y a los foros, y no encuentro nada destacable. ¿Cómo en medio de esta vorágine absurda se puede llegar al encefalograma ciudadano plano? Ecos y rumores fabricados y rehechos a base de los mismos tópicos: el alcalde y sus colgaeras; Lampreius y su ombligo elogiándose en público; floripondios, tarsicios y bandurrios andando a la gresca por un quítame ahí esas fanegas "clasificables"... esto empieza a ser tremendamente aburrido.
Poco alivia el que las más importantes partidas de los presupuestos generales vengan a dar con el fondo del tajo, en forma de más de ochocientos millones para las obras de un colector sur, innecesario si se hubiera hecho la depuradora aguas arriba, así como otros 72 millones para el mantenimiento de esa misma depuradora aguas abajo, que sigue sin funcionar, a la espera del colector. Es la pescadilla que se come la cola de los dineros públicos, de los despropósitos y del dispendio de recursos.
Es asombroso comprobar en manos de quiénes estamos, y en manos de quiénes hemos estado. Cuanto más se conoce el percal, más alucinante resulta constatar la cantidad de caudales que se van por las rendijas de la incompetencia. Por ejemplo, con la nueva ley-popurrí de Medidas para la Vivienda Protegida y el Suelo, que posiblemente no consiga desarrollar un modelo sostenible compatible con el medio ambiente, ni el abaratamiento de suelo a disposición de viviendas VPO, ni la inflexión del mercado inmobiliario. De todas formas, los que tenían que ponerse las botas, ya se las han puesto. Y ahora, a ver qué pasa con los campos de golf rondeños.
Se acaban los ladrillos, y aquí con estos pelos. De los agentes de desarrollo local, aparte de iniciativas privadas como Apymer, poco se puede esperar. Basta pasear por ese pequeño grano urbanístico en que han convertido a la calle Guadalcobacín. Un parking sobredimensionado en construcción, de dudosa rentabilidad; un mercadona por hacer y muchas cosas más, todo aglomerado como el tráfico de Ronda, paso a nivel incluído. Un vasto solar terrizo, en fin, nos acerca a esa extraña tribuna de madera estilo nórdico-tailandés con laguito kitsch y techo de hojalata plana (estará sin terminar, seguramente). No se sabe qué pondrán ahí dentro, pero tantos millones parecen muchos, para esa cosa.
Detrás emergen desangelados los edificios del Oalfpe y de la Escuela de Empresas, en una zona sucia, abandonada, llena de hojarasca (Soliarsa está enfrente). Y allá al final, orlado de escombros, yace abandonado el observatorio astronómico, tal y como lo dejaron los albañiles hace ya más de un año.