ARUNDA © Alfonso López 

Artículo aparecido el día 28 de octubre de 2000 en la página de opinión PUNTO DE VISTA de la publicación

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Definición 800 x 600

 
NO ES UNA MARCA DE CALCETINES                                                                          Alfonso López
Qué arte tiene el personal cuando se trata de inventarse términos para designar cosas o situaciones que en principio se pretenden mantener ocultas o en penumbra de forma que pasen bastante inadvertidas y por tanto no susciten sospechas que den lugar a engorrosas tandas de preguntas o comentarios por parte de los supuestamente afectados. He recogido en estos dos últimos meses una expresión neológica que me escama un tanto. Bien es cierto que esta insana desconfianza es más bien fruto de anteriores y continuas decepciones y desilusiones y que no basa su fundamento en algo que parezca más evidente o consistente, en algo que hayan dicho o hecho  los usuarios del término.
Desvelo por tanto el término o expresión tan escamante, no vaya a ser que con tanto prólogo, preludio y preámbulo andemos deambulando por toda esta verborragia  y al final no sepamos ni de qué estamos hablando. Pues bien, el citado término huele a marca de calcetines, es de una albura y candidez que acongoja, suena a lugar de encuentro o reunión, y sobre todo es sospechoso, tremendamente sospechoso. Punto limpio.
Tal como se escribe y se lee y se oye si la lectura lo es en voz alta. Punto limpio, señoras y señores. Otro gran invento de los finales del siglo y principios del que viene. Un milenio de limpieza puntual nos amenaza. Algo insólito e inédito, proclamado por la concejalía de Medio Ambiente hará unas semanas, refiriéndose a un terreno no excesivamente alejado del municipio, de unos 5.000 metros, con una elevada inversión por parte de la Diputación y con el firme propósito de acabar con los problemas de reciclado que actualmente no tienen solución. Bueno, sí, tienen una solución, pero es bastante guarra.
Ya tenemos conciencia de lo que puede llegar a ser un vertedero o estación de recogida de R.S.U. y de los gravísimos problemas que ha ocasionado durante sus periódicas lixiviaciones. Aunque antes habría que hacer memoria y recordar aquella neblina tan mona que ornaba las escenas matinales en la apoteosis paisajística rondeña, proveniente del vertedero del tajo del Abanico, abundantemente retratada por fotógrafos y turistas. No sabemos, porque nadie nos lo dirá, la cantidad de dioxinas que contenía aquella inocente nubecilla,  fruto de la combustión de basuras,  y que tanto dio el pego durante años con su blanco e inocente contrapunto.
Pero luego viene la cuestión de todas estas expresiones nuevas para designar a los basureros, tales como esa que dije antes de RSU, o planta de transferencia, o esta cosa del punto limpio. Y ya se termina uno de escamar cuando el Sr. Benítez Melgar, delegado municipal del área de Hacienda, nuestro Sr. Montoro particular, entre otras referencias a cierta comisión preparatoria de los presupuestos, vuelve a mencionar la expresión clave: punto limpio. Por un momento, se obnubila el pensamiento y apenas se atiende a la propuesta de cuasi congelación de tributos locales. 
Rápidamente se acude a la hemeroteca y he aquí lo que se dice por ahí de los basureros éstos punteros y limpitos: ¿Residuos urbanos? Sin problema. La instalación del punto limpio recibe plásticos, escombros, madera, aceites de motores y cocina, pinturas, papel, cartones, pilas y baterías de todas clases, radiografías, fluorescentes, tetrabrics, frigoríficos, medicamentos, aerosoles (sprays), gases CFC, etc . Qué guay. Tan sólo falta que alguien nos explique claramente a los profanos en qué consiste toda esa terminología plagada de eufemismos y que nos describan en romance vulgar qué tipos y clases de basureros responden a esos nombres tan científicos, qué contienen y cómo se eliminan sus contenidos, y sobre todo, a quiénes les va a tocar la china de tener el puntito limpio cerquita de su casa.
Porque también la administración local ha de cumplir las normas académicas de limpiar, fijar y dar esplendor al lenguaje que emplea. Limpiar no sólo el bolsillo del contribuyente con precios, tasas, multas, licencias urbanísticas, impuesto de circulación, IAE, IBI, y demás, sino también de acrónimos ininteligibles un lenguaje que debería ser claro y asequible a todos. Fijar con claridad las molestias que se producen impunemente a la ciudadanía, y advertir con un poquito de antelación, la suficiente para que dé tiempo a decir esta boca es mía, y no cuando ya está el hecho consumado. Para que aprendamos a distinguir entre tantos establecimientos e instalaciones de recogidas y transferencias orgánicas o inorgánicas, a los que por ejemplo no sabemos distinguir un tubillo de un colector, y por tal motivo tarde o temprano nos la dan con queso.
 

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