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ARUNDA | © Alfonso López |
Artículo aparecido en el Num.
8 Enero-Febrero 2001 de la publicación
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DESPROPORCION
Y DESPROPOSITO ©Alfonso
López
Sorprende a veces la visceralidad y ensañamiento con que se tratan algunos temas de importancia en cualquier caso relativa, mientras que otros de extrema gravedad se diluyen sin más en las fétidas aguas del Guadalevín, como si se quisiera correr un tupido y sucio velo sobre tanta incompetencia, negligencia e irresponsabilidad como las que han convertido nuestro entorno en un desastre ecológico sin paliativos. Nada que añadir a los 17 años de contaminación y muerte del río. Nada que comentar ante los miles de metros cúbicos de lixiviados (veneno puro) arrojados hace poco al Guadiaro por un funesto vertedero, y mucho menos respecto de los purines de las granjas. Nada que oponer a las doce mil hectáreas de bosque quemadas en estos diez años por quienes tenían el deber de protegerlo. Ningún expediente. Ningún castigo "ejemplar". Impunidad absoluta. Por el contrario, vamos a entretenemos mientras tanto con cositas. En estos días hemos tenido un ejemplo bien sonado aquí en Ronda, con motivo de unas actuaciones de limpieza y acondicionamiento previas a la construcción de un hotel de cinco estrellas en la cornisa del tajo. Limpieza de una vegetación que cubría basuras en general, escombros y jeringuillas de otros tiempos. Primos menores de las neveras, bidones y otros objetos similares encallados a la salida de la Mina, sin hablar del propio colector, también encallado, ni de las nubes de mosquitos cargados de ponzoña, ni de los restos de animales muertos (burros, perros, ovejas) en avanzado estado de descomposición, ni de los despojos de pollos y plumas que flotan, ni del nauseabundo olor en esta inmunda cloaca que es el tajo de Ronda. Podemos incluso hablar de parches, cuando vemos las chabolas de hojalata desde el puente viejo y las casas derruidas, más basuras y más escombros, y el tubo enorme que baja desde lo alto de la cornisa de enfrente completamente oxidado, restos dicen de una fábrica de hielo. Podemos también estar orgullosos de los Jardines de Cuenca, de los tironazos a los turistas, de las pandas nocturnas de dudosas intenciones, y de que sea en general un lugar sucio, lleno de cristales de las litronas así como de los restos de los métodos anticonceptivos más populares y usados. Podemos por último hacer alusión a la tremenda descoordinación entre los distintos departamentos municipales, o al uso político y propagandístico del socorrido tema ecológico, o a la costumbre de algunos de arrojar sin más las bolsas de basura al río. Lo que ya roza lo demencial, es la afirmación hecha en un medio de difusión provincial, de que una colonia de salamandras, de las más importantes de Andalucía, se ha visto seriamente afectada. Se les olvidó añadir que eso fue hace ya bastantes años, cuando emporcaron un río donde se pescaban truchas y se bañaba la gente. La única especie perjudicada por cualquier actuación de limpieza y desescombro es la especie reina del tajo de Ronda: la rata común o de cloaca, auténtica dueña y señora de estos lares, con permiso, claro, de gatos y perros callejeros. Ante tanta desproporción y tanto despropósito, cabe preguntarse en qué estará pensando una firma capaz de invertir mil millones de pesetas al lado de un inmenso e infecto albañal. Al final tenemos lo que nos merecemos. |
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