Publicado el mes de ENERO de 2001 en SURAGRO Revista de cooperativas
 
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LAS INEVITABLES VACAS CABREADAS     © Alfonso López Domínguez
Isidro. Ya hemos pasado la barrera del milenio, pero igual podíamos haber pasado la barrera del sonido, porque aquí nos estamos quedando sordos con tanta algarabía como se está formando con el tema de las vacas cabreadas, o sea, locas. Digo cabreadas porque de siempre se ha oido mentar que eran las cabras las que estaban como tales (estás como una chota, que se decía), y por tanto, algo de cabreo se les ha debido contagiar a las vacas para andar armando tanto ruido.
Labrador. Pues yo creo que el ruido no lo están armando las vacas, ni los vaqueros, sino toda esa gente de chaqueta y corbata que no saben muy bien qué decir y lo que tienen es mucho más miedo que vergüenza, a lo que parece. Porque éste es un problema que nos viene de por ahí lejos, de unos desaprensivos que por ahorrarse dinero no trataron bien las harinas animales y han contaminado a media humanidad. Y a esa gente nadie le pide explicaciones. Luego después, la cosa ha ido rodando y cómo no, al final nos toca a nosotros pagar el pato, digo la vaca.
Isidro. El gobierno central ha dicho que va a ayudar en lo que sea, pero de momento no está haciendo mucho por amparar o subvencionar al sector. Bien es verdad que ya se está contingentando la venta de vacuno, pero con subastas a la baja que no hacen sino poner en evidencia las enormes pérdidas que están padeciendo los ganaderos. Y lo raro es que no ha aprobado ninguna medida de apoyo fiscal, cuando eso es lo primero que hace en crisis como la que estamos padeciendo.
Labrador. Y si hablamos del gobierno de la Junta, más vale que corramos un estúpido velo.
Isidro. Es curioso ver cómo se contradicen entre ellos. Hay un ministro francés que anda muy preocupado por lo que pasa aquí en España, y anda diciendo que si apenas se han dado en nuestro país cinco casos de Enfermedad Espongiforme Bovina (EEB) puede obedecer a que se ha buscado poco, y que el enterramiento de unas 300 vacas a cielo abierto en Galicia le ha sorprendido y le ha angustiado.
Labrador. Este señor ha visto pocas cosas. Además, nuestro paisano Cañete le ha respondido que la carne que se consume en España es muy joven y que no se conoce ningún caso de vaca enferma menor de 30 meses, y que además, nuestras vacas no son caníbales y consumen piensos vegetales, y no animales. 
Isidro. Sea como fuere, el tema va para largo, y parece que no ha hecho más que empezar. Como no despabile el personal y se tomen medidas más contundentes, esto puede acabar en catástrofe.
Labrador. Como no hay mal que por bien no venga, ahora es el momento de movilizarse los ganaderos y recabar de la Administración que tome esas medidas para asegurar el control sanitario y que promueva la creación de denominaciones de origen de carnes selectas autóctonas.
Isidro. No pide usté ná...
Labrador. Cambiando de tema ¿ qué le parecen a usté los molinillos ?. Ya que amenazan con cortar las subvenciones a la agricultura, y con la ganadería estabulada en manicomios, parece que se acercan nuevos vientos con el tema de los aerogeneradores en las fincas, de forma que ya que las ayudas para la reforestación han sido una mijita de tomadura de pelo, pues que den ayudas para la plantación de ventiladores y así nos evitamos tantos problemas como tenemos.
Isidro. Me recuerda usté a una compañía que se fundó en 1929 para sacar petróleo de la Planilla y los Llanos de Agualla. No sabemos que pasó con aquello, que luego se disolvió. Primero sería porque no encontraron el petróleo y luego por la política o lo que fuese. Pero si lo hubieran encontrado, seguramente estaría todo lleno de torretas con un chorrito negro en la punta.
Labrador. Todas las cosas modernas se hacen a base de torretas. Las del cable de la muerte, las de los teléfonos móviles, y ahora las de estos molinillos de electricidad. Pues nada, anímese, a ver si le sale a la finca un novio de estas empresas que están tanteando la zona para instalar sus palas giratorias. El siglo XXI se presenta precioso. Tó lleno de torretas y las vacas despavoridas pegando botes en medio de  los torreones metálicos. Para completar el cuadro, una procesión de políticos cantando el miserere.
Isidro. Todo se andará, todo se andará...
© Alfonso López Domínguez