| LA COLA DEL GASOIL
Isidro. Esto de los carburantes y su incidencia en los costos
de producción y en los precios va a traer una cola más larga
que la que antiguamente se formaba cuando había que ir a comprar
el pitrólio para los infernillos. Que el gasóleo B haya pasado
de 43,8 pesetas en enero de 1999 a las 72,52 pesetas en mayo de este año,
es algo difícil de creer y por supuesto inadmisible desde cualquier
punto de vista.
Labrador. Sobre todo si tenemos en cuenta que los otros carburantes
han subido entre un 20 y un 30 por ciento, muy lejos de la bestialidad
que supone la subida en año y medio de un 60 por ciento para el
gasóleo de uso agrícola.
Isidro. Puede que ahora estén escondiendo la cabeza
debajo del ala, como siempre, pero los responsables de que este tipo de
cosas estén sucediendo, van a ver como de aquí a poco terminan
cargándose lo poco que queda de economía agraria, ya que
el descenso de la renta de los agricultores sigue su marcha imparable debido
a que los precios de sus productos en absoluto pueden absorber estas subidas
demenciales del carburante.
Labrador. Oiga, que la renta agraria descendió en 1999
nada menos que un 8 por ciento. Hombre, el Gobierno poco puede hacer, debido
a que el Impuesto sobre hidrocarburos es totalmente neutro, y no se calcula
mediante un porcentaje sobre el precio de venta del carburante, sino que
obedece a una escala fija en miles de pesetas por mil litros de combustible.

Isidro. Podemos ver entonces que el impuesto se ha mantenido
completamente neutro, limitándose a subir con arreglo al IPC y manteniendo
una proporción descendente con respecto al total montante que paga
el consumidor. Es decir, cuando el gasoil estaba a 44 pesetas, 13
eran para impuestos, o sea, un 30%. Ahora, ese porcentaje apenas llega
al 18.
Labrador. Entonces, volvemos a lo mismo. Son las petroleras
las que suben, y suben los precios. Los impuestos siguen constantes. Por
eso es tan poco indicado querer solucionar el problema a base de bajar
el impuesto. Bajándolo 5 pesetas, por ejemplo, sólo se amortiguaría
el precio final en un porcentaje de un 7 a un 8 por ciento, y cada vez
más bajo, porque cada vez se distancia más el impuesto del
precio final del producto. Y esas 5 pesetas de supuesta bajada acabaríamos
al final pagándolas entre todos.
Isidro. Cómo se puede cuantificar entonces la pérdida
de rendimiento neto en un 2 por ciento del que resulta aplicando los módulos.
Pues ni podemos imaginar los complejos cálculos que sesudos expertos
habrán hecho para llegar a la conclusión de que todo el mundo
ha perdido un dos por ciento en sus rendimientos por culpa del gasóleo
agrícola.
Labrador. Hombre, en el sector del transporte, que tan ligado
está y tan indispensable es para dar salida a los productos agropecuarios,
la cosa está más candente todavía. Esto sí
que es una encerrona. Los productos llegan al mercado mayorista a unos
precios siempre a la baja, pero ahora van arrastrando la subida de costo
del gasóleo B y luego del A que se comen con papas los transportistas.
Isidro. No importa. El gobierno, el legislador y compañía
ya lo van a arreglar todo de momento. Por ejemplo, en el epígrafe
721.1 han bajado los asientos un 13’46 por ciento. Los taxis ganan 9 pesetas
por kilómetro en lugar de 10. El transporte de mercancía
por carretera, epígrafe 722, baja el módulo personal no asalariado
a 2.195.000 ptas, y el rendimiento por tonelada a 39.000, o sea, una bajada
de 300.000 ptas de rendimiento por cada 10 toneladas de carga, un 10'40
por ciento.
Labrador. Luego, admiten que la agricultura y los transportes
están saliendo seriamente perjudicados de esta situación
y que pueden arrastrar a otros sectores de la economía y a la propia
inflación como sigan así las cosas. ¿Cómo pueden
ganar tanto dinero y tener tanto poder las petroleras, y aquí todo
el mundo al retortero?
Isidro. Buena pregunta. Inútil, no obstante. Cristopher.
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