Publicado el mes de JUNIO de 1.999 en SURAGRO Revista de cooperativas
 

CULTURA EMPRESARIAL

Si no hay cultura empresarial, las empresas es difícil que funcionen, y sin empresas, no hay puestos de trabajo.Según parece, en nuestra tierra, no existe esa cultura.Corre por "ahí arriba" el comentario, tópico y frecuente, de que sus queridos jóvenes se preparan para ejercer algún día como empresarios u obreros cualificados, mientras que muchos jóvenes de por "aquí abajo", los que pueden, a falta de otra cosa, se preparan para presentarse a cualquier oposición, y los que no pueden, pues para trabajar como camareros en la costa. Es decir, que mientras los suyos piensan en que algún día crearán, gestionarán o trabajarán en una empresa o explotación, pequeña o grande, personal, familiar o colectiva, los nuestros se preparan todo lo más y si acaso, para engrosar la larga lista de ponedores de pegas y chupatintas al servicio de las distintas administraciones, de tantas como hay, aunque sus destinos tradicionales sean o hayan sido los de buscavidas, emigrantes, subempleados, o simplemente, parados.

Como todos los malditos tópicos, tiene su parte de verdad. Pero hay que matizar, que para cursar estudios de "calidad", la gente joven de aquí tiene que irse a las capitales, con lo que el costo impresionante que ello supone, hace que la mayoría de la población rural o del interior en general se vea con muchas menos oportunidades que en los pueblos grandes y en las ciudades.En segundo lugar, suponiendo que el "chiquillo" (que va ya por los veintitantos años) haya terminado de arruinar a su familia costeándole unos estudios que dan de comer a una caterva infinita de gente que vive alrededor de ésto, nos encontramos con que casi ninguno de esos estudios de tan alta calidad, sirve para casi nada.

La solución inevitable entonces es la de preparar oposiciones, porque los pocos trabajos que hay se los llevan la gente de la ciudad, bien por enchufe, bien porque los chavales siguen desangrando a su familia mediante unas cosas nuevas que hay como son los masters, cursos postgraduados, muchos en el extranjero, para aprender idiomas, etc. Así pues, vemos a la probes criaturas, ya casi con treinta años, partiéndose el alma preparando unas oposiciones que ahora resulta que cada vez son más escasas, porque ya se cerró también el grifo de la oferta pública de empleo. Es injusto obligar a un joven a machacarse la vida jugándoselo todo a una sola carta, además cada vez más escasa y difícil de conseguir.

Qué ocurre con todo ésto.Pues que quizás nos estemos engañando todos un poco. En lugar de preparar a nuestra juventud para que sean unos empresarios o trabajadores cualificados, en este caso agrícolas o ganaderos, capaces y eficaces, los estamos sumiendo en el desánimo e incluso la desesperación, porque ven que el campo no tiene futuro, y que las carreras de ciudad cada vez están más lejos. Piensan que el campo es inculto, duro, ruinoso, inviable y que además sigue en la cultura del trapicheo, el engaño y el abandono. Si además ven a cuantos se han estrellado intentando hacer las cosas medio bien, entonces hay hasta que darles la razón.

Cómo ayuda la Administración en este asunto. Pues desentendiéndose en unos casos y poniendo todas las pegas e impedimentos posibles en todos los demás. No hay ningún tipo de ayudas para costear los estudios fuera de casa a las familias que no pueden pagarlos sin quitarse el pan de la boca. No existen planes de estudios de grado medio ni centros cercanos a la población que capaciten profesionalmente para ejercer de empresario o titular de explotaciones agrarias, ganaderas, forestales o agropecuarias, pequeñas o grandes, enfocados al aprendizaje de nuevas técnicas y tecnologías que hagan posible su correcta gestión y administración y aseguren la rentabilidad de tales explotaciones. Ya no digo de trabajadores agrícolas cualificados.

No hay más que unas cuantas leyes, farragosas, casi escondidas, que establecen ventajas miserables para los jóvenes que quieran embarcarse en una empresa casi suicida, la de empresario agrícola. Ni las oficinas comarcales, ni los ayuntamientos, ni nadie, cuentan con medios y menos con voluntad de asesorar, ayudar, gestionar papeleos y ayudas para los jóvenes agricultores. Más bien al contrario, parece que están esperando a que fallen para hincarles el diente y quitarlos de la circulación. No nos engañemos: el campo está quedando para trapichear, para darle el pase y coger lo más que se pueda y olvidarse de él.

El resultado es que el campo, sierra, huerta, granja o campiña, cada vez es más pobre y cada vez está más abandonado, degradado y subexplotado.Papeleos, impedimentos, cargas fiscales, dificultades de financiación, escasa o nula capacidad de comercialización, nula información. Así no es de extrañar que los jóvenes quieran irse a la ciudad a cursar carreras o a desempeñar oficios de cuello blanco. No están locos, después de todo. A los inconvenientes tradicionales de la meteorología y el mercado, hay que añadirle la puntilla: la escasa o nula capacidad de las distintas administraciones para relanzar este sector tan importante de la economía pero tan difícil, complicado y conflictivo para los burócratas y los políticos. Que en paz descansen.

© Alfonso López Domínguez