Existe una especie de manía, en especial allende Sierra Morena, de confundir Andalucía, lo andaluz (la parte) con Al Andalus , lo andalusí (el todo). Leyendo el otro día un suplemento dominical, hablaba el autor de un trabajo sobre Sierra Nevada, de unas caravanas que supuestamente iban de Granada a Dakar nueve siglos antes que el famoso "rally" del mismo nombre.
Como dato mencionaba unos misteriosos manuscritos sobre piel de gacela que se guardan en la Ciudad Perdida de la Ribera de la Eternidad.¡Qué maravilla sería poder publicar en facsímil alguna página de tales manuscritos !.Estamos tan huérfanos de documentos relativos a esa época indeterminada, que quizá se pudiese convencer a sus celosos guardianes coránicos con el argumento definitivo de que aquí no se conserva "un papel" relativo a tales hechos. Bueno, en realidad, no se conserva casi nada de lo escrito en ochocientos años de nuestra historia. Terreno abonado para la invención y la fábula,ciertamente.
El mismo texto hace referencia, entre otros, al escritor "andaluz" Alí Ben Ahmed Al Andalusí, sin pararse a pensar que dicho Sr. podría muy bien haber sido natural y vecino de Navalmoral de la Mata, por ejemplo, ya que en el período almorávide al que también se alude, el territorio que ahora ocupa esta simpática ciudad se encontraba dentro de los confines de Al Andalus.Me encantaría que empleasen el término andalusí (sobradamente refrendado por nuestros más prestigiosos historiadores) para referirse a lo acontecido en gran parte del territorio del actual Estado español durante la larga pervivencia de la civilización islámica en nuestro país, ya que el término Al Andalus es sencillamente la traducción al árabe de Spania, nombre latino de España.
Andalucía, andaluz, son términos acuñados más recientemente, patronímicos del anterior, y empiezan a emplearse a partir de los siglos XIII y XIV, primero para referirse a la zona geográfica que constituía el amplio territorio fronterizo entre los Reinos de Castilla y de Granada, y luego como definición de un ámbito físico y sociopolítico más amplio aún y que en nuestros días constituye una comunidad supuestamente autónoma.
Así pues, hablar de aquellas antiguas caravanas "andaluzas" es como considerar que la actual Madrid tuvo su origen en la antigua villa "andaluza" de Magerit, lo cual me parece muy gracioso.Granada es indudablemente la legataria de Al Andalus por excelencia, y ostenta con orgullo común a todos los andaluces la titularidad de ese legado. Pero también son partícipes del mismo legado ciudades como Zaragoza, Teruel, Valencia... y la sin par Toledo, ciudad netamente andalusí, a pesar del "lavaíto de cara" que sufrió en los siglos XVI y XVII cuando aspiraba a volver a ser capital de España, título arrebatado por la villa "andaluza" antes nombrada.
Cuando esta inocente manía literaria se convierte en cruda realidad política nos encontramos con la renuente situación que estamos en trance de vivir el próximo tres de marzo. Lo que se da a otros a manos llenas cuando se trata de Andalucía es un despilfarro. Resulta que la única Comunidad Autónoma de las llamadas históricas que no tiene derecho a unas elecciones propias es la nuestra.
Nos vuelven a hurtar este elemental derecho democrático a tener un debate propio sobre problemas que son intrínsecamente nuestros y sólo nosotros podemos resolver.Una vez más, nos vuelven a solapar las elecciones andaluzas con otras, en este caso con las generales del Estado. Una vez más se confunde a Andalucía (la parte) con España (el todo). Parece ser que quienes ahora niegan o consienten en negar a Andalucía su derecho, son los nuevos señoritos andaluces, políticos de partidos de implantación estatal, que alardean de vocación centralista, que cabalgan a lomos del "AVE" en sus idas y venidas a este su supuesto cortijo, que tienen a sus nuevos manijeros en las oficinas del PER y del INEM...
Pues que sepan que Andalucía, la del legado andalusí, la renacentista, la barroca, la ilustrada Andalucía, se ha ganado a pulso el lugar que le corresponde en la España que mira al siglo XXI. Y no porque su bandera fuera enarbolada por vez primera en Sevilla hace mil años, o porque su escudo naciera en un mito de hace tres mil años, antes incluso de que la diosa Gades oteara el confín del mar al que dió su nombre, sino porque se lo ganó honradamente en las urnas un 28 de febrero.
Próximos a conmemorar tal evento, me gustaría recordar por último que los emblemas de Andalucía forman parte de un importantísimo legado rondeño, ya que fueron aprobados por primera vez precisamente en la Asamblea de Ronda de 1.918.
Alfonso López Domínguez Ronda,10-2-96